Luego de estudiar Enfermería, de atender pacientes de forma particular y de trabajar en hospitales y clínicas privadas donde llegó a ser supervisora, María José Tello Molina se siente contenta de trabajar actualmente en los módulos de vacunación contra el Covid-19.
Desde niña, María José se maravillaba con los relatos que hacían las enfermeras de sus trabajos: la atención a pacientes fracturados o que llegaban tras un choque…, pero entonces ella pensaba que Rehabilitación era su profesión.
Al terminar la preparatoria, María José presentó el examen para Rehabilitación, pero —ella dice que por azares del destino— no lo aprobó. Para no perder el año se inscribió a un curso de enfermería auxiliar, redescubriendo su pasión lo que la llevó a matricularse en la Facultad de Enfermería de la Uady de donde egresó hace cuatro años.
Hace unos meses, María José vio que la delegación del IMSS abrió una bolsa de trabajo para vacunación en los módulos Covid-19 y vio que cumplía con el perfil: licenciatura, experiencia en campañas de vacunación y conocimientos de medicina preventiva. Se postuló y no tardó cuando la llamaron para firmar un contrato de tres meses y recibir una capacitación.
La joven ya lleva tres meses trabajando en los módulos, y aunque reconoce que suele ser cansado, considera que es importante la labor de todos en el módulo, pues la vacuna ayuda a que cualquier persona que el día de mañana se contagie de Covid-19 pueda sobrellevar la enfermedad.
“Es importante que la gente se vacune y se siga cuidando. He conocido muchachos que se desmayaron o les dio fiebre por la vacuna, que son reacciones normales, y por eso no se quieren poner su refuerzo, pero es necesarios que todos se sigan cuidando y tengan más conciencia de la situación”, dice la joven, quien ha visto como en los últimos días se han incrementado los casos, incluso más de lo que dicen las noticias.
“A veces es inevitable no contagiarse, pero ya vacunado tu cuerpo creará defensas naturales para que el día de mañana que cualquier persona de cualquier edad se enferme, ya no sea tan letal”.
En la vacunación de jóvenes de 15 a 18 años, María José trabaja en el turno vespertino, es decir, entra a la 1 de la tarde y sale a las 6. Aun así, dice, la jornada es cansada, pues la mayor parte del tiempo está de pie. “Las piernas y los pies terminan muy cansados”.
Dosis
Y es que la actividad no para. Tan solo el viernes 7, en el módulo donde labora se aplicaron 3,600 dosis, cantidad que, sin embargo, no llega a los 10,000 que llegan a aplicar cuando corresponde a los mayores de 40 años.
La enfermera relata que cuando llega al módulo, lo primero que hace es pasar por un filtro, realizar todo el proceso de higiene, limpiar su material y arreglar su carrito, luego prepara la vacuna, saca las dosis y se contabiliza a la gente, pues cada frasco es para seis personas si la vacuna es Pfizer (AstraZeneca es para 10). Y entonces comienza el proceso que no se detiene hasta que dan las 6.
“Nos ponen en una cuadrilla de cuatro personas y en primera instancia nos dan 28 frasquitos que es para 168 vacunados. No nos pueden dar más porque tenemos que conservar las vacunas a su temperatura ideal, entonces nos dan nuestra neverita que tiene su termómetro. Y solo nos pueden dar las 28 iniciales y, según como vaya llegando la gente, nos van dando más”.
Reitera que es importante que haya a seis personas para abrir un frasco, pues no se puede desperdiciar. “Hay mucho control con esta vacuna”.
María José señala que en estos tres meses, en los que también le ha tocado ir a pueblos, ha vivido muchas experiencias y ha aprendido cómo reacciona la gente. Los adolescentes, por ejemplo, son muy nerviosos.
“A algunos adolescentes les da su ataque de ansiedad o lloran. Hay que tratarlos como lo que son y tener mucha paciencia y entenderlos. Nosotros les decimos: tranquilo, relaja tu brazo, no te vayas a mover, es solo un piquetito… Algunos dejan el brazo duro o se arriman cuando ya los vas a vacunar”.
Otros, relata, se han desmayado. “De 30 para abajo ha habido un montón de desmayados. Son tantos los nervios, que cuando ya pasa la vacuna se les baja la presión y se sienten mal, así que también los atendemos porque tenemos camillas. A diario hay desmayados”.
En el caso de los adultos mayores, la enfermera señala que hay que tener más cuidado y técnica pues muchos tienen la piel sensible, son más frágiles y fácil les salen moretones. También son los que de repente tienen una mentalidad más complicada por los fake news que les suelen compartir.
“A ellos les pedimos que se protejan mucho, que usen la careta porque por un descuido, podrían contraer la enfermedad”.
Son tantas historias, pero una de las que más la emociona es cuando el pasado jueves 6 (Día de la Enfermera) recibieron al personal con aplausos.
“Sentí muy bonito, me dio mucha emoción y todo eso te motiva a dar más porque como lo quieran ver nosotros también nos exponemos porque atendemos tanta gente. Ahorita en que los jóvenes van con sus familiares, no sabemos si hay personas contagiadas, pues ya habido personal contagiado”.
Temor
De hecho, señala, el temor de contagiarse nunca se va, “sin embargo, caímos en la cuenta que es más probable que una persona se contagie de Covid-19 en el transporte público, en una reunión, en una tienda o un restaurante que entrando al covitario”.
Por ello, recalca la importancia de que la gente acuda a vacunarse y seguir cuidándose. “Hemos bajados la guardia, nos estamos relajando mucho, hemos estados mucho en fiestas… y ahorita es muy común oír que alguien tiene Covid-19. Antes eran más escasos los casos y se aislaba toda la familia. Ahora no”.
“Creo que no estamos tomando conciencia de la situación. Como ya nos vacunamos, vamos viendo como que todo está bien y que nuestro sistema ya sabe cómo protegerse de la enfermedad, pero aun así no por el hecho de que te vacunen ya eres inmune”.
