El caso de David Alfonso Carrillo Puerto, meridano de 55 años de edad, refleja los problemas a que se enfrenta un sector de la población en estos tiempos de pandemia.
Sin seguridad social, sin acceso a programas oficiales de apoyo, lucha por su vida desde dos frentes: en uno, ante la pérdida paulatina de la calidad de vida por una insuficiencia renal que lo aqueja desde hace un año, y en otro, ante la amenaza creciente de Covid-19.
El riesgo de contagio del coronavirus es mayor, por su quebrantada salud, y por la exposición al trato con otras personas, ya que es empleado de una agencia cervecera y trabaja de lunes a domingo. Se ve obligado a trabajar sin descanso porque es el único sostén económico de su familia.
Y por si fuera poco, su caso saca también a la luz las peripecias que tienen que pasar muchas personas ante los procesos burocráticos que pesan aún sobre las instituciones públicas del ramo de la salud.
David Alfonso, quien requiere apoyo para mitigar su situación, comenta que sus penurias comenzaron en abril del año pasado.
Sufrió una caída en su sitio de trabajo y a raíz de ese accidente le hicieron estudios y análisis clínicos que arrojaron que padecía insuficiencia renal.
Hasta entonces no había presentado síntomas que le hicieran sospechar de esa afección. Sabía de su padecimiento de hipertensión arterial, que está bajo control con medicamentos.
Después del diagnóstico de insuficiencia renal vinieron algunos problemas: diarrea, vómitos y, en forma paulatina, anemia. En solo diez meses perdió unos 20 kilogramos de peso.
De acuerdo con su relato, ante la falta de seguridad social tuvo que recurrir desde el principio a médicos y laboratorios particulares, con el consiguiente impacto en sus bolsillos.
Así llegó al Hospital Agustín O’Horán, donde lo atendió un nefrólogo de apellido Sosa. Le dejó cita abierta a Urgencias y le indicó que el camino más indicado para él era una diálisis.
Otro médico, de la rama privada, le dijo que ese tipo de diálisis podría no ser el indicado, porque le afectaría físicamente y no podría trabajar bien. Aconsejó una hemodiálisis, con cierto número de tratamientos a la semana, que no lo dejaría incapacitado.
En el ir y venir con médicos se encontró con uno del sur de la ciudad que ofreció apoyarlo mediante una fundación que trabaja en coordinación con el Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAE) en tratamientos renales y trasplantes de riñón.
Se hizo el enlace y en el HRAE le indicaron que necesitarían una hoja de referencia del O’Horán para darle curso a su caso.
Para su mala suerte, el médico que lo atendió en el Hospital O’Horán estaba de vacaciones y regresaría a fines de diciembre.
El lunes pasado el paciente trató de conseguir el documento, pero se le indicó que tenía que solicitar cita. En la agenda hay citas con semanas y hasta meses de diferencia.
Finalmente, gracias a la mediación del licenciado en Enfermería Miguel Moreno Camelo y con el apoyo del director del O’Horán, Marco Antonio Cetina Cámara, ayer se le expidió la hoja de referencia.
David considera que con ese documento se logró un gran avance y agradece a las personas que lo hicieron posible. Ahora seguirá trámites en el HRAE, donde sería incluido en una lista de espera de trasplante de riñón.
Sin el respaldo de una pensión laboral, en esta fase requiere ayuda. Quienes deseen apoyarlo se pueden comunicar a los teléfonos 9991-05-35-62 y 9991-00-89-89.— ÁNGEL NOH ESTRADA
