En marzo de 2020, cuando por la pandemia de Covid-19 se vio forzado a bajar el switch de todos sus juegos mecánicos que desde hace más de un cuarto de siglo alegran las noches en el parque de la colonia Alemán, Rubén Cáceres sabía que también estaba apagando su corazón y con ello su vida.
Con dolor, pena y añoranza, el hombre que en marzo próximo cumplirá 94 años de edad entró en un letargo de silencio, sin ilusiones ni esperanza.
La pandemia le había arrebatado de facto su modo de vida, la alegría de los juegos que él mismo construyó y, lo más grave, la risa y las emociones de los niños que subían en ellos.
Casi 700 días tuvieron que pasar, en medio de penurias e incertidumbre, de sacrificios y de un ver como los juegos se iban deteriorando, cómo los ahorros se acababan, cómo los motores eléctricos tenían que ser malbaratados para subsistir; fue la larga noche oscura y silenciosa en que los juegos mecánicos perdieron su razón de ser y lo que le daba vida, los niños.
La resiliencia de Rubén Cáceres, que sin esperar nada trata de mantener con vida, periódicamente daba sus vueltas en el lugar que por años le ha brindado una razón de vivir.
Lija en mano, con más cariño que fuerza, con más amor que destreza, el hombre cuyas piernas van perdiendo la capacidad de desplazarse, la vista debilitada y el oído parcialmente perdido se hace la promesa de continuar y preparar todo para que, cuando los niños vuelvan, encuentren todo tan colorido y mágico como lo dejaron.
Alegría
“Volví a vivir y me siento muy feliz”, comentó Rubén Cáceres, quien desde finales del año pasado logró la autorización para volver a operar aplicando ciertos protocolos sanitarios, que rápidamente se convirtieron en una rutina que se acata con rigor para garantizar a las familias un espacio seguro, confiable y libre de factores que puedan poner en riesgo su salud.
“Fueron meses de encierro, de hacer lo que no estoy acostumbrado: quedarme en casa y mirar la televisión todo el día”.
“Feliz estoy de que los juegos vuelvan a cobrar vida y color, que los niños regresen, que los disfruten y se diviertan; han sido muchos años de estar aquí, los padres de ayer que traían a sus hijos, hoy regresan con sus nietos para recordar aquellas tiempos tan maravillosos”.
“Ver a aquellos niños convertidos en hombres y mujeres que forjan nuevos hogares, es una emoción tan especial, tan bonita, y luego que te recuerden y te compartan ese cariño, es muy hermoso, me siento vivo”, enfatizó.
Rubén Cáceres recordó que, como adulto mayor, tiene completo su esquema de vacunación y hasta tiene su refuerzo.
“Hay que vacunarse porque es la manera que tenemos de hacer frente a la pandemia, si bien no nos libra de contagiarnos, nos da la posibilidad de un mejor pronóstico, así lo entiendo y por eso estoy agradecido de contar con esta protección”, dijo.
Ómicron y la luz
El negocio de los juegos mecánicos de don Rubén poco a poco va dejando ganancias para ir recuperándose, aunque en el fondo él está temeroso de los alcances de la nueva ola del Covid con la variante Ómicron.
El señor recordó que su giro empresarial fue de los últimos en reactivarse, cuando por fin se dieron las condiciones para ello, pero también está consciente de que podría ser uno de los primeros en cerrar si la situación no se controla.
“Afortunadamente ya la población está más protegida con la vacunación, de modo que nuevas restricciones y cierres de negocios, aunque posibles, tendrían que ser algo verdaderamente catastrófico, algo que ni la vacunación pueda frenar; tengo fe en que las cosas no nos lleven a cerrar, y siendo honestos lo que más me preocupa ahora es el alto costo de la luz”, reconoció.
“El alza en el costo de la energía es algo que nos golpea muy fuerte, necesitamos la electricidad para operar, todo se mueve con electricidad, el pago de la luz es el gasto más fuerte de los juegos mecánicos, la luz primero y el mantenimiento lo segundo”.
“El mantenimiento debe ser constante, como los juegos fueron diseñados y construidos por mí, cuando una pieza se deteriora o desgasta, tengo que mandarla a hacer porque no se consigue en cualquier parte”.
“El cierre fue muy largo, parece nada, pero la inactividad daña más a un juego mecánico que el uso constante, hoy prácticamente todos los equipos tienen su mantenimiento y están en condiciones de operar, todos menos la rueda de la fortuna, a esa la tengo que revisar a fondo y con mucho cuidado porque su mecánica es más compleja”.
Para salir en gastos, el precio de los boletos se ha fijado en $30, por fortuna el público está respondiendo favorablemente, los fines de semana son muy buenos siempre y cuando el clima sea benévolo, sin lluvia ni frío. Además, toda su familia, incluyendo su familia política y sobrinos, está trabajando en los juegos para sacar a flote el negocio.— Emanuel Rincón Becerra
