El pasado domingo se vio en la calles de Ciudad de México un ejemplo impresionante de una movilización de Estado, afirmó ayer en esta ciudad el escritor, historiador y director de la revista Nexos, Héctor Aguilar Camín.

También indicó que los contingentes de esa marcha fueron la muestra de una ciudadanía en muchos sentidos presa de las redes clientelares de las autoridades, “es decir, una ciudadanía en manos beligerantes, sin autonomía real, con una libertad y legalidad restringida”.

“Desde el punto de vista democrático lo que la historia ha producido en México es una ciudadanía de baja intensidad. No vivimos en una sociedad plenamente democrática y participativa. Estos no son los rasgos dominantes de nuestra cultura política ni de nuestra conducta ciudadana”, añadió.

También expresó que “México no vive en un estado de derecho, sino en un estado de ilegalidad consentida”.

“La participación ciudadana de nosotros es una de las grandes urgencias de nuestra vida pública, porque es una de nuestras grandes dolencias”.

Al impartir la conferencia magistral “Ciudadanía y Democracia”, como parte del Primer Congreso de Participación Ciudadana, organizado por el Ayuntamiento de Mérida y la fundación Konrad Adenauer, el escritor e historiador afirmó que “México vive un reto mayúsculo en materia de participación ciudadana y en materia de la calidad de la participación ciudadana”.

La marcha de AMLO

Al referirse a la marcha realizada el pasado domingo en Ciudad de México, convocada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, el conferencista manifestó que “mucho de lo que sucedió en las calles ese día se hizo con recursos que todos sabemos de dónde vinieron y al mismo tiempo son inconfesables. Nos falta por tanto un buen camino por recorrer en materia de ciudadanía”.

Opinó que “no vivimos en una sociedad plenamente democrática y participativa, estos no son los rasgos dominantes de nuestra cultura política ni de nuestra conducta ciudadana. La alta o baja intensidad de una ciudadanía se puede medir en unos cuantos rasgos que yo resumiría en tres: la actitud ante la ley, la autonomía frente al estado y la participación en los asuntos públicos”.

En cuanto a la democracia del país, indicó que la calidad y profundidad de ésta dependerá al final de la calidad y profundidad democrática de su ciudadanía, “y en ese predicamento estamos en México, desde el punto de vista democrático lo que la historia ha producido en el país es una ciudadanía de baja intensidad”.

Aguilar Camín agregó que la ilegalidad es un hecho tolerado en la vida pública porque es un rezago frecuente de nuestra vida privada, una cosa refuerza la otra. “Hay una enorme cantidad, probablemente una gran mayoría de mexicanos que no son delincuentes activos, pero en algún aspecto fundamental de su vida viven fuera de la ley o no cumplen con la ley”.

“Para empezar piensen en el 60% de los negocios y trabajadores que viven en la economía informal, que no pagan impuestos, en los millones de ciudadanos que pagan sobornos, en los millones que viven en casas y terrenos irregulares o donde nunca debieron asentarse, alcaldes y ciudadanos que no pagan impuesto predial”, dijo.

Ilegalidad al margen

El historiador citó que la ilegalidad consuetudinaria tiene interés en que haya tolerancia a la ilegalidad y viene de la ciudadanía de baja intensidad, y encima de esto hay la ilegalidad organizada que tiene algo más que intereses, poder y capacidad de concesión política.

“Quien viola la ley siente que está en lo correcto y defiende su ilegalidad como un derecho. Si resiste y se organiza con eficacia se vuelve interlocutor de la ilegalidad; de culpable el infractor pasa a demandante, convirtiéndose en un colectivo. Los ciudadanos que no cumplen la ley defienden su parcela de ilegalidad hasta volverse parte del sistema político.

“Son ciudadanos ilegales con derechos de audiencia y representación”, agregó.

El conferencista afirmó que el gobierno estableció una idea de lo público, donde aparentemente nada cuesta y por tanto nadie rinde cuentas. Las finanzas del gobierno parecen un bien que llega de ninguna parte, que nadie debe de cuidar y del que todos pueden echar mano cuando les toca administrarlo o exigir su parte cuando están del otro lado del mostrador.

“Quieren un gobierno que dé mucho y cueste poco, una especie de bolsa mágica que se llene sola y se vacíe al ritmo de las demandas de los ciudadanos”, aseveró.

David Domínguez Massa, reportero de la Agencia Informativa Megamedia- Tiene 41 años de trayectoria periodística, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2000. Premio Nacional de Periodismo en 2006, se especializa en temas de política, gobierno y electorales.