Petrona Paola Baquedano Moo es originaria de Cacalchén y por 30 años ha sido artesana, siendo su especialidad la cantera.

Desde hace 22 años tiene un puesto de artesanías en el mercado de Santa Ana de la ciudad de Mérida, donde ofrece una gran variedad de productos para el turismo.

Paola disfruta del oficio de la artesanía, para ella el artesano es un creador de la belleza, un artista que hace de lo ordinario lo extraordinario, en sus manos la materia prima se transforma en magia pigmentada de tradición, legado y cultura ancestral, cada pieza tiene intrínseco el espíritu de lo maya y lo yucateco.

Si todas estas cualidades no fueran suficientes, hoy día el artesano es un perpetuo aprendiz, un explorador en constante búsqueda de lo nuevo y lo diferente.

“Cuando tu negocio se trata de asombrar, seducir y enamorar a la vista, no es posible quedarse en una sola cosa, hay que innovar”, comenta.

Además, indica, el artesano es un poco gestor de sus productos y sus espacios de comercialización, contador de sus finanzas y compromisos fiscales y administrador de su negocio, con todo lo que ello implica.

Paola tiene todas estas cualidades, pero “aún hay más” porque esta emprendedora de la artesanía ha sabido adaptar su negocio a las necesidades concretas del mercado turístico, estudiando muy bien el tipo de artesanía idónea para el visitante local, nacional o extranjero.

“Inicié haciendo tallado de piedra y hubo un tiempo que este tipo de artesanía tenía buena aceptación, en los últimos años la demanda decayó. Me puse a investigar cuál era el problema y resultó que los turistas tienen muchas restricciones al momento de abordar un vuelo de vuelta a su país”, refiere.

“Hay límites de peso y dimensiones en el equipaje, cosas que pueden y no pueden transportar, por eso dejaron del llevarse la piedra tallada, porque implicaba un peso adicional al equipaje”.

“Me puse a estudiar las disposiciones en materia de equipaje para vuelos nacionales e internacionales, qué se puede y qué no se pude transportar, me aboqué a ofrecer una serie de productos artesanales que por sus características y originalidad no tendrían mayor problema al pasar los filtros aeroportuarios”.

Así, comenzó a vender salsas de chile habanero en presentaciones de menos de 100 mililitros; paquetes de recados como el achiote de manera compacta, queso de bola al tamaño, xtabentún en botella pequeña, sombreros, piezas de henequén, llaveros, cubrebocas, hasta un colgante desarmable de cáscara de coco en forma de colibrí.— Emanuel Rincón Becerra

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