MÉRIDA- Abuela, nietos y la inquilina del predio 572 que se incendió la tarde del miércoles en la calle 62 entre 71 y 73 del centro de Mérida iniciaron las labores de limpieza, recuento de los daños a la construcción, enseres domésticos y pertenencias personales.

Y sí, sí hubo una víctima mortal: la gata de la abuela, murió asfixiada por el humo y la alta temperatura que convirtió en horno la sala, cocina y recámara a causa del fuego. La gata se llamaba ”Rosenda”.

En el lugar la adolescente y estudiante de preparatoria de la Alianza de Camioneros, Mariadna L.C.G., quien fue la heroína en los momentos cruciales en que el fuego empezó a propagarse en el interior de la casa, relató un poco de lo ocurrido.

Mientras que la abuela Guadalupe Tlaxcala González, mujer veracruzana radicada en Mérida desde hace más de 4 décadas, quien barría el agua lodoso de la sala y recogía las ropas sucias y mojadas tiradas en el piso tras el combate del incendio por parte de los bomberos de la Secretaría de Seguridad Pública.

Lodo, agua sucia, ropa mojada, muebles mojados y sucios, refrigerador chamuscado, paredes y techo negro causado por el fuego y el humo, cables sin focos, esqueletos de camas, una guitarra quemada, una televisión que se consumió por el fuego, juguetes del menor a quien le atribuyen el inicio del incendio, un trozo de plástico quemado de lo que fue la impresora donde imprimía sus trabajos escolares Mariadna, un ropero y cómoda quemada, entre otras pérdidas materiales irrecuperables fue el resultado de la inspección familiar.

Y una habitación ni siquiera se podría entrar porque es donde el fuego alcanzó su mayor intensidad por las cortinas, ropas, camas,
muebles y cosas viejas que almacenaba la abuela en cajas de cartón o envolturas de papel periódico. Ya habían sacado seis bolsas grandes de objetos dañados por el incendio y el agua que lanzaron los bomberos, pero a las 9 de la mañana apenas limpiaban la parte de la pequeña sala.

Los vecinos rápidamente mostraron solidaridad con la familia afectada: el vecino de enfrente les dio un cuarto para que durmieran en la noche, pero la madre de los niños, dijo que rentará un cuarto por el rumbo para que vivan mientras repara la casa que habitaba, que es propiedad de su madre doña Guadalupe.

“Mis cuatro hijos estudian, necesitan un espacio, el vecino nos dio un cuarto, pero no queremos causarle problemas”, argumentó la mujer, empleada de un supermercado y quien está separada de su marido.

Dudan que alguien pueda ayudarles

Platicaba con el reportero con cierto recelo sobre el incidente, cuando llegó otra vecina para informarle que preparó comida para que desayunen y los esperaba en su casa. Pero a pesar de estas pequeñas muestras de apoyo y solidaridad de sus vecinos, la abuela Guadalupe Tlaxcala y su hija no creen que alguien los ayude para superar este penoso momento.

“En todo el tiempo que he vivido en Mérida nadie nos ayuda, sé que tenemos que trabajar para vivir”, dijo tajante la abuela.

El reportero le comentó que historias publicadas por el Diario sobre casos similares tienen una respuesta positiva de la sociedad meridana, organizaciones altruistas para que recuperen sus pérdidas.

“Ummm, ¡qué nos va ayudar el gobierno o la gente!”, reiteró incrédula la abuela.

Sin embargo, su hija, la que vivía en la casita incendiada deseó que de verdad reciban ayuda porque carece de dinero para solventar la reparación de la casa, la reinstalación de la cablería para que tengan iluminación, para que recupere su refrigerador, su estufa, sus muebles, camas, y ropas.

Así ocurrió el incendio en una casona del centro de Mérida 

Mariadna contó lo ocurrido y aclaró que ella no es madre de los niños, como le atribuyó un medio de prensa. “Son mis hermanitos, yo estudio la prepa”, precisó. Su madre comentó que Mariadna está en tercero de preparatoria y sueña con estudiar arquitectura porque le gusta el dibujo.

En el predio incendiado vive su madre, quien no quiso dar su nombre, ella y sus tres hermanitos varones. Su abuela vive en la casa de junto porque es una sola casona, dividida en dos.

Al momento del incendio solo estaba ella realizando su tarea, su hermanito de 5 años que estudia kínder en la escuela Patria, de la calle 60, y la abuela que llegó a cocinar, pero al mismo tiempo se puso a barrer. Sus dos otros hermanitos estaban en la escuela secundaria. La familia vive con seis gatos y una perra llamada Camelia.

La joven relató que cuando sintió olor a quemado dentro de la casa, dejó sutarea y salió ver lo que ocurría. Vio que las cortinas del cuarto tenían fuego y éste empezó a propagarse rápidamente. Tomó una cubeta y empezó a echar agua, luego abrió la manguera, pero ya era imposible de controlar el fuego porque la casa se estaba incendiando.

En medio del miedo, caos y gritería, la adolescente empezó a llamar a su abuela para que saliera porque quería sacar de la casa algunos objetos. Ella sacó a la calle a su hermanito, a la perra Camelia, entró de nuevo a la casa en llamas y sacó su laptop, su celular y al gato Paco, pero ya no pudo seguir el rescate porque el humo y el fuego se apoderaron del interior del predio.

Trabajadores del comercio La Poblana, que está a unos metros y en la esquina de la calle 62 con 71 llamaron a los bomberos y a la madre de los niños que ya había salido del trabajo y compraba jamón, queso, carne y otros comestibles para la cena y desayuno.

”Lo perdimos todo”: Familia tras incendio en el centro de Mérida

Los bomberos llegaron rápido y tendieron un cordón de seguridad y sofocaron el fuego y también controlaron a la abuela que quería continuar con el rescate de algunas pertenencias cuando las llamas ya representaban un peligro mortal.

“Se coció todo, perdimos todo”, lamentó la madre de los niños.

“Afortunadamente mi hija sacó a su hermanito y a su abuela. Me cuenta mi hija que por poco se le cae los plafones de la recámara que tenían fuego, gracias a Dios no pasó ninguna desgracia. Sólo la gatita murió asfixiada”. 

Dijo que todo lo que perdió es importante para ella porque lo compró con el esfuerzo de su trabajo y tiene que trabajar más para levantarse de estas pérdidas cuantiosas para ella.

Lo prioritario ahora es que algún especialista realice un chequeo de la estructura del techo y paredes porque la casona donde vive tiene más de 100 años de antigüedad. Era de los abuelos y hoy es propiedad de su madre Guadalupe Tlaxcala González.

Otro trabajo que requiere la casa es la verificación de la instalación eléctrica para que realice la reconexión porque sin energía eléctrica no tienen luz, ni internet ni pueden conectar aparatos electrónicos.Necesita pintura para cubrir las paredes ahumadas por el humo y para que se elimine el mal olor que quedó invade el espacio de la vivienda.

Mariadna quiso salvar su impresora porque es importante para el cumplimiento de su tarea, pero cuando jaló el cable estaba muy caliente y lo dejó. Tampoco pudo rescatar su uniforme de la escuela y útiles escolares porque todo se quemó, es que así, tendrá que informar a la dirección de la Alianza de Camioneros que no tiene uniforme ni libros ni libretas ni mochila escolar.

Como jefa de familia soltera, la madre de los cuatro niños, no recibe ningún apoyo gubernamental de ninguno de los tres órdenes de gobierno. De sus cuatro hijos que estudian, sólo Mariadna recibe la beca de preparatoria del gobierno federal.

Uno de los hijos apenas y pasó la mirada sobre su guitarra quemada. No quiso ver  las condiciones en que quedó porque es el instrumento con el cual pasaba los momentos más felices de su estadía en su casa y en su taller de música.

La abuela sí estaba disgustada por los daños del incendio y mostró su enojo con el menor de los hermanitos. El niño buscaba por todos lados su juego Jenga, que está desaparecido o quizá se quemó, porque es el que más adora. Su madre lo sentó en una sillita cercana a la puerta de salida y le pidió que se quedara sentado hasta que limpiaran la primera pieza de la casa.

Todos trabajaron para despejar el caos en que quedó la vivienda, pero que no podrán habitar por largo tiempo, al menos, que colegios de ingenieros, cámara de la construcción, gobiernos o la sociedad altruista demuestren una vez más su solidaridad con una familia vulnerable y aceleren la recuperación del hogar.

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.