Arriba, unaspecto de la Misa del Migrante que ofició en días pasados el presbítero Lorenzo Mex Jiménez, en la iglesia de San Sebastián de esta ciudad. En ese mismo rumbo de la ciudad existe la Casa Clifford y Casa Migrante, donde se brinda ayuda a personas que están de paso
Arriba, unaspecto de la Misa del Migrante que ofició en días pasados el presbítero Lorenzo Mex Jiménez, en la iglesia de San Sebastián de esta ciudad. En ese mismo rumbo de la ciudad existe la Casa Clifford y Casa Migrante, donde se brinda ayuda a personas que están de paso
  • Una imagen de la Casa Migrante que funciona en este capital
  • Arriba, unaspecto de la Misa del Migrante que ofició en días pasados el presbítero Lorenzo Mex Jiménez, en la iglesia de San Sebastián de esta ciudad. En ese mismo rumbo de la ciudad existe la Casa Clifford y Casa Migrante, donde se brinda ayuda a personas que están de paso
  • Arriba y a la derecha, imágenes de la Casa Migrante de Mérida, donde viven temporalmente personas procedentes de países de África y Venezuela, entre otros.
  • El domingo 29 de septiembre se ofició en la iglesia de San Sebastián la Misa del Migrante, a la que asistieron personas procvedentes de diferentes naciones en Mérida
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MÉRIDA.- La migración en tránsito por Yucatán representa una afluencia constante de personas que, en situación irregular, buscan alcanzar sus destinos, principalmente en Estados Unidos.

Estos individuos, expuestos a múltiples riesgos y desafíos, transitan por el estado en busca de una vida mejor, escapando de la violencia, la pobreza o la persecución en sus países de origen.

Sus trayectos son impredecibles y dependen de una compleja red de factores, desde las condiciones climáticas hasta las políticas migratorias de México y Estados Unidos.

Las historias de los migrantes en Mérida

Enrique Puc Rosado, director de Casa Migrante en Mérida, comparte su perspectiva sobre la situación actual de los migrantes en la región.

Desde 2018, esta institución ha ofrecido refugio temporal para aquellos que buscan un nuevo hogar o asilo y su capacidad de alojamiento refleja tanto la necesidad como los desafíos a que se enfrentan.

“En realidad se llama Casa Clifford, en memoria del padre Richard Clifford, misionero de Maryknoll. El padre fue un ejemplo de la generosidad con las personas sobre todo con las más necesitadas”, comenta.

Casa Migrante y su sede complementaria, Casa Betania, pueden albergar a un máximo de 15 personas.

Casa Betania, en la colonia Obrera, se dedica exclusivamente a hombres migrantes, mientras que en Casa Migrante, que se localiza en La Ermita, se prioriza la seguridad de las mujeres y los niños, estableciendo normas estrictas para mantener un ambiente seguro.

Enrique menciona: “No queremos ser una sucursal de Migración”. Aunque trabajan en coordinación con los gobiernos estatal y federal, su enfoque es ofrecer un espacio acogedor y no un albergue tradicional.

Lo que hay que saber de la migración

El primer paso para abordar la migración es reconocer que puede afectar a cualquiera. Enrique menciona que su propia familia tiene miembros en Estados Unidos, reforzando la idea de que la migración es un asunto común.

Este fenómeno, que ha existido durante siglos, requiere que nos acerquemos a las casas de migrantes para entender sus necesidades y ofrecer nuestra ayuda, señala en entrevista.

Después de años de trabajo en el ámbito social, Enrique encontró su vocación al ver a migrantes en situaciones vulnerables.

La migración ha aumentado y diversificado en los últimos años, reflejando realidades complejas.

“Estamos viendo familias completas migrando, algo que no era tan común antes”, afirma Puc, quien también menciona que han recibido migrantes de lugares tan distantes como Ucrania y África.

De manera sorpresiva, Yucatán, estado históricamente ajeno a los principales flujos migratorios, ha experimentado un incremento exponencial en el número de extranjeros detenidos.

Según datos de la Unidad de Política Migratoria, en 2021 se registró un aumento del 135% respecto al año anterior, alcanzando las 520 personas. Esta tendencia se ha mantenido en 2022, con 484 detenciones, solo en los primeros seis meses.

Estigmas contra los migrantes en Yucatán

Sin embargo, el estigma contra los migrantes en Yucatán es preocupante.

“No estamos sensibilizados sobre el tema migratorio; los cambios en las leyes migratorias han hecho que el proceso para migrar sea cada vez más complicado. Estando aquí, ellos no encuentran un trabajo digno para poder sostenerse al lado de su familia, esto gracias a los juicios en los que viven”.

La desinformación y las falsas promesas sobre el sueño americano también contribuyen a esta crisis.

Muchos migrantes son engañados por “coyotes” que los llevan a situaciones peligrosas. La trata de personas y los secuestros son realidades trágicas a que se enfrentan durante su trayecto, poniendo en riesgo sus vidas en busca de una oportunidad.

“No solo ofrecemos un techo, sino que también convertimos el espacio en un lugar de esperanza y dignidad para aquellos que, a pesar de las adversidades, siguen luchando por un futuro mejor.

Detrás de este fenómeno, hay seres humanos con los mismos derechos que cualquier mexicano”, explica Puc.

“Todos, independientemente de su origen, tienen el derecho a buscar oportunidades y vivir dignamente. No solo es darles pan, sino también ayudar a recuperar su dignidad”, enfatiza. A menudo, los migrantes llegan con historias de abuso y maltrato, y necesitan un espacio donde se les reconozca su valor humano.

Voces de migrantes

Alberto Ubanga, quien vino del Congo, África, comparte su historia:

“Tengo una profesión, soy profesor y sé varios idiomas. Estoy en proceso de obtener documentos que me ayudarán a no ser deportado. Actualmente trabajo de herrero, cartonero y recolecto PET.

En el albergue nos dan comida, un lugar donde dormir y ropa, pero aun así tengo mis gastos. Aún quiero irme a Estados Unidos, aunque me gusta mucho Yucatán porque la cultura es similar a la de África.

Este continente es olvidado; siendo la cuna de la humanidad, está olvidado y nadie habla de los problemas que hay, como el hambre, la sequía y las guerras”, relató.

Hay una gran injusticia, nos contó Alberto, quien espera pronto tener sus papeles en regla para seguir su viaje, aunque últimamente desea vivir en Yucatán pero con oportunidades laborales.

Temula Kiamesa, de Camerún, lleva seis años en México y vive con su familia en Monterrey; llegó a Mérida para poder brindar por un tiempo su apoyo como voluntario:

“Fue muy difícil llegar a México, ya que te encuentras con asaltos y maltrato. La vida no es fácil; hay que tener paciencia y fe”.

Temula tiene una profesión y es técnico en máquinas de herramientas:

“Aprendí español en la escuela; sé francés e inglés. Fue muy difícil llegar a México; hay gente mala en el camino, pero también hay gente buena como Enrique. Me he enfrentado a muchos milagros en el andar, porque me he encontrado con gente que me ha brindado la mano”.

Temula considera que hay derechos para los migrantes, pero no son para todos.

K.J. es una joven originaria de Honduras que ha estado viviendo en Mérida durante los últimos seis meses. Junto a ella, han llegado sus dos pequeñas hijas, una de las cuales es un bebé.

Su adaptación a esta nueva ciudad ha sido un viaje lleno de desafíos y aprendizajes, mientras busca brindar lo mejor para sus hijas.

“Soy madre soltera; el papá de mis pequeñas falleció, no tengo padres y no tuve apoyo por parte de la familia de mi esposo. Honduras es difícil para las mujeres solteras. Al principio, tuve mucho miedo de hacer el viaje, pero con la bendición de Dios llegamos aquí”, expresó

K.J., que tuvo que pasar por travesías con sus dos pequeñas. Su plan era llegar a Estados Unidos, pero Casa Migrante ha hecho lo posible para que decida quedarse. Por el momento, le ayudan con la escuela de una de sus pequeñas, aunque no es tarea fácil.

“En Honduras tenía trabajo, pero de día; no hay mucho trabajo para mujeres. Aquí, por el momento, no puedo trabajar, ya que estoy cuidando a la bebé mientras la otra pequeña va a la escuela…

Mi sueño es tener una carrera y encontrar un buen trabajo para así lograr sacar a mis hijas adelante. Créame que aquí me siento más segura, sin maltratos; la fe me ha ayudado mucho en mi vida y espero que las personas dejen de juzgar sin antes conocer a los demás…

Es importante entender las historias y experiencias de cada persona antes de formarse una opinión”.

Ana G.R.B. llegó con su familia desde Venezuela hace tres meses. Ana está embarazada y tiene otros pequeños:

“Vine con mi pareja y mis pequeños. Sentí mucho miedo al principio, pero la situación no es fácil; a veces no teníamos qué comer, dormíamos en la calle. Una de mis hijas me decía que ya no quería dormir en la calle; eso me partía. Pero durante el camino, encontramos gente buena…

Don Enrique nos ha apoyado mucho, y los que son parte de esta casa nos han ayudado y mis pequeñas van a la escuela. Soy ama de casa y veo por las niñas; ellas están yendo a la escuela y estoy al tanto de ellas. Mi esposo está trabajando como mecánico”.

Ana, junto con su familia, había decidido ir también a cumplir el sueño americano, pero se percataron de que era más peligroso, especialmente con sus hijos, así que se decidieron a establecerse en Mérida, esperando pronto tener en orden sus papeles.

“Trabajo en una tienda de ropa en un puesto de administración. Estaba estudiando la licenciatura en administración de empresas, pero la situación estuvo muy delicada y tuve que dejarlo…

Mi sueño es retomar la carrera y ejercerla para darles una mejor vida a mi familia”, expresó Ana, mientras una de sus pequeñas decía que quería ser mecánica igual que su papá y soñaba con tener una carrera. (Continuará).— Sofía Vital

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