Fiel a su misión de formar personas comprometidas con la transformación social y guiadas por los valores maristas, la Universidad Marista de Mérida confirió su más alta distinción, el Doctorado Honoris Causa, al Hermano Antonio Cavazos Bueno, FMS, reconociendo su entrega inquebrantable al servicio educativo, pastoral y social en México y Haití. Con su vida, el Hermano Toño encarna el espíritu marista de fraternidad, solidaridad y amor a los más necesitados, recordando a todos que “ser para servir” no es un lema, sino una forma de vivir.
En sus más de sesenta años de misión, Antonio Cavazos ha sido sembrador de esperanza. Nacido en Monterrey en 1941, ingresó a la Congregación Marista a los 16 años, con formación en filosofía, teología y pedagogía —incluida una licenciatura en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma—. Fue maestro, animador vocacional, director, provincial, formador de novicios y fundador de obras educativas clave, entre ellas la propia Universidad Marista de Mérida. Su huella se extiende a contextos de adversidad, como Haití, donde desde hace 17 años acompaña a comunidades marcadas por la violencia y la desesperanza, sembrando, con la educación, la dignidad que transforma.
Ceremonia
La ceremonia se realizó en el auditorio Hno. Pablo Hernández. Como maestra de ceremonias fungió Verónica Boeta Madera, directora General Académica, y fue presidida por Ermilo José Echeverría Castellanos, Rector; Antonio Simón Gáber, Presidente de la Junta de Gobierno; y el Hno. Luis Enrique Rodríguez Santana, Provincial de México Occidental. La solemnidad se elevó con la escolta y banda de guerra de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, quienes rindieron los honores al lábaro patrio.
Autoridades, catedráticos, exalumnos, estudiantes, familiares y amigos se reunieron para agradecer y celebrar a quien, con su ejemplo, ha fortalecido corazones y comunidades enteras.
En su mensaje, el rector Ermilo Echeverría recordó la emoción que significa este reconocimiento para la comunidad marista.
“No solo celebramos una trayectoria, sino la vida de un hombre que ha hecho del ser marista una forma de amar y servir. El Hno. Cavazos ha sido un sembrador incansable, ha dejado una marca profunda en el corazón de quienes lo han encontrado en su camino”, expresó.
Antonio Simón Gáber explicó la normatividad que respalda la entrega del Doctorado Honoris Causa, aprobado desde 2003 por la Asamblea de Asociados, recordando la responsabilidad y el honor que conlleva otorgarlo a quienes viven plenamente los valores maristas. La semblanza oficial fue leída por Antonio Buenfil Guillermo, quien con emoción relató una trayectoria de entrega, coherencia y fe.
Tras recibir la estola honoris causa, símbolo de este doctorado, de manos del Rector, y el título, entregado por el Provincial, el Hermano Antonio Cavazos firmó el libro de honor y dirigió un mensaje a los presentes.
Habló de su misión en Haití, un pueblo herido por la pobreza, la violencia y la desesperanza, y de su fe firme en la educación como camino para devolver la dignidad a miles de jóvenes sin futuro. Compartió la creación de la escuela Theotokos —inspirada en María y en la pedagogía marista— como respuesta evangélica a la falta de esperanza. “Aunque en Haití reina la violencia, creemos que el cambio real nace cuando cada persona descubre su potencial interno y vive la fraternidad traducida en justicia social”, afirmó.
Recordó que, en medio de la oscuridad, la esperanza se sostiene en la certeza de que Dios actúa incluso donde parece ausente. “El poder de la violencia nunca será el fundamento de la esperanza cristiana. Nuestra esperanza se ancla en la compasión y el amor, porque Dios escribe derecho con renglones torcidos”, dijo.
Cerró la ceremonia el Hno. Luis Enrique Rodríguez Santana, Provincial, quien evocó un fragmento de Agua de la Roca que habla de la misión educativa marista en miles de jóvenes alrededor del mundo. “Toño, cuántas vidas has tocado, cuántos días entregados, cuántas huellas has dejado. Gracias por creer en la educación, en la juventud y en el futuro, aun en medio del caos”, expresó
Renueva promesa
Así, la Universidad Marista de Mérida renovó su promesa de seguir formando, a ejemplo del Hermano Antonio Cavazos, nuevas generaciones dispuestas a servir, transformar y construir un mundo más humano y fraterno. Porque, como él bien lo enseña con su vida, “ser para servir” es la mejor herencia que puede abrazar el corazón de un marista.— Darinka Ruiz Morimoto






