• Un joven en la entrada en uno de los pocos locales en uso del segundo piso del mercado San Benito: una de las oficinas del servicio de transporte Va y Ven
  • El común denominador de los locales del segundo piso del mercado de San Benito es que la mayoría de los locales están sin uso
  • Arriba, otro nivel del mercado San Benito, de minilocales que nunca fueron usados. A la derecha, un aviso a un locatario en un papel que el paso del tiempo ha dejado amarillento

El mercado municipal San Benito, enclavado en pleno centro de la ciudad, refleja algunas mejoras en sus condiciones internas en esta administración de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, pero parece que eso no es suficiente para atraer mayor ocupación, afluencia y ventas.

Sigue como un edificio fantasma a pesar que los 2,500 mini locales —algunos en uso y otros no— tienen propietario, pero no registran actividad comercial porque la mayoría sirve como bodega nada más.

Las partes en mayor abandono están en los pisos 2 y 3 del mercado porque impresionan los largos pasillos solitarios y con cortinas metálicas cerradas. Casi todos los locales reflejan el paso de los 20 años inactivos y sin mantenimiento porque están empolvados y sin indidios de movimiento.

En el piso 2 sólo trabaja una oficina del programa de transporte urbano Va y Ven que realiza trámites de expedición de tarjetas de prepago y recibe quejas por el servicio, por lo que mantiene una constante afluencia durante toda la semana que le da vida a esta parte del mercado. Además de esta oficina pública, en ese mismo piso trabaja un consultor esotérico ecuatoriano que “lee la suerte” y vende productos no certificados ni avalados por la ciencia sobre “cura” de males que ni la medicina profesional logra.

En el piso 3 un solitario sastre mantiene actividad de lunes a sábado, pero no recibe clientes en forma permanente, sino más bien realiza encargos. Él hace reparaciones de ropa al instante con espera de entre minutos y una hora. En este mismo nivel está la administración del mercado San Benito y un módulo de la Policía Municipal de Mérida, pero principalmente el espacio policiaco es para el resguardo de equipo de protección y táctico de los agentes.

Las zonas de mayor actividad comercial dentro del mercado San Benito se registra en el primer nivel donde se ubican los comerciantes de frutas y verduras, flores, condimentos, abarrotes, ropa, reparación de joyería y celulares, estéticas, tortillería, venta de accesorios para mujer, venta de juguetes o loncherías, entre una infinidad de artículos que gustan a los compradores.

También en este piso están las secciones de venta de carne de res, de cerdo, pollo y pavo, pero más del 80% de los puestos están inactivos. Tienen dueño, pero no los trabajan. Los puestos de los abastecedores se ven limpios, recién pintados y sin olores fétidos porque el Ayuntamiento reparó el drenaje y los concesionarios que trabajan mantienen en buen estado su local para que tengan mejor imagen ante sus clientes.

Mayor actividad

En la parte exterior periférica del mercado, llamado “el gran huacal” por su diseñador, el arquitecto Javier Muñoz Menéndez, está la mayor actividad comercial y la alta afluencia de consumidores. En la parte poniente hay un largo corredor de venta de comida, principalmente tacos y tortas, cuyos puestos literalmente ocupan toda la acera de la calle 56, pero los protegen del sol toldos sucios y descoloridos.

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En la parte norte se forma un corredor de frutas y verduras, que también tiene alta afluencia porque colinda con el Lucas de Gálvez o “Mercado Grande”.

En la parte oriente predominan los puestos de venta de mochilas escolares, ropa, calcetas, puestos de comida, dos tortillerías y otros giros, que mantienen el interés de los usuarios del transporte Va y Ven porque en este sitio están los paraderos de los autobuses; en la parte sur también predominan los puestos de comida, aunque un gran tramo está inutilizado porque es el estacionamiento para carga y descarga de carnes y productos, y donde también hay gran contenedor de basura.

Actualmente sorprende la limpieza del estacionamiento subterráneo porque con la reparación de las tuberías colgantes del drenaje ya no hay fugas de aguas negras, como ocurría en la administración anterior, por lo tanto no hay charcos, ni goteras de lodo que antes caía en los techos de los vehículos y las personas.

Sin fetidez

El área de la planta de tratamiento de aguas residuales que está al final del estacionamiento tampoco emite la fetidez insoportable del pasado porque recibe la atención y mantenimiento necesario para que cumpla su función de limpiar el agua contaminada. No es que este lugar sea perfumado por los aromatizantes, pero la limpieza que recibe controla la emisión de la contaminación olfativa.

El estacionamiento subterráneo cuenta con vigilancia privada que realiza rondines a diferentes horas y no se registra embotellamiento interno porque el pago de salida se realiza mediante el escaneo de un código QR en la caseta. La tarifa es de $15 por automóvil la primera hora y $5 por motocicleta.

El primer piso del mercado también luce limpio, pero desordenado. Una cuadrilla de 10 barrenderos recorre los pasillos para recoger la basura que tira la gente y los comerciantes, y también levantan los tambores llenos de desperdicios.

Como principal paso de la gente en su tránsito por la ciudad y como centro de abasto, el mercado San Benito solo cumple su función en el primer nivel porque allí concentra la mayoría de los comercios diversos. El movimiento comercial es bueno, pero no llega a la saturación, aunque es notorio la afluencia de gente en comparación con los niveles 2 y 3 que lucen vacíos.

El San Benito desde su apertura

Nadie llega hasta los dos últimos pisos del mercado, no de ahora, sino desde su inauguración en 2004 a cargo de su promotora y constructora, la alcaldesa Ana Rosa Payán Cervera, entonces del PAN.

“No sube la gente”, resumió uno de los comerciantes que tiene un minilocal de bodega en el piso 3.

Él cree que fue un mal diseño arquitectónico porque se ideó la construcción de puestos muy pequeños para los comerciantes, que quedaban “achocados” y sin espacio para mantener sus artículos y productos. Desde su origen, los minilocales no agradaron a los comerciantes, por lo que solo ocuparon unas horas los puestos y los abandonaron para que volvieran a las calles donde obtenían mejores ingresos.

A 20 años de su construcción, el San Benito no cumple su función original de ser la casa de los vendedores ambulantes callejeros, ayudar a la autoridad municipal a resolver el problema eterno de ocupación de aceras por los comerciantes y ser el principal centro de abasto del centro de la ciudad.

El abandono de locales por parte de los concesionarios ha ocasionado que el Ayuntamiento inicie procedimientos administrativos contra los presuntos dueños, principalmente para que acrediten la legal posesión del bien. En los niveles 2 y 3 hay varias papeletas y pintas sobre la notificación a los dueños, pero parece que aquellos no hacen caso porque los locales permanecen cerrados por largo tiempo.

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.