El fenómeno de la gentrificación, presente ya en varias zonas de Mérida, fue el tema de la más reciente sesión de reflexión del Centro Lignum, donde anteayer se reunieron vecinos, gestores culturales e investigadores para analizar los cambios urbanos que alteran el tejido social y económico de los barrios tradicionales.
“La gentrificación es un proceso que vive una ciudad cuando un grupo con mayor capacidad adquisitiva hace cambios drásticos que pueden terminar desplazando a pobladores locales”, dijo Gabriel Pérez, codirector cultural del Centro Lignum.
Durante el encuentro se proyectaron documentales y reportajes, y se promovió el intercambio de ideas sobre cómo este fenómeno altera a comunidades del mundo.
Pérez señaló que este fenómeno se manifiesta mediante negocios exclusivos, desarrollos inmobiliarios y cambios culturales y políticos, como ha ocurrido en Ciudad de México, Oaxaca, Tulum y Playa del Carmen.
“En Mérida hay un proceso de más de 10 o 15 años de inversiones diseñadas para un cierto grupo con capital social”, indicó.
Barrios como Santiago han sido transformados por inversiones extranjeras y nacionales. “Vemos casas antiguas remozadas y nos dicen que hay mucha gente del extranjero, mucho turista… pero el extranjero no invierte solo, es parte de un sistema complejo de inversión”.
Subrayó que también mexicanos participan en la dinámica de recuperar espacios que antes eran percibidos como obsoletos.
Entre las consecuencias más visibles, mencionó el alza en los precios de las rentas, el cierre de negocios accesibles a la población local y la pérdida de un sentido de comunidad.
“Tú pones una cafetería y un restaurante y no es para tu vecino”, advirtió Pérez.
Riesgos de la gentrificación en Mérida
En ese entorno, los habitantes originales son desplazados hacia la periferia, lo cual implica mayores tiempos de traslado al trabajo y pérdida de calidad de vida.
También se habló de la transformación del Centro en una zona atractiva para el turismo y el alquiler de corto plazo. “Si uno vive en Santiago, sus vecinos son Airbnb. Entonces no son vecinos”, lamentó.
Esto, dijo, impide construir comunidad o identidad de barrio, como sucedía antes con espacios como las cantinas tradicionales.
Pérez insistió en la necesidad de políticas públicas que prioricen a los pobladores locales. “Queremos una ciudad donde una familia pueda vivir cerca del trabajo, jugar en la calle, tener servicios públicos de calidad”, manifestó.
Propuso investigar el acceso a la vivienda y aplicar impuestos a los Airbnb irregulares. “Hay que desincentivar que la vivienda sea vista como mercancía en lugar de un derecho humano”.
La próxima sesión será anunciada en la página de Facebook del espacio Lignum.
