La imagen de un loro enjaulado en una casa puede parecer una escena tradicional o pintoresca.
Sin embargo, hoy representa una realidad alarmante, esta práctica es parte de la tenencia ilegal de fauna silvestre y constituye maltrato animal, al privar a estas aves de su libertad.
Más allá del cautiverio, esta costumbre ocasiona que las poblaciones silvestres de esta especie en Yucatán estén al borde del colapso.
En México existen 22 especies de loros, y todos están protegidas por la Norma Oficial Mexicana 059, ya que muchas están en peligro de extinción.
Penas por tenencia de fauna silvestre
A pesar de esto, la venta continúa sin control, alimentando un mercado negro en el cual las aves pierden su función ecológica fundamental: dispersar semillas y mantener el equilibrio del ecosistema.
Aunque existen leyes para protegerlos, los saqueos persisten. En entrevista con integrantes del Proyecto Santa María, expertos de Protección de la Selva Maya (PSM) explicaron que el artículo 420, fracción IV del Código Penal Federal establece penas de uno a nueve años de prisión por delitos contra la biodiversidad.
No obstante, al promediarse la pena (cinco años), los acusados suelen acceder fácilmente a beneficios legales como reducción de sentencia o libertad condicional.
Venta ilegal
Como resultado, el patrón de tráfico y venta ilegal se repite cada año, sin consecuencias reales, aunque el problema va más allá de lo legal.
“La raíz no está en la falta de recursos, sino en la cultura. Hemos normalizado tener loros como si fueran adornos exóticos o bufones parlantes, ignorando por completo sus necesidades biológicas de volar, convivir, reproducirse y formar parte de la naturaleza”, explicó uno de los especialistas.
“El verdadero canto del loro es el que resuena en libertad, no en una jaula colgada en la sala. Es momento de cuestionar tradiciones que encubren crueldad y replantear la relación que tenemos con la vida silvestre”.
