En las inmediaciones del Gran Parque de la Plancha, hay un espacio dedicado a la historia ferroviaria, el “Museo Mundo Maya de los Ferrocarriles” que en su interior alberga una experiencia inmersiva a través de la tecnología y que lleva a los asistentes a un viaje enmarcado por la nostalgia y el aprendizaje.



Inaugurado en octubre del año pasado, este espacio lleno de historia promete una experiencia que no solo aporta conocimiento, sino que también despertará las emociones de sus visitantes.
La museóloga Andrea Carrasco, quien colabora en este espacio, destaca que el museo apela a la nostalgia y al conocimiento histórico, tanto para niños como para adultos y visitantes extranjeros, ofreciendo una experiencia valiosa para todas las edades.
En total son cinco salas permanentes de las que dispone el recinto. Durante el recorrido que puede durar entre 50 minutos o más de una hora —según el visitante—, se podrá conocer la historia de los ferrocarriles a lo largo del tiempo, desde su invención hasta su paso por México y finalmente hasta llegar a la Península.
La primera sala narra la historia del nacimiento de este transporte que comenzó con la máquina a vapor, viendo la luz en el siglo XIX, en la revolución industrial.
Detalla como sus antecedentes y los principios básicos de ingeniería que fueron requeridos para su construcción, podrán conocerse en esta primera parada.
La segunda sala comienza a acercarnos con la llegada de este transporte a México. Desde este punto, se aborda la historia de los ferrocarriles en México, cómo fue su llegada, quiénes fueron los encargados de invertir en esta innovación de la época, cómo fue el proceso de colocación de las vías, así como su relevancia durante la revolución mexicana.
En esta misma sala, se encuentra una de las “estrellas” del museo, que es la imponente locomotora “270”, también conocida como la “Cansahcab” y cuya vía es angosta. Incluso los visitantes pueden vivir la experiencia de subirse en ella, mientras de fondo escuchan el sonido que caracteriza a esta máquina.
Cerrando con lo que podemos conocer en esta sala, se encuentra una conmemoración al escuadrón 201. Aquí se hace una referencia a la participación del ferrocarril en actividades que no son las comunes.
Ingresando a la sala tres, podremos conocer más a fondo la historia de su llegada a Yucatán y la creación de su primera vía que fue de Yucatán a Progreso. Se demuestra su importancia a través de las haciendas, especialmente su vinculación con el henequén.
Esta sala cuenta con tecnología envolvente que mediante videomapping proyectado alrededor de la sala y sonidos vivenciales, se presentan dos videos. El primero habla sobre el mito del henequén y el segundo es un viaje en el tiempo de manera abstracta que habla sobre la historia del tren.
Aquí se encuentra la segunda locomotora, la “250” que a diferencia de la “270”, está más incompleta, pero su atractivo principal es que el resto de su composición está mapeado, simulando que las ruedas avanzan y cambiando en el transcurso de la proyección.
Continuando por la sala cuatro, se sigue avanzando por la historia del ferrocarril en la península.
Se incluyen videos que explican cómo se fueron conectando las redes ferroviarias y la creación de un tren más pequeño.
De igual manera, en esta sala se puede observar la recreación de cómo en Campeche se hacían los trabajos de instalación de vías que tenían que pasar a través de cuerpos de agua. Al no existir grandes tecnologías como las grúas, el trabajo lo realizaban buzos.
Asimismo, hay una recreación de la estación central, lo que ahora es la Universidad de las Artes de Yucatán (Unay). Cuenta con sillas, su respectiva taquilla y un ambiente creado para simular la espera de la llegada del tren, que se complementa con la siguiente experiencia interactiva.
La sala cuenta con dos opciones para continuar el recorrido. El primer camino es continuar por la siguiente sala o abordar el tren.
Al abordar el tren, nos encontramos con la recreación del interior de un vagón de pasajeros de segunda clase llamado “Mary Lee” que introduce a los visitantes en una experiencia sensorial que simula un viaje en el que se siente el movimiento del vagón y en las ventanas se ven los paisajes.
Al salir de la sala cuatro, hay un área en la que constantemente hay exposiciones temporales.
Terminando el recorrido, se observa una recapitulación de todo lo que se expuso en las salas anteriores.
Con pantallas alrededor, se muestra a través de videos cómo fue el proceso de restauración, acondicionamiento y construcción de lo que es el actual Parque de la Plancha.
El museo ofrece opciones de actividades, como visitas guiadas, vistas caracterizadas por exferrocarrileros, talleres infantiles y recreativos. Algunas actividades se incluyen en el costo de la entrada, mientras que otras tienen una cuota de recuperación.
El acceso al museo es de $40 para locales, estudiante, maestros y personas que cuenten con su tarjeta Inapam; $80 para nacionales y $120 para los extranjeros. Los menores de 13 años entran gratis y los domingos la entrada es gratuita para los locales con identificación.
Las actividades de la cartelera se difunden mediante sus redes sociales, en Instagram y Facebook, bajo el nombre Museo de los Ferrocarriles.— Karla Acosta Castillo
DiariodeYucatán
