MÉRIDA.- “Yo hago todo normal, lo único diferente es mi tamaño”, dice Angélica Estrella Esperón, una mujer de talla baja, quien tuvo que adaptarse siempre para lograr sus metas.
“Los banquitos para nosotros son siempre muy indispensables”, agrega Geisell Valdez González, presidenta de la asociación Gente Pequeña de Mérida, quien detalla los retos a los que se enfrentan, en el marco del Día Mundial de las Personas de Talla Baja, que se conmemora el 25 de octubre.

“Uno de los principales retos es la movilidad. Transportarnos día a día de un lugar a otro, sobre todo en el transporte público… los escalones son muy altos para nosotros. Hay algunos que ya están adaptados, pero hay otros que no todavía”, explica Geisell, quien tiene 43 años de edad y conduce vehículos.
La mujer, quien se desempeña como secretaria en el DIF estatal, detalla que en la acondroplasia existen más de 700 tipos de displasias, lo que implica que cada una de las personas de talla baja tienen características diferentes. “Unos tiene brazos más cortos, otros piernas más cortas, o el torso… Entonces, hay unos que se les facilita más algunas cosas y otros que no”.
Retos de las personas de talla baja
Aunado a ello, también considera un reto contar con la empatía de las personas, “porque hay quienes te pueden ayudar a subirte a un transporte público y hay gente que te te ignora”.
Angélica, quien tiene 54 años de edad y se dedica a las labores del hogar, afirma que siempre brinca los obstáculos que se le presentan. “Yo veo cómo adaptarme para que pueda lograr mi meta”, explica al describir que realiza todo tipo de actividades domésticas.
Para ellas, las palabras clave son inclusión y respeto. “Yo sé que es muy difícil porque llamamos mucho la atención. Pero en la actualidad todavía hay gente que cuando salimos a la calle te señala, te dice enanito, chaparrito”, relata Geysell, quien lleva 13 años al frente de la agrupación local.
“Somos personas normales”
“Ese es el objetivo de la agrupación, crear una cultura de inclusión y de respeto hacia todas las personas de talla baja. Vernos como personas promedio, porque normales somos. La única diferencia entre los de talla promedio y nosotros, es el tamaño.
“En realidad somos seres humanos, que tenemos sentimientos, que lloramos, que tenemos sueños, que tenemos derechos. Entonces, yo creo que nada más es un poquito de tener esa empatía para incluirnos y tratarnos como personas promedio”.
La mujer recuerda que apenas en 2019 la acondroplasia fue incluida en la Ley de Discapacidad. Antes de eso, no era reconocida como una discapacidad. Esto ha implicado mayor apertura en los ámbitos laboral y deportivo. Actualmente, por ejemplo, hay atletas yucatecos de talla baja. En entornos laborales, las personas pequeñas pueden requerir la adaptación de sus espacios de trabajo, incluso el uso de bancos.
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Convivencias de gente pequeña
Geisell detalla que la convivencia entre personas de talla baja puede ser muy divertida, pero en algunos casos puede ser complicado. “Conocer a un pequeño puede ser muy difícil porque es un reflejo tuyo, de cómo te ves. A veces es un proceso para aceptar que tienes una condición. Para unos ha sido fácil y para otros no”.

En este sentido están los congresos de gente pequeña que se realizan anualmente en otros estados. A raíz de su asistencia a estos eventos fue como le surgió la idea de formar una agrupación en Mérida. Fue ahí también donde conoció a su hoy esposo, quien también es de talla baja, es oriundo de Sonora y cambió su residencia a Yucatán.
“Me ha tocado participar en congresos y lo que normalmente se dice es que se vuelve un mundo de los pequeños; porque ves bailando a todos. No hay ningún promedio y todos ven a tu altura. Bailas superbien y te diviertes.
“Cuando hay convivencia entre puros pequeños, yo creo que sí hay esa confianza de que podemos ser nosotros mismos. O sea, tenemos un momento para nosotros. No es porque fuera de ahí no podamos ser nosotros mismos. Es que nos tenemos que acostumbrar a adaptarnos al mundo exterior”, explica Geisell Valdés.
Inclusión de personas de talla baja
Las entrevistadas invitan a sumarse a la cultura de inclusión y de respeto hacia las personas de talla baja. Créanme que vienen nuevas generaciones de pequeños que les está costando salir adelante. Están estudiando y a veces no quieren ir a la escuela, porque los empiezan a señalar. Entonces, yo creo que esto viene desde casa, donde los papás enseñan a los niños a respetar a los demás niños. Y yo creo que si esto fuera así, la vida de de las personas con talla baja sería diferente”, afirma Geisell.- Texto de Jessica Ruiz Rubio; fotografías de Ilse Noh y Carlos de la Cruz; vídeo de Jennifer Cetz
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