Gina Villagómez Valdés, investigadora social de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), advirtió que el problema más grave que enfrenta el estado no es solo el suicidio, el alcoholismo o la violencia de género, sino la violencia sexual contra la infancia y la adolescencia.
Destacó que este fenómeno, a menudo silenciado, requiere atención urgente.
“En Yucatán la violencia sexual contra niñas y adolescentes ha sido minimizada y desatendida en el marco de las políticas públicas, que se han centrado en la violencia contra las mujeres en general.
Los abusos sexuales, especialmente por parte de padrastros, abuelos y otros familiares, son un secreto bien guardado en muchas familias, y esto debe cambiar”.
Entrevistada a raíz de la tragedia que ocurrió en Izamal el pasado miércoles 3, cuando un sujeto conocido como “El Flaco” abusó sexualmente y mató a su hijastra, de entre 11 a 12 años de edad, la investigadora reveló que su experiencia de trabajo de campo revela que muchas mujeres entrevistadas sobre violencia familiar también sufrieron abusos sexuales en su infancia.
En opinión de la especialista, el problema más grave que enfrenta Yucatán no es tan solo el suicidio, alcoholismo, adicciones a drogas o trastornos depresivos, machismos, violencia de género y disolución conyugal (aunque nos encontramos entre los primeros lugares en todos estos problemas sociales y de salud pública).
“El problema más serio es la violencia sexual contra las infancias y adolescencias”
“La comunidad también calla”, dijo la investigadora.
“Mi experiencia de trabajo de campo me ha demostrado por años, que gran parte de las mujeres entrevistadas por violencia familiar sufrieron abusos sexuales en la infancia por parte de un pariente”, dijo.
“Desde mujeres ancianas que confiesan las violaciones sufridas en casa durante su niñez hasta niñas atendidas actualmente en los centros de atención gubernamentales”.
“No se habla de ello porque toda la política pública se centra en la violencia contra las mujeres en general, sin dar asistencia preventiva, de atención y sanción a la violencia callada, la doméstica, donde niños, niñas y adolescentes no tienen voz”, comentó.
Pero el abuso sexual de niñas, continuó, especialmente forma parte de la cultura en los municipios, incluso en ciudades como Mérida.
Un abuso recurrente callado incluso por las propias madres es el que sufren las niñas por parte de sus padrastros, abuelos, tíos, hermanos mayores y conocidos de la familia.
Sin políticas públicas para combatir la violencia sexual contra menores en Yucatán
Este problema social no está considerado en el programa del Renacimiento Maya, dijo.
También es minimizado y desatendido con el nuevo proyecto gubernamental federal dirigido hacia las mujeres, donde se privilegia la formación de liderazgos femeninos para fortalecer el voto, en vez de prevenir la violencia sexual contra las niñas y adolescentes.
La entrevistada explicó al Diario que las drogas y el alcohol no son las causantes de los feminicidios, pero sí son los detonantes de los hechos violentos.
“El origen del feminicidio es la cultura de género que considera que las mujeres pueden ser excluidas, discriminadas, maltratadas, y que no valen igual que los hombres porque no son inteligentes y fuertes como ellos“.
Una cultura donde las mujeres “son tratadas como ciudadanas de segunda, incluso entre la población masculina ilustrada, existe un desprecio introyectado desde la infancia sobre el valor de ‘las viejas, histéricas y menopáusicas’”, agregó.
Comentarios machistas y un “secreto guardado”
Entre empresarios, directivos de empresa o instituciones de educación superior, académicos, burócratas gubernamentales y políticos aún existen comentarios machistas entre ellos como parte de su cultura.
Aunque en público sean políticamente correctos.
Después aseveró que la violencia contra las mujeres y niñas y adolescentes está en casa, las autoridades lo saben y no existen políticas públicas dirigidas a defender a las infancias y adolescencias de la violencia sexual.
“Es el secreto mejor guardado por las familias. Las mismas madres y/o abuelas de las víctimas encubren a los abusadores sexuales y violadores porque son sus propios parientes“.
“En el centro y norte del país feminicidan a las mujeres en las calles, el trabajo o por desconocidos. En Yucatán lo hacen sus parejas o exparejas. El origen, el machismo; el detonante, las drogas o el alcohol”, recalcó.
Entre los factores que influyen en este problema, Gina Villagómez citó la falta de asignación de recursos públicos para el diseño de políticas públicas intensivas y permanentes de prevención del abuso sexual infantil en los hogares.
“No existe una política pública planeada por municipios para detectar, atender y sancionar a los abusadores sexuales en casa. Tampoco existe un proyecto funcional que prevenga las adicciones”, indicó. (Continuará).
