La economía informal en México no solo se resiste a desaparecer, sino que ha alcanzado un techo histórico.
Según los resultados preliminares de la Medición de la Economía Informal ( del Inegi, este sector representó el 25.4% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2024, un incremento de 0.7 puntos porcentuales respecto al año anterior.
Ante este panorama, José Enrique Molina Casares, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco Servytur) de Mérida, advirtió que estas cifras no son ajenas a la realidad de Yucatán.
Para Molina Casares, el aumento de la informalidad no es el problema de origen, sino la manifestación de fallas estructurales.
“La informalidad no es el enemigo, es el síntoma”, afirmó, señalando que el crecimiento de este sector está directamente ligado al costo de la legalidad.
“Cuando la formalidad se encarece, la informalidad aumenta”, señaló el líder empresarial, tras explicar que para saber si el fenómeno crece o disminuye es clave observar el empleo formal, la apertura de negocios y la recaudación.
El presidente de la Canaco meridana destacó que la informalidad genera una afecta la productividad y competitividad, además que genera una competencia desleal que frena la inversión, especialmente en los sectores comercio, servicios, turismo y restaurantes.
José Enrique Molina Casares, presidente de la Canaco local, subrayó que durante la pandemia la informalidad creció y, aunque ya se ha estabilizado, todavía se mantiene en niveles superiores a los registrados antes de la crisis sanitaria.
El directivo reconoció que el alto costo de la legalidad es una complicación. Sin embargo, señaló que transitar hacia la economía formal es el camino para garantizar empleo digno, derechos laborales y bienestar para los ciudadanos.





