El aumento de remesas hacia Mérida representa una inyección de recursos externos que complementa los ingresos familiares y dinamiza la economía local, afirma Gabriel Rodríguez Cedillo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).
Sin embargo, aclara que este incremento no necesariamente refleja un aumento de la pobreza ni de la migración reciente.
El académico explica que la mayor parte de las remesas proviene de migrantes establecidos desde hace años en Estados Unidos, quienes continúan enviando dinero de manera constante a sus familiares en Yucatán.
En su opinión, actualmente “se rompe el circuito de más pobreza, más migración y mayores remesas”.
Rodríguez Cedillo señala que la migración ya no responde únicamente a la falta de empleo en el estado, sino también a la búsqueda de mejores oportunidades laborales en el extranjero. Muchas personas, dice, deciden emigrar no solo por carencias económicas, sino porque los salarios en Estados Unidos son considerablemente más altos que los que pueden obtener en Yucatán.
El miércoles 4 de marzo pasado, el Diario informó que Mérida se mantuvo como el municipio líder en recepción de remesas en Yucatán y que, además, desplazó a Cancún de ese puesto en la Península de Yucatán durante 2025.
De acuerdo con datos del Banco de México, los envíos familiares desde los Estados Unidos ascendieron a 2.5 millones de dólares para los habitantes de Mérida.
Entrevistado sobre el tema, el investigador explica que, aunque históricamente la migración estuvo impulsada por la pobreza y la falta de oportunidades, ese panorama ha cambiado.
“Hoy las personas pueden tener un empleo en Yucatán que no necesariamente esté mal remunerado, pero aun así deciden irse porque en Estados Unidos pueden ganar mucho más”, dice.
Luego añade que el contexto actual en Estados Unidos no impide la migración, pero tampoco implica necesariamente un incremento en el número de migrantes recientes.
El especialista subraya que la mayoría de las remesas procede de yucatecos que llevan años radicados en ese país. Son ellos quienes envían dinero de forma regular a sus familias, por lo que el incremento en los envíos no significa que quienes migraron lo hayan hecho recientemente por falta de empleo en el estado.
Décadas atrás, particularmente en los años 70 y 80, la migración estaba estrechamente vinculada con la pobreza y la carencia de oportunidades laborales.
“En aquel momento, la explicación más clara de la migración era la búsqueda de empleo ante la falta de opciones aquí”, señala.
Hoy, agrega, el fenómeno es más complejo. Muchas personas optan por migrar porque buscan ingresos más altos, incluso si ya cuentan con un trabajo en Yucatán.
Ingresos insuficientes
El investigador plantea que es necesario analizar qué se considera un empleo bien remunerado.
Por ejemplo, un ingreso de 1,500 pesos semanales resultaría insuficiente para mantener a una familia de cuatro integrantes.
En cambio, un salario de entre 4,500 y 5,000 pesos semanales —equivalente a cerca de 20,000 pesos mensuales— ya no podría considerarse mal pagado dentro de la estructura salarial local.
Sin embargo, la diferencia salarial con Estados Unidos sigue siendo un incentivo importante para migrar.
“Una persona que gana 20,000 pesos al mes puede decidir irse porque en Estados Unidos podría obtener el equivalente a 60,000 pesos mensuales”, explica.
Rodríguez Cedillo añade que, si el promedio salarial en Yucatán fuera de 1,500 pesos semanales, entonces sí podría hablarse de empleos claramente mal remunerados, lo que modificaría las razones económicas de la migración.
Otro factor que influye en el flujo de remesas es la presencia de redes familiares en el extranjero. El apoyo de parientes o conocidos facilita la integración de nuevos migrantes y fortalece los vínculos económicos entre las comunidades de origen y destino.
Además, recuerda que desde hace varios años existe una comunidad consolidada de yucatecos en Estados Unidos, lo que también explica la continuidad en el envío de recursos.
Al preguntarle si la economía estatal podría volverse dependiente de las remesas, el especialista descarta esa posibilidad.
Estos envíos, afirma, no representan una proporción significativa dentro de la generación total de ingresos en Yucatán.
No obstante, en municipios pequeños como Cenotillo estos recursos sí pueden tener un impacto importante en la economía local.
El académico indica que el efecto de las remesas se observa principalmente en el consumo y en la dinámica económica de las localidades receptoras.
“Si se registra crecimiento económico en un municipio como Cenotillo, podría existir una relación con el aumento en el flujo de remesas”, señala.
También considera que el incremento reciente en los envíos podría estar relacionado con la incertidumbre laboral en Estados Unidos.
“Es posible que los migrantes estén enviando más dinero ahora ante la posibilidad de que en el futuro enfrenten dificultades para hacerlo”, comenta.
Rodríguez Cedillo concluye que el fenómeno de las remesas en Yucatán es complejo. Aunque constituyen un apoyo importante para muchas familias, no deben considerarse una solución estructural para los problemas económicos de la región.
“Las remesas son un recurso que impacta directamente en el consumo de las familias que las reciben”, puntualiza.
