Keila Raquel Vázquez Lira, líder de las Chelemeras —mujeres dedicadas a restaurar el manglar—, comparte que el crecimiento inmobiliario en las comunidades costeras se percibe como un proceso de dos caras.

Por un lado, representa oportunidades de empleo y alternativas económicas para las personas que no dependen propiamente de la pesca.

Sin embargo, advierte que también se observa como un exceso que termina por convertirse en una amenaza para los ecosistemas.

De acuerdo con Keila Vázquez, el desarrollo puede ser positivo, siempre y cuando se mantenga el equilibrio.

También señala que la expansión urbana, si bien genera empleos, se vuelve problemática cuando las construcciones se incrementan de manera desmedida, lo que conlleva a una tala excesiva y, en consecuencia, a la destrucción ambiental.

  • Aspectos de las labores de las Chelemeras, grupo integrado por mujeres que restauran los manglares. La líder, Keila Raquel Vázquez Lira, subraya que el avance de las construcciones afecta la biodiversidad, la pesca y el ecoturismo. Asevera que la restauración no es fácil de llevar al cabo
  • Arriba y a la izquierda, clausura de unos trabajos por la tala de mangle en Sisal. Una activista recalca al Diario que pese a que las autoridades insisten en la protección de los ecosistemas, aún otorgan permisos para las obras inmobiliarias

La principal afectación por la pérdida del ecosistema recae, en primera instancia, en la biodiversidad que habita en las zonas impactadas, recalca.

A mediano y largo plazo, agrega, las futuras generaciones también resultan perjudicadas, ya que podrían no conocer espacios naturales como los manglares y las selvas ante el avance del concreto.

De igual manera, indica que las poblaciones que dependen del manglar ya resienten los impactos.

Afectaciones

La chelemera explica que las comunidades costeras afrontan la disminución —o en algunos casos la desaparición— de la pesca, mientras que quienes se dedican al ecoturismo ven comprometida su actividad, al reducirse el principal atractivo que ofrecen: la naturaleza.

La activista reitera que los sectores más vulnerables son las propias zonas costeras, debido a que son las más expuestas a la destrucción de manglares, dunas y selva, lo que acelera el deterioro ambiental.

Sobre la reversión de los daños, considera que en algunas áreas aún es una opción viable la restauración; no obstante, en otras partes es imposible a causa del nivel de afectación.

La entrevistada vuelve a señalar la dualidad del problema, pues mientras las autoridades insisten en la protección de los ecosistemas, al mismo tiempo continúan otorgando permisos para el desarrollo inmobiliario.

Como ejemplo de acciones de recuperación en beneficio de la comunidad de Chelem, menciona que, en coordinación con el Laboratorio de Producción Primaria, encabezado por el doctor Jorge Herrera y su equipo de estudiantes, se han intervenido tres áreas con resultados positivos en su proceso de restauración.

Keila Vázquez enfatiza al Diario que la restauración no es una tarea sencilla y requiere un esfuerzo constante por parte de la comunidad, además del respaldo de inversionistas, dependencias y actores que puedan apoyar estas iniciativas.

Finalmente, subraya que aún es posible rescatar algunos ecosistemas, pero insiste en que es vital fortalecer el compromiso y la participación colectiva para evitar un deterioro ambiental irreversible en las zonas costeras.— Ilse Noh Canché

Amenaza Manglares

Una activista reitera que las zonas costeras son sectores muy vulnerables.

Destrucción

Keila Raquel Vázquez Lira, lideresa de las Chelemeras, recalca que las costas son las más expuestas a la destrucción de manglares, dunas y selva, lo que acelera el deterioro ambiental.

Rescate de ecosistemas

Aún es posible rescatar algunos ecosistemas, subraya.