La informalidad laboral es especialmente crítica entre los jóvenes de Yucatán, “al cierre de 2025, casi 6 de cada 10 trabajadores yucatecos se encontraban en la informalidad y entre los jóvenes la situación es aún más alarmante”.
Así lo señala Jessica Canto Maldonado, coordinadora de proyectos de innovación y vinculación de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), y remarca que “tener un título universitario ya no garantiza un empleo formal ni un salario digno”.
Al alertar sobre la creciente informalidad laboral a pesar de que Yucatán registra una de las tasas de desempleo más bajas del país, con solo un 1.5%, dice que “este dato engaña: más de la mitad de la población ocupada trabaja en la informalidad, sin contrato, sin IMSS y sin prestaciones”.
“La informalidad laboral en Yucatán no es un problema pasajero ni individual: es una trampa estructural que impide a los jóvenes —incluso universitarios — construir proyectos de vida autónomos y dignos”, afirma.
“La combinación de empleos precarios, salarios bajos, demanda insuficiente de profesionistas calificados y un mercado inmobiliario en alza configura un escenario en el que independizarse se convierte en un privilegio, no en una etapa natural de la vida adulta”.
También revela que, según datos del Inegi, la tasa de informalidad en Yucatán es del 59.9%, con aproximadamente 749,000 trabajadores en esa condición.
“La realidad es que más de la mitad de la población yucateca ocupada trabaja en la informalidad: sin contrato, sin IMSS, sin prestaciones y con salarios que no alcanzan para vivir de manera independiente. Este fenómeno golpea especialmente a los jóvenes, incluidos los universitarios y egresados de la Uady”.
En entrevista con el Diario sobre la situación laboral de los jóvenes en la entidad, de manera directa responde: “Muy extendida y en aumento. Al cierre de 2025, casi 6 de cada 10 trabajadores yucatecos están en la informalidad”.
“Entre los jóvenes el problema es aún más agudo porque son los que menos acceden a empleos formales del sector privado”.
Jessica Canto describe que los empleos informales más comunes entre los jóvenes incluyen el comercio en tianguis, reparto de comida mediante aplicaciones como Rappi y Uber Eats, trabajo doméstico y en restaurantes sin contrato.
“El 54.3% de los trabajadores no agropecuarios labora en micronegocios que rara vez ofrecen acceso a prestaciones”, indica.
Informalidad en Mérida
La informalidad en Mérida (zona urbana) es del 43.6%, según resultados del ENOE 2025; en zonas rurales es de un 70% acorde a esa misma dependencia.
El IMSS reportó en 2024 que en la entidad los jóvenes (de 15-29 años) asegurados son solo 26.4% del total de trabajadores; hay condiciones críticas de ocupación con el 37.2%, según informes del Inegi, correspondientes al cuarto trimestre de 2025.
“Este fenómeno no es una elección libre; es el resultado de una economía que no genera suficientes empleos formales de calidad”, afirma.
Según agrega, la falta de oportunidades para los jóvenes se agrava por un mercado laboral que no premia adecuadamente la formación académica.
“Tener un título universitario ya no garantiza un empleo formal ni un salario digno, es el llamado diploma sin garantía, desafortunadamente”, advierte.
Como dato importante hace notar que, según el Programa Estatal de Juventud de Yucatán 2025-2030, una parte significativa de los ingresos juveniles está por debajo de la línea de bienestar; es decir, no alcanza para cubrir la canasta básica alimentaria y no alimentaria (UNFPA/Gobierno de Yucatán, 2021).
El sueldo mensual promedio de los recién egresados en Yucatán es de $4,238 (Profesionistas MX/Observatorio Laboral STPS) y Yucatán figura entre los cinco estados del país que menos pagan a egresados.
Además, los salarios de inicio que se pagan en Yucatán están entre los más bajos del país, independientemente de la carrera. De hecho, muchas de éstas tienen sobreoferta de egresados (Derecho, Administración, Contabilidad), lo que presiona los sueldos a la baja.
“Las redes de contacto siguen siendo más determinantes que el título para conseguir empleo formal bien pagado”, apunta. “Los primeros empleos suelen ser eventuales o sin contrato formal, creando una trampa: sin historial del IMSS, el siguiente empleo tampoco es fácil de formalizar”.
“Una parte importante de los egresados migra a Cancún, Playa del Carmen o Ciudad de México porque el mercado local no ofrece salarios acordes a su preparación”.
Los bajos salarios en Yucatán complican la posibilidad de que los jóvenes se independicen.
“El impacto es devastador. Con los salarios de inicio más comunes en Yucatán, independizarse es matemáticamente imposible sin apoyo familiar. Los precios de renta y compra en Mérida han subido hasta 50% en zonas intermedias, mientras los salarios crecen mucho más despacio”, puntualiza.
Como conclusión aritmética la especialista precisa que: “Con el sueldo inicial más frecuente de un joven yucateco ($4,238-$8,000), pagar una renta de $5,000 a $7,000 deja entre $1,000 y $3,000 para todos los demás gastos del mes… una cantidad imposible. El déficit mensual para vivir en forma autónoma puede ser de entre $1,000 y $8,000 dependiendo del caso”.
A todo eso, continúa, se suma la gentrificación en Mérida, donde en los últimos años las rentas aumentaron hasta un 50% en algunas zonas, impulsadas por la llegada de nómadas digitales, jubilados extranjeros e inversión inmobiliaria nacional e internacional.
Esto ha encarecido el mercado para los residentes locales, que ganan salarios yucatecos mientras compiten por vivienda con personas que tienen ingresos de otras ciudades o del extranjero.
La profesionista considera que las consecuencias de esta situación, más allá de lo económico, es que no independizarse retrasa la formación de familia, afecta la salud mental, limita la autonomía personal y genera frustración.
“Entre 2013 y 2023, Yucatán registró una caída sostenida de nacimientos entre mujeres de 12 a 29 años, posiblemente vinculada al retraso en los proyectos de vida por inestabilidad económica”, según datos del Inegi / Gobierno de Yucatán, 2025.
Panorama de los egresados de la Uady
Aunque con todo esto, en su opinión los egresados de la Uady “tienen ventajas claras frente al promedio juvenil yucateco, especialmente quienes estudian carreras del área de tecnología. Pero el título de la Uady tampoco garantiza salarios suficientes para la independencia, y el mercado formal no absorbe a todos los egresados”.
Por ejemplo, dio a conocer que son muchos los candidatos registrados que no son colocados por la Bolsa de Trabajo Uady en un año, 7,900 de 9,400 candidatos, el 84%, por estimación a partir de datos de la 18a. Feria del Empleo Uady en noviembre de 2023, publicados por Diario de Yucatán.
“Esto significa que por cada egresado de la Uady que consigue empleo formal vía Bolsa de Trabajo, hay aproximadamente 5 que no lo logran en ese mismo ciclo y deben buscar otros caminos, que con frecuencia son informales o de subempleo respecto a su nivel educativo”, indica.
Jessica Canto lamenta que los egresados sufren precariedad desde antes de egresar. “Los estudiantes de la Uady en prácticas profesionales reciben apenas $3,000 al mes, menos de la mitad del salario mínimo. Dependen completamente de su familia para subsistir durante esa etapa formativa”.
En su opinión, por eso se presenta “la válvula de escape”, que es la migración de talento, muchos egresados de la Uady con buen perfil optan por buscar trabajo en la Ciudad de México, Cancún, Playa del Carmen o trabajar de forma remota para empresas de otros estados o países.
Con todo lo expuesto destaca la necesidad de formalizar micronegocios, fortalecer la vinculación entre la Uady y el sector productivo, y crear programas de primer empleo que incluyan subsidios para empresas que contraten jóvenes.


