La alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, y el presidente de la Liga de Acción Social, Héctor Navarrete Muñoz (ambos a la derecha), durante el homenaje realizado ante el monumento del Parque de la Madre
La alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, y el presidente de la Liga de Acción Social, Héctor Navarrete Muñoz (ambos a la derecha), durante el homenaje realizado ante el monumento del Parque de la Madre

En el emblemático y céntrico Parque de la Madre las voces, la música y los recuerdos se hicieron nuevamente presentes ayer, durante el tradicional homenaje que desde hace casi un siglo organiza la Liga de Acción Social para honrar a las mamás yucatecas.

La ceremonia, de carácter cultural, solemne y fraterno, reunió a autoridades, estudiantes, académicos y familias enteras alrededor del monumento instalado el 1 de octubre de 1928, cuando la propia Liga de Acción Social impulsó la colocación de esta escultura traída desde París, concebida como símbolo permanente de gratitud a las madres.

La efigie es una réplica de la obra “Maternité”, del artista francés Charles Alfred Lenoir, realizada por su hijo André Lenoir a petición de la agrupación yucateca.

El homenaje lo encabezaron la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Mirna Manzanilla Romero, en representación del gobernador; la alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada; el presidente de la Liga de Acción Social, Héctor Navarrete Muñoz, así como directivos de las instituciones educativas vinculadas históricamente con este acto conmemorativo.

Entre ellos estuvieron el director de la Preparatoria Escuela Modelo, Osvaldo Avilés Rosado; el rector de la Universidad Modelo, Carlos Sauri Duch; la directora del Instituto Universitario Eloísa Patrón de Rosado, Gabriela Medina de Isaac, además de la directora del Colegio Consuelo Zavala y vicepresidenta emérita de la Liga de Acción Social, Eloísa Ancona.

El evento se inició con la participación de la banda de música de la X Región Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional, dirigida por el teniente Carlos Villanueva García, que interpretó el “Himno a la madre”.

De pie los asistentes acompañaron el canto envolviendo con gratitud y nostalgia el ambiente del parque, como si el tiempo hubiese hecho una pausa resaltando a la escultura centenaria.

Se abrió el programa oficialmente con la “Loa a la madre”, pronunciada por el doctor Raúl Vela Sosa, quien hiló referencias científicas, históricas, artísticas y poéticas para ensalzar la figura materna (lea el mensaje completo del doctor Vela Sosa, al final de esta nota).

Con la elocuencia que lo caracteriza, evocó desde la maternidad en la literatura universal hasta el papel de las madres como cimiento emocional y cultural de la sociedad.

La emotividad también llegó a través de las voces jóvenes. La estudiante Sofía Espósitos Mézquita declamó el poema de su autoría titulado “Madre”, mientras que alumnos de distintas instituciones compartieron pensamientos dedicados a sus madres, resaltando el amor, la guía y el acompañamiento cotidiano.

Homenaje en el Monumento a la Madre, en Mérida

También participaron la alumna Neisy Elisa Tun Chay; Dorian de Jesús Robledo Romero, representante de sexto grado; y Aily Estefani Kin Cantillo, quienes arrancaron sonrisas y lágrimas discretas entre los asistentes.

Las interpretaciones musicales “En tu día”, “Gema”, “Señora, señora” y “Amor eterno”, ejecutadas por la banda militar, terminaron de envolver la ceremonia en una atmósfera profundamente sentimental.

Cada melodía parecía colarse entre los recovecos del parque, despertando memorias familiares entre quienes acudieron al homenaje.

Como una de las novedades de esta edición, además de la traducción a lengua de señas realizada por las estudiantes Montserrat Piña Martínez y América Che Moguel, se incorporó un mensaje en lengua maya a cargo de Gloria Briceño Guillermo, quien compartió reflexiones sobre la crianza y agradeció la oportunidad de contribuir a un evento más incluyente.

En su mensaje, la alcaldesa Cecilia Patrón expresó a las madres: “Gracias por cuidar de Mérida, nosotros cuidamos todos los días de ustedes y sus familias”.

También las reconoció como el pilar más importante de la sociedad meridana.

Asimismo, compartió particularmente como ejemplo y orgullo a su madre, de 97 años de edad, a quien calificó de una gran bendición en su vida, al tiempo que invita a las familias meridanas a reconocer y consentir a las madres este 10 de mayo y los 365 días del año.

Tras los mensajes y presentaciones artísticas se realizó la tradicional ofrenda floral al monumento de la maternidad, uno de los momentos más simbólicos de la jornada, mientras decenas de asistentes observaban en silencio el tributo a las madres yucatecas de ayer y de hoy. — DARINKA RUIZ MORIMOTO

Ceremonia del 10 de mayo

La Liga de Acción Social realizó ayer su tradicional homenaje para las madres yucatecas.

Centenario

Al cierre del evento el presidente de la Liga de Acción Social, Héctor Navarrete Muñoz, adelantó que la organización ya se prepara para la conmemoración de los 100 años del Parque de la Madre, con la expectativa de reunir a nuevas generaciones de estudiantes y familias que, durante décadas, han dado vida a esta tradición.

Innovaciones

Según destacó, la modernización de la Liga ha permitido incorporar elementos como la interpretación en lengua de señas, los mensajes en maya y la transmisión en vivo en redes sociales, buscando mantener vigente un homenaje que desde 1928 permanece como una de las expresiones más entrañables de la vida cultural y social de Yucatán.

Mensaje de Raúl Vela Sosa

Homenaje en el Monumento a la Madre, en Mérida

Esta mañana, como cada año y desde hace muchos, estamos ante el Monumento a la Maternidad, inaugurado a iniciativa de la Liga de Acción Social de Mérida, quien para la conmemoración del Día de la Madre, promovió  la colocación de un memorial esculpido, como tributo permanente a este sublime ser.

En la década de los veinte, en el proceso de construcción del nuevo Estado mexicano de la postrevolución, en la búsqueda por arraigar los valores y sentimientos de nuestra identidad, se inaugura esta estructura que ha perdurado desde entonces, para enaltecer la figura de la madre.

En la cultura maya, la diosa Ixchel, simboliza el embarazo y es la patrona del parto. La maternidad era entendida entre los mayas como la extensión de  la madre tierra. La madre maya era quien transmitía el conocimiento y con ello se preservaba la sabiduría.

Es la madre la que nos da la vida, es la madre la protectora. La tierra es madre. En la tradición de los pueblos andinos prehispánicos, la tierra es la Pacha Mama, venerada como madre naturaleza, donde se reproduce la vida, la que nos da el alimento. El hombre es el hijo de la tierra. La madre es dadora de todo.

Madre del latín Mater. A unos metros de este sitio, está, para muchos de nosotros, nuestra Alma Mater: La Universidad, la madre que nos nutre de sabiduría, de donde nacemos y en donde crecemos con nuevos conocimientos. La madre del intelecto.

El homenaje a la maternidad, es tema universal que pervive en la motivación y creatividad de mentes lúcidas e inmortales a lo largo de la historia.

La madre como fuente de inspiración en el arte.

En nuestra tierra peninsular, la trova se ha inspirado en la figura de la mujer y ha extendido su homenaje a la madre en las tradicionales serenatas del décimo día de mayo. De los más recurridos ejemplos es el vals “Reina de Reinas”, de la autoría del siempre admirado y recordado don Jesús “Chucho” Herrera.

A nivel nacional e internacional, en primerísimo lugar destaco la canción “Que alegre va María”, de la autoría de nuestro paisano el gran Sergio Esquivel; la cual es un excelso poema a la mujer que gozosa lleva su dulce espera en feliz diálogo con el fruto de su ser, pieza cuya mejor interpretación ha sido la de la también yucateca, Imelda Miller.

Canciones populares como “Amor Eterno” y “Señora, Señora”, son tributos de amor a la imagen materna.

El cantautor brasileño Roberto Carlos, en su canción “Lady Laura”, dedicada a su madre, nos recuerda que llevamos dentro el niño que fuimos y que la madre aún cree tener.

El mundo antiguo nos legó obras literarias perpetuas en donde la figura de la madre está presente.

En La Odisea, poema épico griego de Homero, Anticlea, la madre de Odiseo, de gran corazón y bondad, se le aparece en el Hades, en el inframundo, cantándole, ella es un fantasma, pero le transmite a su hijo, la noticia de su propia muerte, causada precisamente, por la tristeza debido a la larga ausencia de él, a quien esperaba que regresara al reino de Ítaca, después de la Guerra de Troya. Odiseo queda devastado ante tal revelación, pero es ese su gran amor por su madre, y el recuerdo que ella murió esperando su regreso, lo que lo  motiva a superar con ingenio al dios Poseidón y retornar a casa.

En la poesía moderna, perdurable mención se hace de la personalidad materna.

Gabriela Mistral, desde su estilo íntimo de amor, en su obra “Dulzura”, en su papel de hija, dice:

“Madrecita mía, madrecita tierna, déjame decirte dulzuras extremas”.

Y en su obra “Apegado a mí”, ya como madre, a su hijo le expresa: “Velloncito de mi carne, que en mi entraña yo tejí, Velloncito friolento, duérmete apegado a mí”.

Miguel de Unamuno, con su apasionada característica, manifiesta:

“No te vayas de mi lado, Cántame el cantar aquel. ¿Qué dice el cantar, mi madre? ¿Qué dice el cantar aquel­?”. No dice hijo mío, Reza, reza palabras de miel”.    

Manuel Acuña,  en su intensidad, escribe:

Entre los lirios morados y las camelias hermosas, entre las mágicas rosas, busqué una flor para ti. Aunque todas eran puras, encantadoras y bellas, ninguna entre todas ellas, que fuese digna de ti”.

Manuel Gutiérrez Nájera, en su poesía refinada, declama:

“Muchas penas te he causado madre sana, con mi loca juventud. De rodillas a tu lado, hoy mi labio solo invoca la virtud”

Mario Benedeti, en su narrativa cotidiana, confiesa:

“Doce años atrás tuve que irme. Dejé a mi madre junto a su ventana, mirando la avenida. Ahora la recobro, solo con un bastón de diferencia”.

Carlos Pellicer, desde su espíritu del trópico, revela:

“Cuando me enseñó a leer, me enseño también a decir versos, y por ese tiempo me llevó por primera vez al mar”.

El premio Nobel, Gabriel García Márquez, en su prosa de realismo mágico, nos expone que:

El sentido del olfato es el más evocador. Más fácilmente nos traslada a episodios remotos y nos permite revivirlos”

El gran Gabo, hizo esta declaración al revelar que la memoria más antigua que tenía de su madre era su olor, su perfume.

Nicolás Guillen, desde su cubanía o cubanidad, en su obra Motivos del Son, orgulloso de su mestizaje, herencia de negritud, en lenguaje coloquial, nos habla de “Mamá Iné (….) tu abuela sé quién é.”

En el arte de la pintura, también se solemnizan a la madre y la maternidad. Obras famosas como: “Maternidad” de Picasso; “Retrato de la madre” de James Whistler; “El baño del Niño” de Mary Cassatt; “La Cuna” de Morisot, y “Madre” de Joaquín Sorolla, muestran las versiones íntimas, conmovedoras, amorosas, tiernas de la madre y sus hijos.

Ejemplos de la parte dura en el arte y expresión visual, los encontramos en David Alfaro Siqueiros, en sus obras “Madre Proletaria” de 1931 y “Madre Niña”  de 1956.

En la primera, es la imagen de la opresión del subdesarrollo, la madre trabajadora, quien enfrenta las adversas condiciones económicas y materiales en el hogar, responsabilizándose del presente y futuro de sus hijos.

En la segunda, se aprecia la figura de una niña, que en ausencia de la madre, ella es quien cuida a sus hermanos. Drama de miles de hogares de menores con  madurez temprana, de pérdida de la infancia, sustituida ésta, por la responsabilidad de realizar cuidados maternales anticipados.

En la industria cinematográfica se ha abordado la singular y amorosa relación de madre e hijos.

En comedias musicales como en “Mama Mía”, “El Club de las madres rebeldes” y  “Amor de Madre”, entre otras.

En dramas como: “Todo sobre mi madre;”  “Lady Bird”, y “Quédate a mi lado”. Sin olvidar el drama y terror que conmovió a toda una época del cine, con la cinta  “El Bebé de Rosemary”, la lucha de una madre por salvar a su futuro hijo de los poderes malignos.

En la historia de México, se registran casos de madres heroicas.

En el movimiento de Independencia, Leona Vicario, es de las primeras mujeres periodistas, una intelectual al servicio de su patria. Perseguida por mantener sus ideales, se traslada, en pleno embarazo, a territorio de batallas. Es en una cueva, en tierra caliente de Michoacán, asistida por una partera, en donde da a luz a su hija Genoveva. La maternidad la motiva, continúa al lado de su esposo, el yucateco Andrés Quintana Roo, quien sería el asistente de José María Morelos, en la redacción de “Los Sentimientos de la Nación”. Leona Vicario, mantiene su labor periodística independentista.

Al convenirse el fin de la guerra, y con la imposición del entrecomillado imperio de Iturbide, la esposa de éste, con pretensiones de emperatriz, intenta convocar a Leona Vicario para que forme parte de su séquito. La Insurgente, contraria a la idea de una monarquía en México, contestó a la invitación, de manera firme e  inteligente, expresando que no puede ser súbdita en un palacio la que es reina en su hogar.

Durante la etapa de la Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma y la intervención francesa, Margarita Maza, esposa de Benito Juárez, es el ejemplo de la madre entregada a su familia y a la causa republicana. Tejiendo ropa y a cargo de un expendio de pan, Margarita Maza es el sustento de su hogar mientras su esposo se organizaba desde el destierro con los patriotas para hacer frente a la dictadura de Santa Ana.

Durante la intervención francesa Margarita Maza, es exiliada en los Estados Unidos, desde ahí hace las veces de representante del gobierno legítimo de México, contribuyendo a que no fueran reconocidos los regímenes de facto de los conservadores y de los invasores franceses. Organiza grupos de apoyo, recauda fondos para la salud de los soldados del ejército nacional y para las familias de las víctimas y todo ello, en las peores condiciones económicas y de estado de ánimo. En menos de un año, mientras su esposo mantenía la república itinerante, Margarita vio morir a dos de sus hijos, por el intenso frío y no teniendo las condiciones para soportarlo, los pequeños enfermaron y fallecieron. Como madre estaba destrozada, pero en honor a ellos, para que su muerte valiera la pena, mantuvo firme su labor republicana.

En la revolución mexicana, otra Margarita, madre de los hermanos Enrique, Jesús y Ricardo Flores Magón, dio una lección de amor y entereza. Mientras sus hijos estaban detenidos, acusados de rebelión contra la dictadura Porfirista, Margarita Magón agonizaba en su hogar. Un enviado gubernamental le ofreció la oportunidad de llevarles a sus hijos a su lecho, para que los viera por última vez, con la condición de que intentara convencerlos de traicionar sus ideales y dejar la lucha, y de ser así, serían liberados. Margarita Magón, a esa infame solicitud, respondió:

“Díganle al general Díaz, que escojo morir sin ver a mis hijos (…..) que prefiero verlos colgados de un árbol a que se arrepientan de algo que hayan dicho o hecho”.

El valor económico de la mujer

Fueron hechos económicos los que contribuyeron a entender que la mujer era dueña de su destino.

La revolución industrial en su segunda fase permitió la valoración social de la mujer, ante los nuevos descubrimientos que transformaron la vida social y separaron la actividad productiva de la actividad administrativa de las fábricas.

Harriet Taylor Mill, a quien debemos un preciado legado en el activismo feminista y en el pensamiento económico del siglo XIX, planteó que la subordinación de un sexo al otro, constituía un obstáculo al desarrollo y al progreso humano. Ella era madre de tres niños y esposa del afamado filósofo y economista británico John Stuart Mill. Ambos afirmarían que la eliminación de impedimentos permitiría el desarrollo de capacidades de las mujeres. Para ellos la educación era un derecho de la mujer. La tesis de los Mill se convirtió en un libro que con fuerte impacto recorrió Europa, Estados Unidos y Australia, y contribuyó a que naciera en Inglaterra, la poderosa Asociación Nacional por el Sufragio de la Mujer.

John Stuart Mill, en su autobiografía declaró que su esposa Harriet, había sido la coautora de lo mejor de sus escritos. De manera explícita, acepta la influencia intelectual y reconoce su participación valiosa en sus obras como Principios de Economía Política (1848), Sobre la Libertad (1859) y la Esclavitud Femenina (1869). Todo un  escándalo intelectual en la era conservadora de la Inglaterra Victoriana, donde la mujer era considerada exclusivamente para deberes del hogar. Harriet es hoy una madre admirada en el reino unido.

Expresiones del Dolor Social de las madres

En el último tercio del siglo pasado, las dictaduras militares en el sur de nuestro continente, trajeron muertes y desapariciones. En Buenos Aires, en la Plaza de Mayo, un grupo de mujeres empezaron a reunirse de manera semanal para exigir informes sobre sus hijas e hijos desaparecidos por el régimen. A Ellas se les empezó a denominar “Las madres de la Plaza de Mayo”.

Se tuvo noticia que algunas de las jóvenes secuestradas, sometidas a torturas, habían dado a luz en cautiverio, y que se les había despojado de sus criaturas recién nacidas. Entonces la exigencia de las madres se amplió por conocer el paradero de sus nietos, así surge la vertiente de las “Abuelas de la Plaza de Mayo”. Mujeres, madres y abuelas, en manifestaciones permanentes, luchando por el derecho a la vida. A la fecha han encontrado más de 140 nietos.

Siempre, en algún lugar del mundo hay una guerra; muchas noticias nos dicen  sobre la destrucción en infraestructura, sobre las pérdidas en las bolsas de valores, sobre la escasez de productos, sobre el crecimiento de los precios, en esas condiciones, pero pocas nos dicen sobre las madres que lloran todos los días por la pérdida de seres a quienes les dieron vida y los intereses bélicos les dan muerte. Esas son historias incompletas o mal contadas.

Pero retomemos el propósito celebratorio que la Liga de Acción Social le dio a este día. Es oportunidad de manifestar nuestra gratitud a ese gran ser que se sacrifica, protege, educa, en su enorme capacidad de amar.

El que hoy les habla, como el poeta Carlos Pellicer y muchos otros, tuve la fortuna de mi madre fuera la que me enseñara mis primeras letras, mis primeros números y mis primeras canciones.

La madre es entonces la primera maestra, es la sabia mentora, es quien nos enseña a descubrir a la sociedad y sus relaciones, y alertarnos para el mundo y sus contradicciones.

Es la madre, el ser generoso que en todas las sociedades propicia la reunión en familia, por eso es la que hoy nos reúne en su honor.

Nos reunimos ante este monumento meridano que nos recuerda el sublime amor, que aunque  se simboliza  en una escena cotidiana, su expresión es poética y eterna.

Nos reunimos a reiterar que la vida, es el más bello misterio de la humanidad, y que su principal protagonista es la mujer: La Madre.

Venimos hoy con voluntad, con sentimiento, con compromiso afectivo, a su memoria.

Venimos, en un solo aliento, a decir: Feliz Día de la Madre.

Muchas gracias.