La reducción de áreas naturales que absorban el agua de lluvia en la capital yucateca hace necesario un nuevo sistema de drenaje que capte y evite la contaminación del manto acuífero y las inundaciones, señala el arquitecto Fernando José Alcocer Ávila, presidente del Colegio de Arquitectos de la Zona Metropolitana de Mérida (Cazmm).
Aunque existen varias opciones de drenaje para las ciudades en crecimiento, como Mérida, Alcocer Ávila destaca el sistema de captación de agua pluvial conocido como campos o aguadas, que concentran el agua y por medio de filtros se trata y se inyecta descontaminada al acuífero.
Otro sistema de captación de agua pluvial es por medio de cisternas, que en vez de inyectar el líquido al subsuelo se reutiliza para riego de jardines urbanos y camellones de avenidas.
Esos sistemas de drenaje adicionales a los pozos permitirían desahogar mucha agua sin que sature los pozos, recalca. Por ejemplo, la avenida 128 rápidamente se satura los pozos de agua y ya no absorben, por lo que se inunda y colapsa el tránsito vehicular y causa problemas a los habitantes por varios días.
Impacto en las inundaciones en Mérida
Entrevistado sobre si el crecimiento urbano de Mérida tiene impacto en las inundaciones, el experto reconoce que sí, pues la reducción de áreas en condiciones naturales limita la capacidad de absorción de aguas pluviales, y se suman los metros cuadrados sobre vialidades y la cantidad recibida de lluvia multiplica el agua para absorber.
Aunado a que los pozos tienen una capacidad establecida por el subsuelo y la superficie asignada, aumenta la cantidad de agua porque muchos predios la tiran a la calle y el sistema de absorción se ve rebasado.
“No podemos dejar de ver que la cantidad de agua que cayó en la ciudad ha sido extraordinaria, tal como sucedió en 2020”, recuerda.
“Teniendo menos área, el agua se va sumando y rebasa en mucho lo planeado. Es importante que la gente tenga conciencia que ellos al tirar sus aguas a la calle, las que le corresponden en su terreno, aumentamos el problema que luego nos afecta a todos”.
“Somos parte del problema y si esperamos que el Ayuntamiento lo resuelva, simplemente lo empeoramos”.
También manifiesta que, después de dos días de lluvias intensas el manto freático y el subsuelo están saturados, lo que disminuye la capacidad de absorción del líquido, prolonga los encharcamientos y provoca daños en las pavimentaciones.
¿Existe una estimación de cuánta superficie de absorción natural ha perdido Mérida en la última década por el crecimiento horizontal?
“No se tiene una superficie contabilizada, pero podemos encontrar una idea, conociendo lo que la ciudad ha crecido”, dice.
“Mérida cuenta con 22 mil hectáreas y de acuerdo con la norma de construcción, el 80% se ocupa, lo que nos daría una idea general.
También es importante reconocer que la OMS establece como parámetro, que deben existir al menos 9 m2 de áreas verdes por habitante y en Mérida solo existen 6.3 m2 por habitante, de acuerdo con datos de 2018”.
¿La velocidad con la que se pavimenta la ciudad ya rebasó la capacidad técnica de los pozos pluviales que diseña el Ayuntamiento?
“No, porque de acuerdo con las normas municipales, debe existir nuevos pozos por un área tributaria de 350 m2 por pozo. Si se hacen nuevas pavimentaciones tiene que existir pozos nuevos por las características del subsuelo”, comparte.
“Cuando se presentan lluvias extraordinarias y el suelo se satura se reduce la absorción y hasta las zonas verdes y arboladas se encharcan. Las normas están hechas para que el rango de superficie trabaje de acuerdo con lo planeado, pero con condiciones de saturación que hemos tenido, la ciudad va a padecer porque no están dadas las condiciones para que los sistemas funcionen correctamente”.
¿Qué impacto tiene la pérdida del suelo de absorción en la calidad del agua de nuestro acuífero?
“Está en riesgo, pues los sistemas que se usan en nuestra ciudad son altamente contaminantes ya que el agua de lluvia arrastra todos los residuos que se encuentran en las calles, como basura, heces, lubricantes, sustancias tiradas por la gente, y se inyectan directamente al acuífero”.
“Desde hace muchos años, al menos 20, se señala al Ayuntamiento que los pozos pluviales inyectan toda el agua con lo que trae al manto freático y pone en riesgo nuestro acuífero. Es urgente implementar un nuevo sistema de drenaje. Las cisternas que se construyeron desde la administración pasada, los pozos están en el fondo y todo se infiltra al acuífero, eso es muy grave”.
Al no filtrarse el agua a través de la tierra y las plantas, ¿las corrientes pluviales arrastran más contaminantes directamente a los pozos?
“Es correcto, al recolectar las aguas hacia los pozos, todos los residuos que se dejan en el pavimento, se infiltran directamente al acuífero”, confirma.
“Se presenta una condición de alto riesgo, pues no existe un control ni mucho menos un método de cuidado. Las trincheras, que aunque algunas cuentan con campo previo, al estar saturadas, no funcionan en forma correcta y también son espacios donde el agua entra en contacto con el subsuelo y permite filtraciones contaminantes al acuífero”.
¿Por qué la mayoría de los ciudadanos en Mérida optan por pavimentar por completo sus patios y frentes de sus propiedades?
“Eso es algo que no se puede controlar, pues cuando por necesidad de crecer y tener mejores condiciones de habitabilidad en sus casas, la mayoría de las personas usa de lo que disponen”.
“Si requieren una cochera, usan el espacio que les queda al frente; si requieren áreas de uso familiar como sus patios, los pavimentan para su aprovechamiento; todo esto, aunque es una realidad, sí tienen la obligación de ver que el agua de lluvia de sus casas no se tire a la calle. Debe existir algún pozo o registro que permita esta absorción, eso debe ser algo obligado por cada uno de nosotros”.
¿Es por estética, mantenimiento o seguridad?
“La mayor parte de las veces es porque necesitan para su propio uso esos espacios de su terreno; por condiciones de ocupación de espacios que cuentan, pues es normal que dispongan de ellos aunque no consideran que van a hacer con el agua y decide mandarlas a la calle, complicando el funcionamiento urbano”.
¿Hay algún cálculo de cuántos grados centígrados aumenta la temperatura al interior de su vivienda debido a la radiación que absorbe el concreto?, se le cuestiona.
“No se conoce ese dato, al menos no contamos con datos concretos y ciertos. Sí sucede que el impacto sobre el viento que circula y arrastra la irradiación de calor hace menos eficiente la ventilación y permite que el calor entre a las casas”.
“Se mantiene la sensación que se genera en las calles, donde mediante las corrientes con el calor entra aire mucho más caliente y las viviendas se sienten más calientes, cuando deberían de reducirlo, pero tienen fuentes de calor en sus espacios que deberían funcionar como enfriadores”.




