No se puede afirmar que todos los fabricantes actúen con malicia, pero existen casos documentados que sugieren una tendencia hacia la obsolescencia programada, especialmente en dispositivos tecnológicos como teléfonos inteligentes y computadoras portátiles.
Carlos Brito Loeza, catedrático de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), define la obsolescencia programada como “la práctica de diseñar productos con una vida útil intencionadamente corta para fomentar su reemplazo”.
También explica que esta estrategia puede manifestarse de distintas maneras, desde componentes mecánicos que se desgastan prematuramente hasta software que deja de recibir actualizaciones y termina haciendo que un dispositivo sea obsoleto.
“Incluso hay un aspecto de obsolescencia percibida, donde el producto sigue funcionando, pero campañas de marketing inducen al consumidor a creer que necesita un reemplazo”, señala.
El académico indica que la forma en que se presenta este fenómeno depende del tipo de producto.
En los artículos con componentes mecánicos, por ejemplo, puede estar relacionada con piezas que se desgastan antes de tiempo, en tanto que en dispositivos electrónicos puede ocurrir cuando dejan de recibir actualizaciones y pierden compatibilidad con hardware o software más recientes.
También se da el caso de los fabricantes que dejan de producir las piezas de repuesto, lo que dificulta o imposibilita reparar determinados productos.
Brito Loeza considera que los teléfonos inteligentes están entre los dispositivos más afectados por esta tendencia, debido principalmente a la degradación de sus baterías y a los periodos de actualización de software.
Las computadoras portátiles enfrentan problemas similares, especialmente ante las nuevas versiones de sistemas operativos.
En cambio, los electrodomésticos tradicionales suelen tener una vida útil más prolongada, situación que, a decir del especialista, demuestra que la durabilidad depende en buena medida de las decisiones de diseño y no necesariamente de una limitación técnica.
“Un ejemplo emblemático es el cártel Phoebus de los años veinte, que limitó la duración de las bombillas a mil horas. Más recientemente, Apple fue multada por ralentizar modelos antiguos de iPhone”, comenta.
Agrega que en años recientes se han documentado casos relacionados con fabricantes de impresoras que enfrentaron demandas por bloquear cartuchos mediante chips o detener equipos a través de contadores internos de páginas.
Sin embargo, el académico considera que lo más común no necesariamente es un sabotaje intencional, sino decisiones de diseño en las que priorizan el costo y la estética sobre la durabilidad.
Entre ellas menciona las baterías pegadas que no pueden sustituirse fácilmente, las carcasas selladas, piezas de repuesto costosas o inexistentes y periodos cortos de soporte de software.
“El resultado práctico es el mismo, un aparato que muere antes de tiempo, aunque la intención sea abaratar la producción y no obligar al usuario a comprar”, explica.
Medidas para exgender el tiempo de vida
El catedrático recomienda a los consumidores adoptar medidas para extender la vida de sus dispositivos.
En el caso de las baterías, sugiere evitar mantenerlas constantemente cargadas al 100 % y evitar también que se descarguen por completo.
Para las computadoras, plantea considerar sistemas operativos abiertos como Linux, que pueden ayudar a mantener en funcionamiento equipos más antiguos.
También recomienda elegir marcas que ofrezcan periodos prolongados de actualizaciones y que tengan un compromiso con la reparabilidad.
No obstante, señala que existen situaciones en las que sustituir un aparato sí está justificado.
“Si un dispositivo deja de recibir parches de seguridad, es un riesgo usarlo para transacciones bancarias. También, si la reparación cuesta más de la mitad del valor de un nuevo equipo o si el aparato ya no cumple su función, es hora de considerar un reemplazo”, argumenta.
Su regla general es sencilla: “Si el aparato funciona y es seguro, lo más económico y ecológico es conservarlo”.
Huella de carbono
Cada año adicional de uso de un teléfono, agrega, reduce significativamente su huella de carbono, debido a que el mayor impacto ambiental ocurre durante su fabricación y no durante su utilización.
Sin embargo, también existen excepciones por consumo energético. Algunos aparatos antiguos, como lavadoras, aires acondicionados o refrigeradores, pueden consumir tanta energía que sustituirlos por modelos más eficientes puede resultar conveniente en pocos años.
Con esta perspectiva, el académico invita a los consumidores a reflexionar sobre sus decisiones de compra y a considerar la obsolescencia programada como un factor relevante en un contexto donde la sustentabilidad cobra cada vez mayor importancia.




