“En cualquier estrato social se consume pornografía infantil, no es cuestión de preparación académica o religión”, indica al Diario Víctor Chan Martín, coordinador de la Red de Protección a las Infancias de Yucatán. En la foto, ciudadanos de la comisaría de Tesoco, en Valladolid, protestando en junio pasado debido a un caso de abuso sexual contra un alumno por parte de un trabajador de la telesecundaria “José Inés Novelo”
“En cualquier estrato social se consume pornografía infantil, no es cuestión de preparación académica o religión”, indica al Diario Víctor Chan Martín, coordinador de la Red de Protección a las Infancias de Yucatán. En la foto, ciudadanos de la comisaría de Tesoco, en Valladolid, protestando en junio pasado debido a un caso de abuso sexual contra un alumno por parte de un trabajador de la telesecundaria “José Inés Novelo”

El problema de la pornografía infantil tiene víctimas en varios sentidos, señala Víctor Chan Martín, psicoterapeuta y coordinador de la Red de Protección a las Infancias de Yucatán.

“Las hay desde aquellas que son utilizadas en la producción de material hasta aquellas que están expuestas al ataque de miles de porno adictos, hombres (y algunas mujeres) allá afuera que están viviendo una sexualidad insana; están buscan de menores para satisfacer sus instintos, van a parques, reuniones de niños, plazas comerciales…”.

“Su necesidad de satisfacer sus deseos se torna incontrolable, la dopamina liberada es tan fuerte que ésta misma pide más placer, les lleva a hacer cosas que ni ellos mismos creían que podían llegar”, indica.

Estudios a escala nacional revelan que un agresor sexual puede tener de 50 a 60 víctimas. De éstas, la mitad es casi seguro que con el paso de los años ocurre el mismo evento, pero con otra víctima.

Esto lleva a una multiplicación exponencial de agresiones, y así sucesivamente al cabo de tres generaciones podrían ser casi medio millón de víctimas potenciales.

“Los medios nos han revelado casos escandalosos, exhibicionistas, gente que usa el celular y camas para fisgonear, personas perversas que arriesgan todo por el placer; atrapadas por pornografía infantil harán lo que sea”.

“Pobres o ricos, en cualquier estrato social se consume pornografía, no es cuestión de preparación académica, religión o vida exitosa; consumir pornografía infantil está latente”.

“Conozco el caso de una mujer que vendía a su hija de nueve años por $50; la mujer se suicida, la niña también, una tragedia, pareciera que la necesidad económica detonara la explotación sexual de los menores en el seno del hogar, tal vez, pero no es la regla”.

“En el caso del fotógrafo o creador de contenido, yo creo que quiere dinero, pero más allá del dinero, es una forma de autosatisfacerse”, precisa el entrevistado.

Sobre el estupro, el especialista comenta que no tiene vuelta de hoja, es un delito y la menor o el menor son protegidos por la ley y condena al agresor”.

Este delito ocurre cuando un menor de edad abusado sexualmente por un adulto pretextando, un acto consensuado entre ambos, pero el argumento no procede, ya que para efectos legales un menor de edad no tiene la madurez ni conciencia para tomar decisiones en lo sexual.

Sin embargo, es sabido de casos de hombres o mujeres de 17 años de edad que usan su cuerpo para obtener dinero, en éste caso el riesgo y la sanción delictiva sería por quien contrata o paga por sexo servicio.

“Cuando una adolescente tiene conductas seductoras ante un adulto, el problema es del adulto que debe poner límites a esas conductas”.

“Los menores buscan afecto y reconocimiento, también acceder a ciertos bienes; una especialista en la materia, Paula Di Blasio, señala que el adulto es perfectamente capaz de poner por sí mismo un alto a la situación, no así el menor”, dice el experto.

Chan Martín hace un llamado a los padres de familia a estar muy al pendiente de lo que ven sus hijos y la forma en que los integrantes de la familia, amigos, cercanos y conocidos los tratan; tener comunicación constante con los menores; denunciar, como primera acción, cualquier agresión para tomar las medidas de protección a la víctima y solicitar apoyo psicológico para la misma.

Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.