La avicultura atraviesa una temporada complicada por las crecientes importaciones de pechuga de pollo deshuesada de Brasil, que arroja pérdidas por más de 27 mil millones de pesos.
Tan solo en Yucatán, en los próximos cinco o seis meses reducirá hasta en un 10% su producción que actualmente es de tres millones 25 mil animales a la semana, informa Jorge Puerto Cabrera, presidente de la Unión de Avicultores en el Estado.
De acuerdo con la Asociación Nacional de Avicultores de México (ANAM), las compras de pechuga deshuesada brasileña pasaron de unas 90 mil toneladas en 2022 a más de 196 mil en 2025, un incremento de 118%.
Esta alza, según la industria, se tradujo en pérdidas superiores a 27 mil millones de pesos entre agosto de 2025 y el 12 de agosto de 2026.
Puerto Cabrera señala que esta situación hace perder a los avicultores yucatecos de 400 millones a 500 millones de pesos al mes, entre lo que antes vendían de pollos y huevos.
De este último producto se estima que habrá un ajuste del 12% menos en próximas fechas.
El dirigente local revela que recientemente Lorenzo Martín Martín, presidente del Consejo Directivo de la Unión Nacional de Avicultores (UNA), dio a conocer que las crecientes importaciones de pechuga de pollo deshuesada de Brasil, país con el que México no tiene tratado de libre comercio, dejó de ser solo un tema de competencia para convertirse en un riesgo directo para el empleo rural, la inversión y el desarrollo regional.
El avicultor yucateco recuerda que el estado ocupa hoy el quinto lugar nacional del país en producción avícola, con tres millones 25 mil animales a la semana, cantidad que poco a poco empiezan a reducir.
Se calcula que en unas seis semanas a más tardar se bajará a menos del 10%.
A escala nacional se reporta que la producción de pollo genera más de 886 mil empleos directos e indirectos, pero hoy, por cada mil toneladas importadas se dejan de producir cuatro millones de pollos y de crear 280 plazas, lo que implica más de 40 mil 700 empleos que no se generaron desde 2022 por el producto brasileño.
Puerto Cabrera manifestó que por la inundación de este producto de Brasil, al menos en Yucatán pierden entre ocho y 10 pesos por cada pollo que venden, ya que tienen que bajarse para competir con los precios que imponen los brasileños en el mercado mexicano.
“No es una competencia justa, los costos de Brasil en su producción son muy diferentes, más bajos que en México, los brasileños son el número 1 en producción de todas las carnes, tienen muchas ventajas, como tener junto a ellos la producción de sus insumos como el sorgo y otros productos; por si fuera poco, ni siquiera pagan aranceles al meter su producción avícola a México”, advierte.
Brasil goza de ventajas relevantes en disponibilidad de tierra, agua, granos, oleaginosas y otros insumos esenciales, apunta, mientras que una parte importante de los insumos que utiliza la avicultura mexicana debe importarse y pagarse en dólares, esto pone en desventaja a México para competir con los brasileños.
A este panorama se suma que la Unión Europea excluyó recientemente a Brasil de la lista de países autorizados para exportar carne de ave, por incumplimientos en el uso de antimicrobianos, por lo que parte de ese volumen podría redirigirse a México.
“No pedimos cerrar fronteras, pedimos reglas equilibradas”, subraya el líder nacional de la UNA, al urgir a la Presidencia que sustituya la exención arancelaria vigente por un cupo de importación con reglas claras, que complemente el mercado sin desplazar inversión ni empleos en el campo mexicano.
En un comunicado se añade que, para la UNA, esta situación reduce la capacidad de reinversión y aumenta la incertidumbre sobre proyectos que implicarían mayor producción y nuevos empleos.
“Cada proyecto que se pospone por falta de certidumbre representa empleos que no se crean y oportunidades que no llegan a las comunidades rurales”, afirma.


