Una pasada feria del empleo. Las personas con una educación básica trunca se enfrentan a retos al momento de concursar por una vacante, advierte un investigadorde la Universidad Autónoma de Yucatán
Una pasada feria del empleo. Las personas con una educación básica trunca se enfrentan a retos al momento de concursar por una vacante, advierte un investigadorde la Universidad Autónoma de Yucatán

MÉRIDA.- “La escolaridad no garantiza un buen empleo, pero la ausencia de la escolaridad básica sí puede convertirse en una barrera adicional para conseguirlo“.

Así lo manifiesta Galo Emmanuel López Gamboa, catedrático y coordinador de la Licenciatura en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).

No concluir la primaria o la secundaria, advierte, “ya no es solo no tener un certificado”, sino una barrera concreta para acceder a mejores empleos en una ciudad donde casi la mitad de la población ocupada está en la informalidad.

El rezago educativo forma parte de un círculo de desventajas vinculado con la pobreza, los bajos ingresos y la falta de seguridad social, subrayó el investigador.

Así lo documenta el Coneval en su medición multidimensional, donde la secundaria inconclusa se considera una carencia social básica.

Mérida tiene empleo, pero el rezago educativo limita las oportunidades laborales

En un análisis que elaboró para el Diario sobre el impacto social y laboral del rezago educativo, fenómeno que afecta a más de medio millón de yucatecos, el especialista señala que no concluir la educación básica tiene consecuencias que van mucho más allá de carecer de un certificado.

En el mercado laboral actual, la primaria y, sobre todo, la secundaria terminada funcionan cada vez más como un umbral mínimo de acceso.

“Una persona puede tener experiencia, conocimientos adquiridos en el trabajo y muchas capacidades, pero no contar con el documento que le permita demostrar formalmente ese nivel educativo reduce el conjunto de empleos a los que puede aspirar”.

Sin embargo, el fracaso escolar no debe entenderse solo como una situación individual, añade.

“Abandonar la escuela tiene una dimensión educativa y social, y puede restringir las posibilidades de empleo, promoción y movilidad social. Al mismo tiempo, el fracaso, el rezago y el abandono no deben entenderse solo como falta de esfuerzo de las personas, sino que atraviesan condiciones económicas, familiares, culturales e institucionales”.

En una ciudad como Mérida, apunta, el problema no es la falta de empleo, pues hay una economía laboralmente activa y diversificada, sino el tipo de empleo al que se puede acceder.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el segundo trimestre de 2026 Mérida tenía una tasa de informalidad laboral de aproximadamente 46.3%, cita el académico.

Es decir, prácticamente la mitad de la población ocupada estaba en alguna modalidad de informalidad, lo que evidencia que “tener trabajo no elimina la precariedad”.

“Por tanto, una persona sin educación básica completa no necesariamente es desempleada; es más frecuente que tenga menos posibilidades de elección y termine concentrándose en actividades con menores salarios, menor estabilidad, ausencia de prestaciones o pocas posibilidades de ascenso”.

El costo de dejar la escuela: menos opciones de empleo, mayor informalidad y menores posibilidades de ascenso

Como consecuencia muy concreta, continúa el especialista, se reduce desde el inicio el universo de vacantes disponibles.

Hoy muchas empresas usan la escolaridad como mecanismo inicial de selección e, incluso para puestos operativos, comerciales, administrativos o de servicios, piden secundaria terminada y, cada vez con mayor frecuencia, educación media superior.

Por eso conviene distinguir, insiste, entre conseguir trabajo y acceder a un empleo de calidad.

Quien no terminó la secundaria puede encontrar actividad económica, pero enfrenta más dificultades para ingresar a empleos formales, ascender o participar en procesos de capacitación que conduzcan a puestos mejor remunerados.

Además, surge una segunda barrera, menos visible: la brecha de habilidades.

“En muchos empleos contemporáneos se requiere leer instrucciones, manejar aplicaciones digitales, llenar formatos, usar terminales, comunicarse por escrito o aprender nuevos procedimientos, y haber interrumpido tempranamente la escolarización puede dificultar algunas de esas tareas, aunque de ninguna manera significa que la persona carezca de capacidades”.

La relación del rezago educativo con los bajos ingresos, la informalidad laboral o la dificultad para acceder a empleos mejor remunerados es fuerte, en su opinión, pero no debe interpretarse como una causalidad simple.

Pobreza, abandono escolar y bajos salarios: el círculo de desventajas que puede perpetuar el rezago educativo

No se puede afirmar que “una persona tiene bajos ingresos porque no estudió”, sugiere.

Sería una explicación incompleta, ya que con frecuencia ocurre en sentido contrario: la persona dejó de estudiar precisamente porque su hogar tenía bajos ingresos, tuvo que trabajar, cuidar a alguien o porque no existían las condiciones para permanecer en la escuela.

López Gamboa recuerda que el Coneval demostró que el rezago educativo es considerablemente más frecuente en la población que vive en condiciones de pobreza.

La propia metodología de medición multidimensional lo considera una de las carencias sociales fundamentales. Para las generaciones nacidas a partir de 1982, no concluir la secundaria coloca a la persona dentro de esta carencia.

De ahí que sea más adecuado hablar de un círculo de acumulación de desventajas, explica:

Bajos ingresos familiares → mayor riesgo de abandonar la escuela → menor escolaridad → acceso a un espectro más reducido de empleos → mayor probabilidad de informalidad o bajos salarios → menores oportunidades de movilidad.

No todas las personas recorren ese ciclo y hay numerosas excepciones, aclara, “pero estadísticamente las oportunidades se vuelven más restringidas.

Por eso quizá la forma más precisa de expresarlo sería: la escolaridad no garantiza un buen empleo, pero la ausencia de la escolaridad básica sí puede convertirse en una barrera adicional para conseguirlo”.

David Domínguez Massa, reportero de la Agencia Informativa Megamedia- Tiene 41 años de trayectoria periodística, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2000. Premio Nacional de Periodismo en 2006, se especializa en temas de política, gobierno y electorales.