La gentrificación ha contribuido al encarecimiento de las rentas, los servicios y los establecimientos comerciales en Mérida, lo que afecta principalmente a las personas de menores ingresos, quienes pueden verse obligadas a abandonar las zonas donde han vivido durante años, advierte el doctor Ricardo Mansilla, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El especialista define la gentrificación como el proceso mediante el cual personas de altos ingresos llegan a una zona, adquieren propiedades y se establecen en ella, lo que provoca un aumento en los precios de las viviendas, las rentas y los servicios.
“Los antiguos usuarios que vivían allí tienen que retirarse. Se ven afectados porque las rentas que pagaban suben y los servicios también se encarecen”, explica.
El investigador señala que el encarecimiento también alcanza a restaurantes, cafeterías y otros establecimientos, cuyos precios aumentan ante la llegada de consumidores con mayor poder adquisitivo.
Sobre el tema abordará más en la conferencia “Modelación matemática: estrategias de control del proceso de gentrificación en ciudades pequeñas. El caso Mérida”, que se realizará en los próximos días.
Gentrificación en Mérida: el centro y el norte, entre las zonas más afectadas
De acuerdo con el investigador, la gentrificación en Mérida habría comenzado hace aproximadamente una década, cuando personas con mayor capacidad económica empezaron a adquirir viviendas a precios relativamente bajos en el centro de la ciudad, remodelarlas y establecerse en ellas.
El fenómeno también se habría intensificado durante la pandemia de Covid-19, cuando el trabajo a distancia permitió que personas que vivían en Londres, Canadá y distintas ciudades de Estados Unidos cambiaran su lugar de residencia sin dejar sus empleos.
“Si tengo que hacer home office, me voy a ir a vivir a un lugar bonito”, ejemplifica Mansilla al describir la decisión que tomaron algunos trabajadores durante ese periodo.
Según explica, quienes reciben sus ingresos en dólares o euros cuentan con una ventaja económica frente a la población que percibe salarios en pesos mexicanos. Esto les permite pagar rentas más elevadas y consumir servicios a precios que resultan inaccesibles para otros habitantes.
La demanda de alojamientos temporales, incluidos los que se ofrecen mediante plataformas como Airbnb, también contribuye a la presión sobre el mercado de rentas.
El centro y el norte de Mérida figuran entre las zonas donde el proceso es más visible, señala el investigador. En estas áreas, la llegada de personas con altos ingresos y el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios favorecen la transformación de la oferta comercial y de servicios.
“Si usted tiene una zona llena de personas que ganan mucho y pone una pequeña cafetería, no hay ninguna razón para cobrar barato”, explica.
El encarecimiento desplaza a los habitantes
Uno de los principales efectos negativos de la gentrificación es el desplazamiento de las personas que ya habitaban las zonas transformadas.
Mansilla ejemplifica que una familia que durante años ha rentado una casa puede verse obligada a mudarse cuando el propietario duplica o triplica el precio del alquiler.
El desplazamiento no solo afecta la vivienda, sino también la vida familiar, el acceso a las escuelas y las actividades cotidianas.
“Si usted rentaba una casita en el centro de la ciudad, por donde está La Plancha o el parque de Santa Lucía, y el dueño viene y le dice que le va a duplicar o triplicar la renta, usted no puede con eso. Se tiene que ir a vivir a otro lugar. Eso lo perjudica a usted, a la escuela de sus hijos y a la familia completa; entonces, usted está molesto”, explica.
El investigador señala que este fenómeno no es exclusivo de Mérida. Como ejemplo, menciona San Francisco, California, donde el auge de las empresas tecnológicas de Silicon Valley contribuyó al encarecimiento de la vivienda y al desplazamiento de residentes desde hace casi dos décadas.
A estos incrementos se suman los costos de mantenimiento de las propiedades. Plomeros, albañiles, carpinteros y otros trabajadores también pueden elevar sus tarifas, lo que repercute en el precio de los servicios.
“Hay una subida global de precios”, resume.
Los pros y contras de la gentrificación
Aunque la gentrificación puede generar beneficios económicos y urbanos, el especialista advierte que sus consecuencias no se distribuyen de manera equitativa.
Entre los aspectos positivos menciona la recuperación de edificios deteriorados, el mejoramiento de los espacios urbanos, la apertura de restaurantes y bares, así como la generación de empleos y la reactivación económica de las zonas.
Sin embargo, el principal problema es que las personas de menores ingresos pueden quedar excluidas de los lugares y servicios que antes formaban parte de su vida cotidiana.
Cuando aumentan las rentas, los alimentos, el transporte por aplicación y otros servicios, quienes no reciben ingresos suficientes o carecen de apoyos pueden perder capacidad para cubrir sus necesidades.
Ante este panorama, Mansilla considera necesario que las autoridades incorporen el fenómeno a sus agendas y desarrollen políticas públicas para reducir sus efectos negativos.
“Es muy importante que los tomadores de decisiones y quienes diseñan las políticas públicas tomen nota de esto y empiecen a elaborar propuestas y estrategias”, subraya.
Proponen estudiar medidas para controlar la gentrificación
Para el investigador, el primer paso consiste en comprender cómo funciona la gentrificación en Mérida, con el objetivo de diseñar mecanismos que permitan moderar sus efectos sin perjudicar la economía.
Una de las alternativas que plantea es analizar el uso de instrumentos fiscales, como un impuesto especial, aunque advierte que su aplicación requiere encontrar un equilibrio.
“Si uno pone un impuesto muy alto, lo que va a hacer es perjudicar la economía. Si pone un impuesto muy bajo, no va a poder ayudar adecuadamente a las personas de bajos ingresos. El asunto es encontrar una medida entre esas dos cosas”, explica.
El especialista considera que las estrategias deben responder a las características particulares de cada ciudad, pues las medidas que funcionan en grandes urbes no necesariamente son adecuadas para localidades más pequeñas.
Modelación matemática para el caso de Mérida
Mansilla, quien dirige en la UNAM un seminario sobre Economía y Complejidad, explica que durante el primer semestre del año pasado dedicaron sus sesiones al estudio de modelos de gentrificación.
En los trabajos participaron especialistas de la Universidad de Houston, en Texas; de la Universidad de Leiden, en Países Bajos, y de Brasil, entre otros, con quienes discutieron distintos modelos para analizar el fenómeno.
El investigador advierte que Mérida necesita un modelo que considere las particularidades de una ciudad de sus características, por lo que la propuesta que presentará en su conferencia constituye una primera versión que continuará desarrollándose.
“Un modelo que funciona en una ciudad grande no necesariamente tiene que funcionar en una ciudad pequeña y viceversa. Por eso tiene que haber un estudio ad hoc, dirigido directamente a las características y peculiaridades de la zona”, señala.
La propuesta contempla tres variables principales: una que representa a las personas de bajos ingresos, otra correspondiente a las personas de altos ingresos y una tercera que integra los precios de las rentas, los restaurantes y otros servicios en un índice general.
El objetivo es utilizar esas variables para estudiar la evolución del fenómeno y, posteriormente, identificar estrategias de control que puedan ser aplicadas por las autoridades.
“No basta únicamente encontrar un modelo que describa cómo se está desarrollando la gentrificación; también hace falta encontrar un modelo que permita establecer estrategias de control para que los tomadores de decisiones del gobierno puedan hacer cosas que logren controlarla”, explica.
Mansilla aclara que la gentrificación no debe considerarse necesariamente un fenómeno negativo en todos sus aspectos, pues también puede impulsar la recuperación urbana y la actividad económica. El reto, sostiene, es encontrar mecanismos que permitan aprovechar esos beneficios sin dejar desprotegida a la población de menores ingresos.
Ricardo Mansilla es doctor en Matemáticas por la Universidad de La Habana y maestro en Ciencias Económicas por la Universidad de Carleton, en Canadá. Actualmente está vinculado al Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM.
La conferencia “Modelación matemática: estrategias de control del proceso de gentrificación en ciudades pequeñas. El caso Mérida” se realizará el martes 13 octubre, a las 12 horas, en el Cephcis, sede Rendón Peniche, frente al parque de La Plancha. La entrada será gratuita y estará dirigida a todo público.
