Llega una mamá solicitando una consulta para su hijo quien desde hace varias semanas presenta un cuadro de tos “con flemas”, en accesos, de predominio nocturno. Lo llevó con un médico de la colonia quien le prescribió un jarabe, pero no mejoró. Ha probado con algunos medicamentos de “origen natural” que le recomendaron unos familiares, pero tampoco notó mejoría. Finalmente consultó a la Inteligencia Artificial (IA) quien le sugirió que podría tratarse de una infección de los senos paranasales y que le recomendaba acudir al médico.
La inteligencia artificial está transformando la medicina. Sin embargo, la pregunta más importante no es si podrá hacer mejores diagnósticos que un médico, sino si podrá sustituir aquello que hace humana a la medicina.
Ciertamente la IA ha venido para quedarse, pretender lo contrario sería una postura no recomendable, como pretender que las personas dejen de utilizar los teléfonos celulares o el internet.
Concretamente la IA ofrece múltiples aplicaciones en la práctica médica: revisar en segundos unos expedientes y dar algunas conclusiones, precisar imágenes en estudios de imagen como resonancias magnéticas o tomografías. Ayudar a los investigadores en el análisis de los resultados de un estudio y muchas otras más, incluso en apoyar a los médicos ante un diagnóstico difícil en un paciente dado.
Es aquí donde me parece que debemos poner en el lugar preciso la IA en la relación médico-paciente. Debemos de tener presente que el paciente que llega al consultorio en una situación de vulnerabilidad, porque su salud se ha deteriorado. ¿Qué padre o madre de familia no se angustia cuando su hijo pequeño tiene fiebre, o dificultad para respirar, o teme que se deshidrate por los vómitos y la diarrea que lleva ya varias horas?
La consulta médica requiere de un profesionista con una sensibilidad especial hacia los pacientes donde deben de existir dos condiciones indispensables: la mirada y la escucha atenta.
La mirada, no en balde existe el dicho: este médico tiene muy buen “ojo clínico”.
El médico durante su formación y posteriormente durante su ejercicio profesional va entrenando la mirada para ser sensible y captar los sentimientos que tiene el paciente que tiene enfrente. Cuando el paciente cruza la mirada con el médico y éste le transmite su confianza, el paciente se tranquiliza.
La escucha atenta, cuántas veces el paciente ya sabe su diagnóstico e intuye el tratamiento, sin embargo, acude al médico para satisfacer su necesidad de ser escuchado. De tal manera que al describir el motivo de consulta o los síntomas que padece con solo contarlos y percibir que el médico lo ha escuchado le viene un sentimiento de que es acogido y comprendido.
Estos dos aspectos de la relación médico paciente no pueden ser sustituidos por una IA. Aunque existe la posibilidad actualmente de tener un diálogo con la IA, sin embargo, los algoritmos con los que está alimentada no sustituyen el “encuentro” entre dos personas que es intrínseco en la relación médico paciente.
Otro aspecto que me gustaría resaltar en este artículo es lo relacionado con la dignidad de la persona humana. La razón de esta diferencia es sencilla: la medicina no trata enfermedades; trata personas. Con cuánta razón se hace hincapié en el respeto a los principios y valores de la persona humana. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la ONU, hasta las legislaciones de todos los países, la dignidad de la persona humana es respetada en todos sus aspectos. Tanto el médico como el paciente tienen presente esta premisa y se respetan mutuamente.
Un niño, un adolescente, un adulto, un adulto mayor, en cualquier etapa de su vida, independientemente de su condición sociocultural o política, es poseedor de una dignidad por el mismo hecho de ser persona. No se puede decir lo mismo de una IA, aunque ésta pueda desarrollar algunas operaciones con mayor rapidez y precisión que un ser humano.
La IA puede reconocer patrones, pero no puede reconocer personas.
El verdadero desafío no consiste en construir máquinas que piensen como médicos, sino en formar médicos que nunca dejen de mirar y escuchar como personas.
Como decía Sir William Osler uno de los padres de la medicina moderna: “El buen médico trata la enfermedad, el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”
En la era de la inteligencia artificial, quizá la mayor enseñanza de Osler cobre más actualidad que nunca. Las máquinas podrán ayudar a tratar enfermedades, pero seguirá correspondiendo al médico encontrarse con la persona que las padece.— Mérida, Yucatán
Director Centro de Bioética. Universidad Anáhuac Mayab
