Durante la invasión castellana del siglo XVI, Moctezuma alojó pacíficamente, durante 235 días, a los europeos y a una parte de sus aliados indígenas en el palacio de Axayácatl. Los mexicas hartos de alimentar y de curar las enfermedades de los asaltantes y de sufrir los embarazos y las infecciones venéreas de sus mujeres, se abstuvieron de convocar a un justificado levantamiento armado hasta que se produjo un hecho externo: Pánfilo de Narváez llegó a Veracruz a arrestar a Cortés, acusado de traicionar al gobernador de Cuba. El agotamiento de la paciencia de los aborígenes se dio después de la terrible matanza del Templo Mayor que finalmente despertó la furia mexica imprescindible para derrotar a los salvajes intrusos.
Después de 300 años de insoportable imposición española, estalló la guerra de independencia, pero no porque se hubiera agotado la paciencia de los habitantes de la Nueva España a raíz del interminable virreinato, sino por otro acontecimiento externo: Napoleón I había invadido la península ibérica e impuesto como soberano a su hermano el famoso Pepe botella, una vez destituidos los reyes borbones, de muy triste recuerdo. El cura Hidalgo gritó: ¡Viva Fernando VII…!
Una nueva invasión militar, esta vez norteamericana, en 1846, tuvo como consecuencia el robo descarado de más de la mitad de nuestro territorio. Los odiados yanquis abandonaron lo que restaba de nuestro país en 1848, sólo para que 10 años más tarde, en 1858, se derramara la paciencia nacional y estallara la Guerra de Reforma como consecuencia de los insaciables abusos del clero católico y de su feroz negativa a someterse a la Constitución de 1857, sin olvidar que la iglesia que ya ostentaba un presupuesto 5 veces más poderoso que el federal y además, controlaba más del 50% del territorio nacional.
La violencia volvió a explotar a raíz de una tercera invasión, esta vez la francesa, en 1862, que tampoco concluyó en 1867 porque se hubiera agotado en la paciencia popular, sino por otro acontecimiento externo: la guerra franco-alemana obligó a Napoleón III a repatriar sus tropas francesas acantonadas en México, una decisión que facilitó el arresto de Maximiliano y su posterior fusilamiento. La paciencia de la nación se volvió a agotar con el brutal asesinato del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez, crímenes que originaron el estallido de la revolución mexicana de 1910, después de más de 30 años de dictadura porfirista.
De acuerdo a lo anterior, me pregunto, ¿cuándo se agotará la paciencia nacional a raíz del arribo de la maligna 4T? ¿Cuánto tiempo resistiremos la ausencia de un Estado de Derecho con todas sus consecuencias, el regreso al gobierno de una sola persona al frente de una dictadura camuflada, el hecho de haber mandado al diablo las instituciones republicanas en un peligroso entorno de incertidumbre jurídica? ¿Seguiremos tolerando la parálisis económica, la polarización social, la irresponsable contratación de la deuda pública que habrán de pagar nuestros bisnietos, el desperdicio suicida del presupuesto público en obras costosas e inútiles? ¿Podremos resistir indefinidamente la extinción del sistema de impartición de justicia, el de salud, el de seguridad y el de educación, así como las consecuencias de la pérdida del grado de inversión y sus perjuicios incalculables, mientras asistimos a un amenazador déficit fiscal de más del 4%, al desplome de nuevas inversiones nacionales y extranjeras, a un aumento del 55.6% en el precio de la canasta alimentaria rural, a la incontrolable expansión del crimen organizado y sus 253,398 homicidios, 130,000 desaparecidos, sus extorsiones de escándalo, al asesinato de periodistas, a los 1,537,600 estudiantes sin acceso a las escuelas, además de la caída de la inversión pública? ¿Qué hubiéramos hecho sin los más de 600 mil millones de dólares enviados por nuestros queridos paisanos del otro lado de la frontera en los últimos 8 años…?
Por si lo anterior no fuera suficiente, con la nueva “ley de derechos de las audiencias”, una creación de Hugo Chávez, el tirano venezolano, veremos en qué momento se agotará nuestra paciencia, porque ahora nos van a decir, qué pensar, en qué momento protestar, cómo y dónde hacerlo, cuándo callar, qué vestir, qué desayunar, una oportunidad para pensar cómo recuperar nuestro país que nos fue robado en nuestra cara y sin protestar…
Escritor
