MADRID Y VIENA.— Tras el bombardeo ruso del jueves pasado a la central nuclear de Zaporizhzhia, la más grande de Europa, la preocupación internacional aumentó por el riesgo que la guerra representa para las instalaciones nucleares de Ucrania.
El jueves en la noche un edificio del complejo, a unos cientos de metros de los reactores, fue alcanzado por un proyectil lanzado por las tropas rusas que atacaban la central y que se hicieron con su control, aunque la gestión operativa sigue en manos del personal ucraniano.
Ayer el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) informó desde Viena que los niveles de radiactividad en la central de Zaporizhzhia se mantienen dentro de lo normal.
Esta agencia de la ONU señaló que el operador nuclear de Ucrania le comunicó que dos de los seis reactores de esta central están ahora operando, y que los sistemas de seguridad y los niveles de radiación se mantienen en los parámetros normales.
Ucrania cuenta en total con 15 reactores de agua a presión que están distribuidos en las cuatro centrales siguientes: Jmelnitsk (2), Rivne (4), Ucrania Sur (3) y Zaporizhzhia (6), aunque solo nueve están conectados a la red, según los últimos datos del operador estatal ucraniano Energoatom.
El país también cuenta con la vieja planta de Chernóbil, pero ésta cerró el 15 de diciembre de 2000, catorce años después del accidente nuclear considerado el peor de la historia.
Expertos consultados por EFE indicaron que los 15 reactores nucleares están preparados para solventar dificultades normales de funcionamiento, según los estándares internacionales, pero son un elemento crítico para el país, tanto desde el punto de vista de la seguridad nuclear como del abastecimiento eléctrico.
Al margen de un ataque directo, “la pérdida del suministro eléctrico exterior o del agua para poder refrigerar el núcleo y el combustible” son riesgos para los que “en principio” sí están preparadas las centrales de Ucrania, dado que “es un país integrante de la Asociación de Reguladores Nucleares Europeos (Wenra)”, explicó a EFE la vocera del CSN Patricia Fernández.
Para contrarrestar la pérdida de potencia exterior, “las centrales disponen de generadores diésel de emergencia capaces de funcionar de manera autónoma durante varios días”, así que esta amenaza no debería suponer un riesgo para las centrales.
Además, “después del accidente nuclear de Fukushima en 2011 se establecieron medidas adicionales para hacer frente a pérdida total de corriente alterna”, es decir, “no solo del suministro eléctrico exterior, también del procedente de los generadores diésel” que podrían mantener activos los sistemas de refrigeración.
Sin embargo, el profesor de ingeniería energética de la Universidad Rey Juan Carlos, Eloy Sanz, explicó a EFE que el riesgo para las instalaciones nucleares durante una guerra es “una situación de incertidumbre asociada a la alta dependencia de un país, en este caso de Ucrania, a la energía nuclear”.
Sanz destacó que aproximadamente “el 50% de la electricidad en Ucrania proviene de las centrales nucleares”, de modo que “no se pueden cerrar de forma preventiva, aunque pareciera lo más lógico”, señala.
Además “Rusia, como integrante del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sabe que un ataque armado a una instalación nuclear destinada a fines pacíficos supone una violación del derecho internacional”, detalla desde el CSN Fernández.
El Movimiento Ibérico Antinuclear, del que forma parte Ecologistas en Acción, denunció en un comunicado el riesgo nuclear en Ucrania: “Resulta evidente que las instalaciones nucleares son un punto débil en la seguridad de un país en caso de guerra, sean objetivo intencionado o no”, advirtió.— EFE
