ANTIOQUÍA, Turquía (AP).— Seis días después de que un par de terremotos devastara el sureste de Turquía y el norte de Siria, los rescatistas, incluidos equipos de otros países, seguían buscando entre los escombros con la esperanza de encontrar más personas que pudieran desafiar las cada vez más escasas probabilidades de supervivencia.

Se empleaban cámaras termales para buscar entre las pilas de concreto y metal, mientras los rescatistas pedían silencio para oír las voces de la gente atrapada.

Dos hermanas fueron sacadas de entre los restos ayer domingo en la ciudad de Adiyaman, 153 horas después del primer terremoto, según la televisora HaberTurk, que también emitió en vivo el rescate de un niño de 6 años. Las imágenes mostraban al chico cubierto por una manta térmica y cómo lo subían a una ambulancia.

Un rescatista agotado se quitó su mascarilla quirúrgica y respiró hondo, mientras se oía a un grupo de mujeres gritar de alegría.

El ministro turco de Salud, Fahrettin Koca, compartió un video de una niña vestida de azul oscuro que había sido rescatada. “Buenas noticias en la hora 150. Rescatada hace poco por los equipos. ¡Siempre hay esperanza!”, tuiteó.

Los esfuerzos de un equipo de rescatistas turcos e italianos también tuvieron su recompensa, cuando sacaron a un hombre de 35 años de entre los escombros en la maltrecha ciudad de Antioquía. El hombre, Mustafa Sarigul, parecía ileso mientras le trasladaban en camilla a una ambulancia, 149 horas después de los primeros sismos, según la televisora privada NTV.

Por la noche se rescató también a un niño en la localidad de Nizip, en Gaziantep, según la agencia estatal Anadolu, mientras que una mujer de 32 años fue rescatada entre las ruinas de un edificio de ocho pisos en Antioquía. La mujer, una maestra llamada Meltem, pidió un té en cuanto fue liberada, según NTV.

En Kahramanmaras, cerca del epicentro del primer temblor de magnitud 7.8 del pasado lunes de madrugada, se trabajaba para alcanzar a un sobreviviente detectado por sabuesos bajo un edificio de siete pisos, indicó NTV.

Sin embargo, los encontrados con vida seguían siendo la excepción.

A las afueras de Antioquía se preparaba un gran cementerio improvisado. Topadoras y excavadoras abrían fosas en el campo mientras camiones y ambulancias cargados con bolsas de cadáveres negras llegaban sin cesar.

Los cientos de tumbas, separadas por apenas un metro una de otra, se marcaban con tablones de madera sencillos clavados en vertical sobre el suelo.

La situación era menos clara al otro lado de la frontera con Siria.

La cifra de muertos en la región noroccidental siria, bajo control rebelde, alcanzó los 2,166, según el grupo de rescatistas Cascos Blancos.

La cifra total de víctimas en Siria era de 3,553 el sábado, aunque el dato de 1,387 muertes reportadas en zonas controladas por el gobierno no se actualizaba en varios días.

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