EL CAIRO (AP).— El intenso bombardeo de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, que se acerca al final de su segunda semana, ha dejado a los habitantes de la capital iraní en estado de shock.
Desde barrios históricos del centro hasta zonas acomodadas del norte, las explosiones sacuden la ciudad día y noche, sin sirenas ni sistemas de alerta.
Algunos residentes buscan refugio donde pueden: un ingeniero se ocultó bajo el banco de un parque al escuchar aviones de combate, mientras un deportista afirma que la ansiedad provocada por las explosiones no le permite dormir.
La tensión se ha vuelto parte de la vida cotidiana.
“La presión psicológica es real”, afirmó un deportista, uno de los residentes que hablaron con The Associated Press bajo anonimato por temor a represalias.
Además, el acceso a internet fue prácticamente bloqueado desde el inicio de los ataques, lo que obliga a los habitantes a depender de llamadas telefónicas y mensajes entre conocidos para saber dónde han caído las bombas y qué zonas han sido afectadas.
Los bombardeos también han alcanzado sitios emblemáticos de la ciudad. El arco de la plaza Azadi, símbolo moderno de Teherán, quedó envuelto en humo tras explosiones cercanas, mientras que las ondas de choque dañaron ventanas del histórico palacio de Golestán, construido en el siglo XIX.
Al mismo tiempo, la presencia de fuerzas de seguridad y del grupo paramilitar Basij se ha intensificado en las calles para evitar cualquier señal de disidencia.
Uno de los episodios que más impactó a los residentes fueron los ataques israelíes contra depósitos de petróleo durante el fin de semana.
Las explosiones provocaron incendios de gran magnitud y una nube de humo negro y tóxico que cubrió parte de la ciudad. “Casi no podía respirar y tuve que ir a comprar un inhalador”, relató una activista de derechos humanos de 54 años. “La gente teme que afecte su agua potable”.
En otro mensaje describió la intensidad de los ataques: “Anoche, la situación fue realmente mala. Aviones de combate, así como drones, se habían apoderado de todo el cielo. Al este, al oeste, golpearon en todas partes donde pudieron. Hoy se ven muchos lugares residenciales que resultaron dañados. Es realmente doloroso”.
Según la Media Luna Roja iraní, la campaña aérea ha dañado miles de sitios civiles, incluidos hospitales, escuelas, universidades y viviendas.
En tanto, la guerra también ha reforzado el control interno del gobierno. El jefe de la policía, Ahmad-Reza Radan, advirtió que cualquier protesta será vista “como enemigo, y lo trataremos como lo haríamos con el enemigo. Todos nuestros muchachos están listos para disparar”.
