LA HABANA (EFE).— La risa se ha convertido en una herramienta para afrontar las dificultades en Cuba y también en la base del éxito de La Risa por Delante, un espacio de monólogos que, desde hace año y medio, reúne a comediantes y actores para abordar con ironía temas como los apagones, la escasez y la inflación.

El programa se realiza una vez al mes en la Nave Oficio de Isla, un colectivo cultural ubicado en los antiguos almacenes de la Avenida del Puerto, en La Habana Vieja. La convocatoria ha logrado atraer a decenas de personas en cada edición. En la más reciente, unas 150 personas llenaron la sala, mientras cerca de 50 más permanecieron fuera al agotarse la capacidad del recinto.

Para Osvaldo Doimeadiós, actor y promotor de la iniciativa, el humor representa una forma de resistencia ante la compleja situación que atraviesa el país.

“Es un ejercicio de vida: reímos los que estamos vivos, los muertos no pueden reírse. Entonces estar vivos en medio de toda esta circunstancia, de esta crisis tan grande que nos ha golpeado, creo que es el mejor ejercicio que podemos hacer”, dijo.

El espectáculo reúne en cada función a reconocidos humoristas y actores cubanos que presentan monólogos inspirados en la realidad nacional. Las actuaciones hacen referencia a la profunda crisis económica y energética que enfrenta Cuba, situación que, según se expone durante el espectáculo, se ha agravado desde enero por el bloqueo petrolero de Estados Unidos.

Durante una de sus intervenciones, Doimeadiós provocó carcajadas al relatar, con tono de asombro, que supuestamente habían visto “caminando por la Catedral de La Habana a un extranjero”, una alusión al deterioro del turismo, considerado un sector estratégico para la economía cubana.

Por su parte, el actor Alejandro Phillips recurrió a la escasez de divisas en los bancos para construir parte de su rutina humorística. En ella habló de un supuesto padecimiento denominado “TRD: Trastorno de no encontrar un dólar”, en referencia a las Tiendas de Recaudación de Divisas.

No obstante, los participantes reconocen que el humor también tiene límites. Aunque los espectáculos abordan diversos asuntos sensibles de la vida cotidiana, en la última edición no incluyeron temas relacionados con las tensiones entre La Habana y Washington ni con eventuales escenarios de conflicto militar.

El escritor Jorge Bacallao, colaborador habitual del espacio, considera que las circunstancias que viven los cubanos ofrecen abundante material para el humor.

“El tipo de situaciones que viven a diario los cubanos es caldo de cultivo para los comediantes”, afirmó a EFE. Sin embargo, precisó que las presentaciones no se centran únicamente en la crítica social, sino que incluyen costumbrismo y otras expresiones humorísticas.

Bacallao sostiene que convertir las dificultades en motivo de sonrisa puede ser una forma efectiva de reflexión colectiva. “Una de las mejores maneras de acercarse a una situación social que ha de ser analizada, que ha de ser criticada, que ha de ser mencionada, es a través del humor”, señaló.

Esa percepción es compartida por buena parte del público. Tras dos horas y media de actuaciones de cinco comediantes, Tania García, de 64 años, resumió el sentir de muchos asistentes: “Venir aquí todos los meses es una maravilla. Esto es un espectáculo que relaja mucho (…) porque somos así: nos reímos hasta de las cosas que nos están pasando”.

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