FRANCIA (AP).— Francia enfrenta un margen cada vez más estrecho para contener su deuda pública, financiar los servicios sociales y reactivar la economía, mientras las protestas estudiantiles y el malestar por el alto costo de vida agravan la tensión política que rodea al gobierno del presidente Emmanuel Macron.
La deuda equivale al 119% del producto interno bruto (PIB), el gasto público absorbe más de la mitad de la producción nacional y el crecimiento previsto es de apenas 0.4%. Estos indicadores limitan las opciones para atender las demandas ciudadanas sin profundizar el desequilibrio fiscal.
Los bloqueos escolares, inicialmente pacíficos, derivaron el sábado pasado en hechos violentos y se fueron extendiendo a otros puntos, con la participación de jóvenes inconformes por problemas como el encarecimiento de la vida.
Aunque Carsten Brzeski, jefe global de macroeconomía del banco ING, advierte que “Francia no es Grecia”, considera que el incumplimiento de las metas de gasto, crecimiento y ahorro erosiona la credibilidad del país.
A finales de junio, la deuda pública francesa ascendía a casi 3.6 billones de euros, unos 4.08 billones de dólares, según el organismo nacional de estadística. Su aumento durante la presidencia de Macron la convirtió en un asunto central de la contienda para sucederlo la próxima primavera.
El panorama podría deteriorarse. Hace tres semanas, el gobierno reconoció que su presupuesto volvería a superar los límites de gasto de la Unión Europea y que la deuda se encamina a alcanzar casi el 122% del PIB, un nuevo máximo.
Condicionamiento
Gilbert Cette, profesor de economía de la escuela Neoma, en París, señala que el elevado endeudamiento condiciona toda la política económica francesa. Las alternativas pasan por reducir el gasto o elevar impuestos que ya figuran entre los más altos de Europa.
El gasto público representó el 57.2% del PIB en 2025, de acuerdo con Eurostat, frente a un promedio comunitario ligeramente inferior al 50%. Ese nivel incluye subsidios empresariales y desembolsos en salud y pensiones.
En contraste, los ingresos fiscales y las contribuciones sociales equivalieron al 45.2% del PIB en 2024, una proporción únicamente superada por Dinamarca dentro del bloque. La media europea fue de poco más del 40%.
A esa presión se suma el encarecimiento del financiamiento. El rendimiento del bono francés a diez años se situaba el martes en 4.96%, mientras Alemania pagaba alrededor de 3.4% por sus títulos equivalentes.
La diferencia entre ambos rendimientos se ha ampliado. Para Francia, mayores costos de endeudamiento reducen los recursos disponibles para educación, salud, defensa, pensiones y otros programas sociales.
La debilidad económica complica cualquier ajuste. El Fondo Monetario Internacional prevé que Francia crecerá apenas 0.4% este año, frente al 3.1% mundial y el 2.1% de las economías avanzadas.
Con una expansión tan limitada, el gobierno enfrenta dificultades para aumentar la recaudación y estabilizar sus cuentas. Al mismo tiempo, las protestas reflejan el descontento de sectores que resienten el costo de vida, en un país con escaso margen fiscal para responder.
