CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).—Salir a jugar, algo tan común en la rutina diaria de un niño, puede volverse un martirio cuando se padece dermatitis atópica.
El temor a las burlas, las molestias que provoca esta enfermedad, el miedo a que aparezcan brotes o más lesiones en la piel o que los discriminen por su apariencia o que sus compañeros crean que los van a contagiar, son inseguridades comunes en los menores que están diagnosticados con este padecimiento.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México hay aproximadamente cuatro millones de menores de 18 años que viven con dermatitis atópica, enfermedad de la piel que se presenta principalmente en niños y adolescentes y se caracteriza por la hinchazón, enrojecimiento, comezón y aparición de manchas en la piel. Esta enfermedad no tiene cura y puede ser leve, moderada o severa.
De no atenderse oportunamente puede provocar otros padecimientos como asma o rinitis alérgica, descamación crónica e infecciones en la piel, dermatitis alérgica de contacto y trastornos de sueño y emocionales. “Es difícil pensar que un niño previamente sano pueda terminar hasta en silla de ruedas por culpa de un padecimiento que con frecuencia no se diagnostica oportunamente, del que no se conoce lo suficiente y del que existen muchos huecos que impiden darle a los pacientes mejor atención”, considera la doctora Helena Vidaurri, dermatóloga pediatra del Servicio de Pediatría del Hospital General de México Dr. Eduardo Liceaga.
Para la especialista, es necesario que los médicos de primer contacto estén más informados sobre el padecimiento y que los papás de los pacientes no prolonguen la visita de su hijo a un especialista o alergólogo.
