LÓS ÁNGELES (HealthDay News).— Un nuevo estudio encontró cambios en los cerebros de los pilotos de los aviones caza F16, lo que podría arrojar luz hacia lo que ocurre con los astronautas en los viajes espaciales.
La esperanza es que el trabajo, publicado en reciente edición de la revista “Frontiers in Physiology”, ayude a comprender los efectos de los vuelos espaciales en el cerebro y mejorar programas de entrenamiento para pilotos y astronautas.
Investigaciones anteriores habían sugerido que el cerebro podría pasar por cambios estructurales y funcionales después del entrenamiento de astronauta y los vuelos espaciales.
Esto se debe a que ese trabajo incluye exponerse a niveles alterados de gravedad, una rápida interpretación de estímulos sensoriales y visuales, así como el control de un vehículo complejo a velocidades extremas.
Se piensa que los cerebros de los pilotos de combate F16 tienen mucho en común con los de los astronautas, en términos de adaptarse a unos niveles de gravedad alterados y al procesamiento rápido de información sensorial conflictiva.
“Los pilotos de combate comparten muchas similitudes interesantes con los astronautas. Por ejemplo, la exposición a unos niveles de gravedad alterados, y la necesidad de interpretar información visual e información que proviene de los movimientos de la cabeza y la aceleración”, manifestó el autor principal Floris Wuyts, profesor y director del Laboratorio de Investigación sobre el Equilibrio y Aeroespacial de la Universidad de Amberes, en Bélgica.
“Al establecer las características específicas de la conectividad cerebral de los pilotos de caza podemos obtener más información sobre la condición de los astronautas después de los vuelos espaciales”, añadió.
Los investigadores reclutaron a 10 pilotos de aviones de combate de las Fuerzas Aéreas belgas, y a un grupo de control de 10 personas que no eran pilotos. Todos se sometieron a IRM del cerebro.
Los escáneres revelaron que los pilotos tenían diferencias en la conectividad cerebral, en comparación con los que no eran pilotos. Los que tenían más experiencia de vuelo presentaban unos patrones específicos en áreas del cerebro relacionadas con la información sensoriomotora (las tareas que activan los sentidos, partes del sistema nervioso y los controles motores del cuerpo, a la vez).
Los pilotos experimentados y los menos experimentados tenían diferencias en la conectividad del cerebro, y el estudio sugiere que ocurren cambios en el cerebro con un creciente número de horas de vuelo.
Entre las diferencias se encontraban una menor conectividad en ciertas áreas del cerebro que procesan la información sensoriomotora en los pilotos más experimentados. Esto podría ser una indicación de que el cerebro se adapta para gestionar las condiciones extremas que los vuelos implican.
Los pilotos experimentados también mostraron una mayor conectividad en las áreas frontales del cerebro, que es probable que se impliquen con las demandas cognitivas de pilotar un avión complejo, anota el estudio.
Las áreas del cerebro que procesan otras informaciones sensoriales y visuales estaban más conectadas en los pilotos que en los que no eran pilotos. Esto podría reflejar la necesidad de los pilotos de procesar de forma simultánea estímulos visuales múltiples y a veces conflictivos, y de priorizar cuáles son los más importantes.
“Al demostrar que la información vestibular y visual es procesada de forma distinta por los pilotos, en comparación con las personas que no son pilotos, podemos recomendar que los pilotos son un grupo adecuado para obtener más información sobre las adaptaciones del cerebro a ambientes gravitacionales inusuales, por ejemplo durante los vuelos espaciales”, plantea la primera autora Wilhelmina Radstake, del Centro Belga de Investigación Nuclear, en Mol.
