Los investigadores animan las donaciones de cerebros a la ciencia para efectuar estudios post mortem
Los investigadores animan las donaciones de cerebros a la ciencia para efectuar estudios post mortem

MADRID (EFE).— Los superancianos, personas de más de 80 años de edad con la cabeza de alguien de 50, llevan un cuarto de siglo bajo estudio científico en busca de la fórmula de la mejor eterna juventud, la que ofrece contar con un cerebro sano.

Un equipo de la Universidad de Northwestern (Chicago) trata desde el año 2000 de descifrar las claves de los cerebros indestructibles al tiempo de los superancianos mediante el seguimiento a 290 personas y las autopsias a 77 cerebros donados.

Sus conclusiones fueron recogidas ayer por la revista “Alzheimer’s & Dementia”.

El término superanciano fue creado por Marsel Mesulam, fundador del Centro de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer en la Universidad de Northwestern a finales de la década de 1990.

Su objetivo era que el estudio del perfil neurobiológico de estas personas ayudase a encontrar terapias tempranas para mantener saludable el cerebro a una edad avanzada.

Para los investigadores, un superanciano es una “persona con un rendimiento social y memorístico excepcional, comparable al de personas al menos tres décadas más jóvenes, que desafía la creencia de que el deterioro cognitivo es una parte inevitable del envejecimiento”, resume Sandra Weintraub, investigadora del área de psiquiatría en Northwestern.

Veinticinco años de pruebas han revelado que el rendimiento de la memoria de los superancianos es excepcional y sus resultados en las pruebas de recuerdo de palabras o cosas son similares a los que tienen personas de 50 a 60 años.

Se ha visto que son personas tremendamente sociales. Tenían estilos de vida y práctica de ejercicio distintos pero todos coincidían en algo: poseían relaciones interpersonales sólidas.

Las autopsias hablan de estructuras cerebrales y rasgos celulares característicos. La doctora Weintraub subraya que su estructura cerebral es juvenil, ya que, “a diferencia de los cerebros que envejecen normalmente, los superancianos no muestran un adelgazamiento significativo de la corteza, la capa externa del cerebro”.

Esta región crucial del cerebro desempeña un papel importante en la integración de la información relacionada con la toma de decisiones, las emociones y la motivación.

Comparados con los cerebros de otras personas de su edad, los superancianos tienen cifras superiores a lo normal de neuronas de Von Economo, relacionadas con la cognición social, la empatía y la toma de decisiones, y neuronas entorrinales más grandes, fundamentales en la memoria.

Algunos de los 77 cerebros contenían proteínas amiloides y tau (también conocidas como placas y ovillos), que desempeñan un papel clave en la progresión del mal de Alzheimer, pero otros no desarrollaron ninguna.

“Esto indica que poseen cerebros extremadamente resistentes al deterioro cognitivo, porque o bien no producen ni placas ni ovillos amiloides y tau, o bien si los crean no afectan a su cerebro”, indica Weintraub.

Los investigadores agradecen y animan las donaciones de cerebro a la ciencia para su estudio post mortem.

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