NUEVA YORK (HealthDay News).— Tus hábitos de siesta podrían ser una señal de advertencia de demencia, según un nuevo estudio.
Los adultos mayores que caen en siestas no intencionadas, duermen siestas con frecuencia o toman siestas más cortas pueden tener un mayor riesgo de desarrollar demencia, informaron recientemente los investigadores en “Journals of Gerontology”.
“Monitorear los comportamientos de siesta podría servir como un marcador temprano y accesible para ayudar a identificar a los adultos mayores con mayor riesgo de demencia y guiar intervenciones específicas para la prevención de la demencia”, dice la investigadora principal Kening Jiang, investigadora postdoctoral en salud mental en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg en Baltimore, Maryland.
Para el nuevo estudio, los investigadores siguieron a más de 990 beneficiarios de Medicare de 65 años o más hasta por 10 años, a partir de 2013. Todos los participantes estaban libres de demencia al inicio del estudio.
Los resultados mostraron que las personas que dormían siestas la mayoría de los días o todos los días tenían un 48% más de riesgo de demencia en comparación con aquellos que rara vez o nunca dormían siestas.
Las siestas no intencionadas se vincularon con un 39% más de riesgo de demencia, y dormir siestas de 30 minutos o menos, con un 40% más de riesgo, indica el estudio.
Probablemente exista una relación bidireccional entre las siestas y la demencia, opinan los investigadores. Las siestas podrían ser un posible factor de riesgo para la demencia, pero el inicio de la demencia también podría afectar las regiones del cerebro que ayudan a regular la vigilia, lo que lleva a dormir con más frecuencia.
El estudio no fue diseñado para demostrar un vínculo directo de causa y efecto entre las siestas diurnas y la demencia. En cambio, destaca una posible asociación. Se necesitan estudios más amplios y a largo plazo para comprender mejor la relación entre las siestas y el riesgo de demencia.
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De un vistazo
Cambios cerebrales
“Dormir siestas con más frecuencia podría ser un marcador de cambios en el cerebro, en lugar de una causa de cambios cerebrales que conducen a la demencia”, advierte el investigador principal Adam Spira, profesor en el Departamento de Salud Mental de la Escuela Bloomberg.
