Recrean la ruta de origen de la obra renacentista
ROMA (EFE).— La realidad virtual y la música de Sting se aúnan con la historia del arte para concebir un espectáculo que recrea el proceso de creación de la Capilla Sixtina y que se estrena hoy en el Auditorio Conciliazione de la capital italiana.
“Giudizio Universale. Michelangelo and the Secrets of the Sistine Chapel (El Juicio Final. Miguel Ángel y los secretos de la Capilla Sixtina)” ofrecerá al espectador un ángulo de visión de 270 grados de la más famosa estancia vaticana, junto con música y bailes.
Con un costo de 9 millones de euros, aportados por particulares, según indican sus promotores, la producción del espectáculo contó con el asesoramiento científico de los Museos Vaticanos.
Una colaboración que la directora de esa entidad museística, Barbara Jatta, enmarca en un “deseo de síntesis” entre “tradición e innovación”.
“La innovación es hoy imprescindible para el funcionamiento de una institución moderna que recibe más de seis millones de visitantes al año”.
Y en ese sentido valora que esta función “puede representar una excelente manera de experimentar y conocer la Capilla más famosa del mundo de una manera diferente, con un lenguaje comunicativo moderno, adecuado para las nuevas generaciones”.
Dirigido por Marco Balich, productor de ceremonias inaugurales de los Juegos Olímpicos, como la de Río de Janeiro en 2016, la obra cuenta con la participación de todo un elenco del mundo del espectáculo contemporáneo.
Sting pone sello a la composición del tema original, el himno latino del siglo XIII Dies Irae (“Día de la ira”), mientras que a Miguel Ángel Buonarroti le pone voz el actor Pierfrancesco Favino.
La proyección, de 60 minutos de duración, está programada por el momento para permanecer un año, a pocos metros del Vaticano y la mismísima Capilla Sixtina, en el Auditorio de la Conciliación de Roma.
El pintor y escultor italiano posó su pincel primeramente en 1508 invitado por el papa Julio II en las paredes laterales de esta sala, para volver sobre ella, casi treinta años después.
Lo hizo para ejecutar, esta vez por encargo de Clemente VII, la composición al fresco que decora la pared del altar mayor y que es su gran obra maestra: el Juicio Final.
