Cuando aparecieron los primeros juegos para ordenadores domésticos, tres décadas atrás, descubrimos lo complicado que era engañar a la máquina, por no decir imposible, en juegos como el Dominó o el Ajedrez.

Al eliminar el factor humano, no podíamos aprovechar las debilidades emocionales ni otro tipo de carencias como las distracciones. Sin embargo, no tardaron mucho en aparecer comunidades que se dedicaban a explorar los videojuegos en busca de bugs o huevos de pascua con el fin de explotarlos para conseguir superar niveles imposibles.

¿Habilidad? ¿Trampa? ¿Truco? El debate sigue abierto hoy en día, sobre todo desde que jugamos contra otros jugadores reales a través de internet.

Las compras integradas en muchos juegos sirven para acelerar los tiempos que tardamos en conseguir artículos u objetivos necesarios para pasar al siguiente nivel. Por supuesto estos micro pagos son opcionales, y se puede llegar al mismo resultado en mucho más tiempo o con mucho más esfuerzo, entonces… ¿hasta qué punto es ético pagar para ganar antes?

Realmente, hay quienes lo consideran injusto o incluso trampa, depende de cómo entendamos la deportividad. En competiciones de eSports… ¿podría llegar, con el tiempo, a considerarse dopaje?

En el mundo del casino, por ejemplo, se ha evidenciado la dificultad para llevar a cabo este tipo de estrategias con las que arañar un porcentaje de suerte.

Sin ir más lejos, el conteo de cartas en BlackJack es completamente imposible en una partida online ya que el barajeo es aleatorio por computación. Sin embargo, cuando el casino en línea ofrece jugar con croupier de carne y hueso y podemos verle a través de la pantalla del ordenador, sin duda muchos acudirán a este recurso tratando de inclinar la balanza a su lado.

De cualquier manera, el dilema con el conteo de cartas es eterno: muchos jugadores han sido expulsados de salas físicas por ponerlo en práctica pero legalmente sigue sin considerarse como trampa. Tal vez es una habilidad prodigiosa en el manejo de las matemáticas.

Otro tipo de juegos como el Clash Royale llegaron a imponer desde el propio desarrollador limitaciones para la asistencia al juego mediante recursos externos: desde los iPad más nuevos, es posible utilizar pantalla dividida, y tener abierto en un lado el afamado juego y en el otro diversas herramientas llegó a ser considerado trampa por Supercell. En realidad, se trataba de un sistema que ofrecía ventajas a unos usuarios frente a otros, y ha sido un caso en el que ha intervenido directamente el creador del juego.

Veamos otros ejemplos de juegos que han dado lugar a aplicaciones de pago con las que convertirse en el amo de la sala: el todavía en uso por muchos jugadores Apalabrados, un juego tipo Scrabble, hizo que algunos desarrolladores se frotasen las manos lanzando apps que generaban todas las opciones disponibles con las letras que se le indicaban, y los jugadores que las utilizaban conseguían colocar palabras que daban muchos más puntos que otros jugadores que sólo tenían su rapidez y su cultura general.

Cabe mencionar que los gamers más ávidos aprenden a generar anomalías en algunos juegos para hacerlos fallar cuando saben que el creador repartirá a todos los jugadores recompensas debido al mal funcionamiento del juego. Deben tener cuidado porque hay desarrolladores que están aprendiendo a detectar a estos usuarios, expulsándolos definitivamente del juego, una medida que por el momento no se considera muy grave, pero que podría en algún momento convertirse en una demanda o en el emprendimiento de medidas legales.

Vianey Alejandra Paulino Cuxin es editora web egresada de la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID). Se incorporó a la División de Medios de Grupo Megamedia en marzo de 2015.