El urbanista Greg Lindsay en la ponencia “Autonomous Everything”
El urbanista Greg Lindsay en la ponencia “Autonomous Everything”

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha aparecido como una herramienta utilizada para facilitar procesos en diferentes áreas. La arquitectura no es la excepción, pues ofrece oportunidades para mejorar el urbanismo —como pronósticos climáticos o análisis urbanos—, al mismo tiempo que plantea riesgos ambientales, energéticos y éticos.

Así lo expuso el urbanista Greg Lindsay en la conferencia “Autonomous Everything”, en el marco del Congreso Internacional de Arquitectura 2025 “Vertientes”, que finaliza hoy.

La primera de las tres conferencias magistrales del programa, anteayer, estuvo a cargo del investigador y asesor en el futuro de las ciudades, tecnología y trabajo, con afiliaciones a instituciones como el MIT, Cornell Tech y Atlantic Council.

Durante su intervención, Lindsay explicó que en otro tiempo eran los arquitectos y urbanistas quienes moldeaban el entorno construido, pero hoy ese papel ha pasado a manos de las grandes empresas tecnológicas.

Esto, anticipó, sería el eje de su conferencia, “el poder, quién hace el mundo”, y subrayó que la cuestión ya no es solo tecnológica, sino también ética y social.

El ponente se presentó a sí mismo como “futurista” y aclaró que quienes se dedican a este campo no buscan adivinar el porvenir, sino imaginar las posibilidades.

“Los futuristas casi siempre se equivocan y eso es intencional. Nuestro trabajo no es predecir el futuro, sino ayudar a las personas a imaginar los posibles”, manifestó Lindsay.

Recordó cómo a mediados del siglo XX visiones como la de “Futurama” —exposición presentada por General Motors— terminaron influyendo directamente en la forma en que se construyeron las ciudades modernas, con autopistas, suburbios y sistemas de transporte pensados para el automóvil. Agregó que algo parecido ocurre con empresas como Tesla, Meta y Apple, que diseñan entornos más enfocados en las máquinas que en las personas.

“Vivimos en un mundo cada vez más diseñado para las máquinas, y no para las personas”, advirtió.

La inteligencia artificial ya está transformando la manera en que se crean las ciudades. Como ejemplo, Lindsay dijo que en Hong Kong la herramienta se emplea para predecir tormentas con gran precisión; en Nueva York, para mapear los árboles y analizar desigualdades en la cobertura vegetal. También se han desarrollado algoritmos que permiten diseñar rutas peatonales más “frescas” en lugares calurosos como Dubái.

Pero alertó que hay un costo ambiental y energético por sostener esa infraestructura digital. Según indicó, cálculos recientes sugieren que la energía necesaria para mantener los sistemas de inteligencia artificial podría superar la que se consume en ciudades completas, por ejemplo Houston.

¿Para la IA o el hombre?

“Estamos construyendo un entorno para la inteligencia artificial, no para los seres humanos”, subrayó.

Ante ese panorama, señaló que la arquitectura, la ingeniería y la construcción deben redefinir su papel antes de quedar relegadas y planteó que el reto más importante no es técnico, sino humano. “La pregunta clave es ¿en qué usamos la inteligencia artificial para ampliar la creatividad humana, y en qué la estamos dejando reemplazarnos?”.

“Cada forma de inteligencia y conocimiento que no puede ser plasmado en un puñado de idiomas, que no puede ser absorbido por estos modelos será descartado”, lo que deja fuera al conocimiento de los trabajadores o al saber indígena.

Los sistemas de IA están reproduciendo errores de sus propios datos, dijo.

“Los modelos de inteligencia artificial son buenos para generar cosas que se parecen a la verdad, pero no necesariamente son verdad”, explicó el conferenciante, que alertó del riesgo de confiar en información sin contexto. Grandes compañías como Meta, Google y Nvidia están utilizando estas herramientas para mapear el mundo físico y el comportamiento humano con un alto nivel de detalle.

“Estamos creando una nueva infraestructura global, pero debemos preguntarnos: ¿quién la controla y para qué fines?”. En ese sentido, señaló que la inteligencia artificial ya no solo asiste, sino que también toma decisiones autónomas a través de los llamados agentes, que crean sus propias estructuras o empresas digitales.

Finalmente, el ponente reflexionó sobre el papel del arquitecto ante este panorama, no solamente como un diseñador de espacios, sino también como mediador entre la tecnología y la experiencia humana.

“El desafío no es dominar la inteligencia artificial, sino asegurarnos de que nos sirva y no al revés”, concluyó.— Karla Acosta Castillo

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