Juguetes tradicionales de madera que ofrece un comerciante en la entrada de la iglesia de Valladolid

Comerciantes en un templo

VALLADOLID.— Desde hace mucho tiempo que el atrio del templo de San Servacio, sobre todo el principal acceso, se ha convertido en un mercado ambulante, con la presencia de un gran número de vendedores que acuden todos los días a ofrecer diversos productos, desde artesanías hasta juguetes tradicionales como trompos, valeros, pirinola, tirahules, incluso hasta paletas.

De acuerdo con lo observado, los vendedores ya se sienten dueños de sus propios espacios, ya que se molestan si alguien se sienta en el sitio que ellos ocupan, pues prácticamente los quitan enojados.

En el lugar se puede ver a artesanas que llegan de algunas comisarías y poblaciones cercanas a ofrecer pequeñas prendas bordadas, como adornos o blusas, entre otras cosas. Incluso limosneros se posicionan en sitios estratégicos en las puertas del templo para pedir su “caridad”.

Juan Correa Novelo, colaborador de la parroquia indicó que la situación se observa desde hace mucho tiempo sin que las autoridades hagan algo al respecto a pesar de que “dan mala imagen de la ciudad” ante el turismo que llega, sobre todo extranjeros que entran al templo a conocer el lugar y a la entrada y salida de éstos les ofrecen sus productos.

Correa Novelo, recordó que en una ocasión el párroco, Armín Rivero Castillo le llamó la atención a Enrique Arias, quien se dedica a vender trompos, baleros, pirinolas y resorteras elaborados de madera, pero éste insulto al padre, por lo que ya no se le dijo nada para no causar problemas.

Recordó que en la pasada administración de Alpha Tavera Escalante cuando la actual presidenta de Coparmex fue directora Municipal de Turismo, tomó cartas en el asunto y los trató de sacar del lugar, pero luego regresaron y hasta el momento no se ha hecho nada. Comentó que quien debe tomar las acciones correspondientes es la Dirección de Turismo.

Dijo que ya se les ha informado sobre el asunto, pero hasta el momento no se ha tomado cartas, de tal modo que persiste el problema. Insistió en que dan mala imagen ante el turismo.

Se trató de contactar al padre Armín Rivero Castillo, pero en la Casa Cural se informó que estaba en un evento en la ciudad de Mérida. Del mismo modo se le hicieron cuatro llamadas al director de Turismo Miguel Nahuat, pero no contestó.

Por cierto, según se observó, los vendedores ambulantes hostigan a los visitantes para ofrecerles sus productos, mientras que el limosnero en su silla de ruedas va pidiendo su caridad a los que llegan al templo.— Juan Antonio Osorio

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