Feligreses de Chicxulub Pueblo festejaron con pastel al padre Miguel Pech

La pandemia es la prueba más difícil para los sacerdotes

PROGRESO.— El cuasipárroco de la Asunción Poderosa de Chicxulub Puerto, Miguel Ángel Pech Alonzo, celebró una misa de acción de gracias por el aniversario 13 de su ordenación sacerdotal, anteanoche jueves a las 7 en la iglesia de Santiago Apóstol, en Chicxulub Pueblo.

Originario de Motul e hijo de los esposos Carlos Pech y Adelina Alonzo, el padre fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 2008 por el entonces arzobispo de Yucatán, Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, quien tenía la tradición de ordenar sacerdotes cada 4 de noviembre.

Con el padre Pech Alonzo fueron ordenados sacerdotes Pablo de la Cruz Chan Che, oriundo de Mocochá, y Rolando Castillo Tun, de Cansahcab.

Para celebrar el aniversario 13 de su ordenación sacerdotal, el padre Pech Alonzo ofició dos misas anteayer jueves.

A las 8 de la mañana ofició una Eucaristía en su natal Motul. Asistieron sus papás, familiares y amigos.

A las 7 de la noche celebró una misa en la iglesia de Chicxulub Pueblo, que es atendida —igual que la iglesia de San Bernabé en Ixil— por la cuasiparroquia de Chicxulub Puerto, donde él lleva cuatro años y medio.

En Chicxulub Pueblo, el sacerdote dijo que “cuando celebraba la misa en la iglesia de Motul comencé a observar la pila bautismal donde me bautizaron y nací como cristiano para servir a Dios. Vi el presbiterio donde hice mi Primera Comunión y mi Confirmación, donde recibí los siete dones del Espíritu Santo.

“En los monaguillos me vi a mí mismo cuando fui monaguillo y recuerdo que comentaba con mis compañeros ‘¿Será que algún día pueda hacer lo que hace el padre?’. Por mi mente vino el seminario, que no es un internado ni una cárcel, sino que es la universidad de Jesús, donde se forman los sacerdotes, por quienes debemos orar y rezar para que más jóvenes ingresen para ser pastores de la iglesia y seguir Jesús que es el pastor por excelencia, el Maestro modelo”, abundó.

“El corazón de un sacerdote está lleno de experiencias que vive en las comunidades donde ejerce su ministerio, y la presencia de Dios reafirma al sacerdote que no deja de ser hijo, hermano y amigo.

“Doy gracias a Dios por el regalo del sacerdocio. En los 13 años de ministerio sacerdotal he vivido muchas experiencias hermosas, y también el reto más grande en esta pandemia del Covid, que por el virus no se puede visitar a los enfermos y reconfortarlos, y celebrar las exequias; es la prueba más difícil para los sacerdotes”, expresó el presbítero.

Tras la misa, los fieles le hicieron un convivio al sacerdote.— g.t.v.

 

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