La concurrida procesión de feligreses en el día de San Francisco de Asís sale de la parroquia de Hunucmá
La concurrida procesión de feligreses en el día de San Francisco de Asís sale de la parroquia de Hunucmá

HUNUCMÁ.— Los festejos del día de San Francisco de Asís se iniciaron anteayer con una misa a las 8 de la mañana en la parroquia del centro de esta ciudad.

Las celebraciones continuaron a las 5:30 de la tarde, cuando a la parroquia San Francisco de Asís llegaron las imágenes de San Bernardino de Siena, procedente de la iglesia de Tetiz; de San José, de la capilla de Sisal; de San Isidro Labrador y San Bartolomé, de la capilla de Texán Palomeque; de San Miguel Arcángel, de la capilla de Nohuayún; de San Antonio de Padua, de la capilla de San Antonio Chel, y de San Rafael Arcángel, de la capilla de Huncanab.

Todas las imágenes llegaron con sus cargadores y custodios en camionetas.

Fueron bajadas y llevadas al altar mayor, donde el párroco Cristian Uicab Tzab las recibió junto con los fieles.

A las 6 p.m. vecinos y peregrinos rezaron un rosario. A las 7 de la noche el párroco celebró la misa solemne de la fiesta de San Francisco.

En la misa, el sacerdote dijo que estos momentos son una gran oportunidad para mirar y poner nuestros anhelos y objetivos parroquiales bajo la mirada e intercesión de nuestro patrono, San Francisco de Asís.

Adentrémonos en este curso pastoral con la confianza de que el Espíritu Santo nos iluminará para discernir cuáles serán los caminos más adecuados para nuestra comunidad, y vivirlos con humildad, docilidad y confianza, añadió.

“Sin duda es necesario vivir una constante conversión personal y pastoral; no pretendamos tener nuevos y diferente resultados haciendo lo mismo.

“Cada comunidad (Hunucmá, Tetiz, Sisal, Texán, Nohuayún, Huncanab y Chel) con sus diferentes grupos y servicios debe reafirmar su afán por construir el reino de Dios, que es nuestra misión permanente”, expresó.

Pidió a los presentes que dejen el individualismo personal y grupal, así como el comunitario, que suele ser un fuerte obstáculo para la consecución de nuestros objetivos y metas; que las diferencias sean riquezas en dones, no obstáculos y piedras en el camino para nuestras comunidades.

“Estamos llamados a dar testimonio de unidad, colaboración y fraternidad, para ser creíbles y, así, entusiasmar a los demás con nuestra vida y testimonio.

“Caminemos juntos con Jesús, como dice el lema de nuestro plan diocesano”.

Habló también del año jubilar franciscano, en el que se celebrarán los 800 años del primer pesebre, que fue iniciativa de San Francisco de Asís, y también los 800 años de sus estigmas que Dios le concedió.

“El pesebre nos recuerda la encarnación de Jesucristo, que nos humanice de nuevo y que los estigmas que regaló Dios a San Francisco sean un anhelo para acercarnos más a Jesucristo en su pasión, con los enfermos, con los que sufren, y con los que son más vulnerables.

“Vivamos este nuevo curso con la mística del Pobre de Asís, desde la simplicidad, la bondad y la mansedumbre. Confiemos plenamente en la providencia de Dios.

“Inspirados en la vida y obra de nuestro patrono seamos instrumentos de paz en nuestras comunidades, en nuestras familias y en nuestra sociedad.

“Caminemos juntos: siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, el santo de la pobreza y la paz, el juglar de Dios que llevó en su cuerpo las llagas de Jesús y, para revestirse de Él, se despojó de todo.

“¡Qué difícil es para nosotros, así como para nuestras comunidades y grupos, realizar este despojo interior y exterior! Despojarnos de todo lo que nos impide imitar y amar más a Cristo y al prójimo.

“San Buenaventura cuenta que mientras el Pobre de Asís rezaba, el crucifijo de la capilla de San Damian le dijo: ‘Francisco, repara y reconstruye mi iglesia’.

“La iglesia tiene siempre necesidad de purificación, de ser ‘reparada’, porque todos nosotros somos frágiles y pecadores, hay que repararla muchas veces por la falta de comunión y caridad.

“También hay que reparar y reconstruir a nuestras familias, heridas, dañadas y rotas por tantas situaciones egoístas y adversas.

“San Francisco nos enseña siempre a volver a la fuente, que es Jesús.

“San Francisco de Asís en su tiempo vivió grandes luchas y divisiones entre el poder temporal y el religioso, entre la Iglesia misma, entre cristianos y otros creyentes: pero él no criticó ni atacó a ninguno, sólo abrazó las armas del Evangelio, es decir, la humildad y la unidad, la oración y la caridad. ¡Hagamos lo mismo también nosotros!

“Hay que tener humildad y unidad, oración y caridad.

“Es decir actuemos ante todo con humildad, busquemos siempre la unidad, oremos sin cesar y vivamos con profundidad la caridad.

“Que San Francisco, el hombre de la humildad y la paz, nos haga vivir su mística en todo.

“Donde hay amor y sabiduría, allí no hay temor ni ignorancia; donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni turbación; donde hay pobreza con alegría, allí no hay ambición ni avaricia; donde hay quietud y meditación, allí no hay preocupación ni disipación; donde está el temor de Dios guardando la casa, allí el enemigo no puede encontrar la puerta de entrada; donde hay misericordia y discreción, allí no hay soberbia ni dureza.

“Seamos en todo un Evangelio viviente y si es necesario hablemos, y en todo y en donde estemos, seamos siempre instrumentos de paz”, concluyó.

Tras la misa, los fieles hicieron la procesión solemne con las imágenes veneradas en calles del centro de la ciudad, encabezados por el párroco, el vicario Juan Carlos San Agustín y el diácono permanente Lorenzo Solís.

Con cantos, fuegos artificiales y el repique de campanas, las imágenes fueron veneradas.

Al retornar a la iglesia, el sacerdote agradeció la participación y el apoyo de los católicos de las comunidades. Al final dio la bendición a todos.— María Inés Castilla Quintal

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