TIZIMÍN.— Además de la modernización de esta ciudad, el uso de los teléfonos celulares y las redes sociales contribuyeron a acelerar los cambios en la feria tradicional en honor de los Tres Santos Reyes.

El historiador tizimileño Luis Pérez Salazar recordó que la fiesta era motivo de reuniones y largas pláticas en el parque principal, donde además se concretaban las relaciones amistosas que muchas veces terminaron en matrimonio.

Los jóvenes acostumbraban caminar en los alrededores del parque principal: los hombres hacia un lado, cual manecilla de reloj, y las mujeres, en sentido opuesto, recordó el historiador.

La intención, destacó, era encontrase de frente y que alguno de los dos se atreviera a saludar e intercambiar unas palabras.

Después se convertía en una amistad con desenlace, algunas veces, duradera.

Esa costumbre se quedó los fines de semana durante unos años más, sobre todo los domingos después de la misa de la noche. Pero desapareció con el uso de aplicaciones digitales como Whatsapp y Facebook.

Ese es uno de los tantos recuerdos que conserva el tizimileño de la feria de antaño, que se caracterizaba por la hospitalidad y la confianza hacia los visitantes.

Aunque ni los conocían, muchas familias ofrecían hospedaje a la gente que llegaba en el tren y no tenía los recursos para retornar a su ciudad de origen o para rentar un cuarto de hotel, que no abundaban como ahora, después de su visita a los Reyes de Oriente.

“Nunca supe que alguien se muera de alguna enfermedad ocasionada por la carencia de sanitarios.

“Los únicos baños que existían eran los del Palacio Municipal y ahí acudían todos. En ocasiones improvisaban espacios para bañarse, no me creas, pero dicen que las pailas que utilizaban para bañarse, en esas donde preparaban la comida que vendían, pero nadie se murió por eso”, comentó.

En cuanto a los gremios, eran una verdadera tradición. Se creían que saludaban a los fiesteros a su paso entre los puestos, porque se inclinaban, pero no para saludar, sino para que las bases donde colgaban los estandartes no se atoren en las sogas que utilizaban para sujetar los puestos y las telas que los cubrían, dijo.

Al llegar a la iglesia se saludaba al gremio que salía. “Se esperaban enfilados en los costados; mientras se dirigían al altar, golpeaban las maderas en señala de saludo”, recordó.

Los carruseles de “Atracciones Ordóñez”, indicó Pérez Salazar, funcionaban con un motor movido con gasolina. Eran empujados por dos o tres personas y, debido a la abundante grasa que se les ponía para lubricar el soporte principal, daba varias vueltas hasta que se detenía, lo que significaba que ya había acabado el tiempo que pagó el niño.

En los alrededores del parque se instalaban decenas de puestos de diversos artículos, donde las familias paseaban. Toda la calle ubicada entre la iglesia y el exconvento hasta el parque Juárez, se llenaba de puestos de ropa, calzado, casetes, cinturones, comida, dulces y una gran variedad de productos.

Antigua sede

El coso se construía en el parque Benito Juárez, donde los palqueros permitían a los fiesteros colgar sus hamacas en ese espacio después de las corridas de toros.

Los vaqueros traían a los toros a caballo, con un solo lazo en los cuernos, y dos o tres equinos detrás para arrearlo. Después de ser sacrificados en el ruedo, sacaban arrastrados a los animales y los llevaban a un terreno ubicado en la calle 49, donde actualmente hay comercios. Ahí los despellejaban y sacaban la carne para su venta esos días de feria.

Eran pocas las familias que no cenaban un caldo de chocolomo. Con el tiempo, la fiesta tradicional cambió, al menos las actividades profanas, ya que en la actualidad los fines comerciales están por encima de cualquier otro interés, lamento el historiador.— Isauro Chi Díaz

Festejo Cambios

El historiador Luis Pérez Salazar recordó cómo era el festejo de los Santos Reyes.

Reuniones juveniles

El parque principal era sede de largas charlas de jóvenes. Pero esta costumbre desapareció con el uso de la tecnología.

Hospitalarios

Las familias de Tizimín hospedaban a los visitantes que llegaban en tren y no tenían cómo retornar a su ciudad de origen.

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