(Artículo publicado el 18 de julio de 2001)

Cuando la estrenaron en Mérida, dos veces fui a ver “Si yo fuera diputado”, porque era, soy, un aficionado a las películas de Cantinflas, no porque quisiera o quiera ser diputado, ¡Dios me libre! Mucho tiempo tuve la impresión, la tengo todavía, de que un diputado es alguien capaz de hacer cualquier cosa, casi siempre una cosa que yo no sería capaz de hacer, como quitarle a Lízbet Medina su curul por el Décimo Distrito.

En buen lío están metidos los diputados panistas que hoy -me refiero a hoy martes- van a anunciar en Tizimín si acatan la voluntad del pueblo que eligió a Lízbet o la van a sacar del Congreso para darle gusto al Trife y salvar a la República.

No creo que sea necesario contar todo otra vez para demostrar que los fallos del Trife en el Décimo Distrito andan muy cerca de la atrocidad sino es que ya la rebasaron. Alguien me dijo que son fallos insólitos. No, no, hijo. Insólito es algo poco frecuente, fuera de lo habitual. A las resoluciones del Trife les queda mejor otro adjetivo: inaudito.

Inaudito es lo que nunca se había visto, especialmente por su carácter escandaloso. Desde el principio hasta el fin, eso ha sido y es la forma en que le quieren quitar a Lízbet el cargo que le dio el pueblo. El Trife no es el autor de la idea, pero ya se sabe que tanto peca el que mata a la vaca como el que le ata la pata.

La sentencia que firma el Trife es un democraticidio, un voticidio. Un pueblo. Quienes cumplan la sentencia del Trife, de buena o de mala gana, serán los verdugos, por muy panistas que sean. El que mató a María Antonieta no quería matarla, pero la decapitó. El pueblo ha muerto. ¡Viva la ley! ¿Tendremos que apechugar con un Congreso de doce diputados voticidas, doce diputados verdugos y un diputado inaudito? Entre el desacato al Trife, aconsejado por la conciencia, y el acatamiento, metido con calzador, o con bitoque, debe haber un punto medio. Ni sí ni no.

Eso haría yo si fuera diputado. Haría lo que hizo Balduino, rey de Bélgica, buen católico, cuando el Parlamento le ordenó que firmara la ley del aborto. El monarca renunció. Su conciencia valía más que el trono.

Yo no sería el verdugo de Lízbet. No cambio mi conciencia por un curul. Ni acato ni desacato al Trife. Yo voy. Renuncio, pase lo que pase. ¿Qué más puede pasar? Puede pasar que los diputados verdugos, pensando como pienso yo, se arrepientan a tiempo, tiren el hacha y también renuncien. Se quedarían solos los 11 diputados del PRI, sin más compañía que el diputado del Trife, el insólito, no, el inaudito.

Según la ley, se necesita 13 (la mitad más uno) para que funcione la Legislatura. ¡Desaparece el Congreso! Si desaparece el Congreso, los yucatecos nos sacamos la lotería sin comprar billetes. Tendrían que convocar a nuevas elecciones de diputados. No creo que el PRI gane uno.

Si tenemos más suerte, a lo mejor desaparecerán los otros dos Poderes.

Ese sería el premio mayor. No quedaría un solo juez. ¡Eureka! Es la mejor reparación que le podemos hacer a la justicia por todas las ofensas que hemos permitido que le haga este Poder Judicial que Cervera Pacheco nos quiere dejar como última, inconmovible, inamovible venganza.

El campanazo se oirá en toda la nación. Un estado sin gobernador, sin diputados, sin jueces. ¿Cuándo se había visto? Un suceso inédito, desde Iturbide hasta Fox. Yo no soy anarquista, ¡Dios me libre!, pero si algo de esto hubiera pasado antes no estaríamos donde estemos ahora.

La Federación, que es bastante responsable de todo esto, buscará la manera de componer las cosas que ella misma descompuso. Ya encontrara la forma de que Patricio Patrón tome posesión. Yucateco, no hay camino, hacemos camino al andar.

Hasta aquí llega esta meditación que hago en voz alta. No tiene pretensiones de sugerencia, exhortación o excitativa. No aspira a convencer a nadie. Es una charla conmigo mismo. Para mí es fácil decir lo que he dicho porque soy un simple espectador. Estoy en los tendidos, no en la arena. No tengo al toro a mi lado.

Si yo fuera diputado… ¡Qué bueno que no lo soy! Me da miedo pensar en lo que sería capaz de hacer. ¡Jesús! – ERA- Mérida, Yucatán, julio de 2001.

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