(Primera Columna publicada el 25 de mayo de 2001)
Mientras la mañana del jueves resplandecía en la Plaza Grande, don César Pompeyo y el reportero, instalados en la banca de siempre, continuaron su cambio de impresiones sobre los puntos finales de la contienda por la gobernatura.-Usted, don César, que vio en el mitin que el PRI hizo aquí, el martes, una manifestación del poder de Víctor Cervera Pacheco, ¿cómo interpreta el cierre de la campaña de la oposición el miércoles, con una concurrencia mayor? -El martes, reportero, vimos el poder del gobernador. El miércoles presenciamos el poder del pueblo. Son distintos. En la superficie, uno es un poder que trae, mientras que el otro es un poder que atrae. En el fondo, son también diferentes: uno manda, el otro demanda. Te lo dije ayer: Víctor y los yucatecos son los dos actores estelares del 27 de mayo.
-¿Presiente usted una confrontación de poderes en las elecciones del domingo? -Son poderes distintos -aclaró don César-, pero no se oponen. Son complementarios. El domingo van a reunirse, no a enfrentarse. Yo veo en las elecciones una cita: no un choque. El poder del pueblo sale a manifestarse. El poder del gobernador da las garantías para que se manifieste.
-¿En qué país vive usted, don César? -En un nuevo país, reportero. Te pongo a la Plaza Grande como testigo. El martes por la tarde estaba vestida de propaganda del PRI. El miércoles por la noche estaba llena de propaganda de la oposición aliada: PAN, PRD, PT, PVEM… Hoy la Plaza está vacía, desnuda de propaganda. Vinieron y se fueron, aparecieron y desaparecieron, se quitaron y se pusieron. La Plaza se ha vestido, desvestido y vuelto a vestir en orden, en santa paz. Esto no hubiera pasado en el viejo país.
-¿Ve usted en la Plaza Grande, don César, el símbolo de la convivencia, de la convivencia a la francesa que va a sustituir a la colisión como “modus vivendi” de la política yucateca? -Claro. Los testigos son muchos: no sólo la Plaza Grande. Están por toda la ciudad. Estoy hablando otra vez de la propaganda política. Los ves juntos por todas partes. Uno al lado de otro. Encima o debajo.
Delante o detrás. Patrón, Paredes, Esma. Ana Rosa, Pacheco… La propaganda política no es un “desastre” como dijo algún candidato. Es también un símbolo del nuevo país: diferentes, pero juntos. Símbolo también de la unión que buscamos sin éxito por las calles ciegas del viejo país.
-¿Qué vende usted, don César? ¿Optimismo? ¿Ilusiones? -Ni vendo ni compro. Te muestro la realidad. ¿Qué ves en este mar de propaganda de todos los colores que inunda Mérida? ¿Un atentado contra el ornato? ¿Un despilfarro tan costoso como inútil? Deja, deja que yo mismo te responda. Lo que vemos no es sólo un afán de competencia o lucimiento. Esos carteles, mantas, retratos, logotipos y lemas que nos salen al paso aquí y allá son el espejo de un interés consciente, creciente. El interés que los candidatos y sus partidos tienen en ti, en mí, en nosotros. Nos buscan por todas partes. Nos llaman, nos sonríen, nos ofrecen, nos piden… Saben que ahora decidimos nosotros. Saben que tu voto…
-¿Qué es mi voto, don César? Si yo le digo que mi voto es una golondrina que no hace verano…
-Te diría que tu voto es el centavo del peso: con 99 no llegas a 100.
Te diría que tu voto es la gota que horada la piedra. La gota que puede hacer que se desborde el vaso. Es el golpe que falta para derribar el muro. Las elecciones del domingo son la frontera entre el viejo y el nuevo país. Tu voto es el pasaporte de Yucatán. ¡Buen viaje!
