(Artículo publicado el 27 de febrero de 2000)
La semana que terminó ayer puso de manifiesto la extensión de la fractura que ha separado al Comité Municipal del PAN en Mérida del cuerpo doctrinario de su partido y la ética esencial de su actividad política.
Estamos ante un asunto que se reviste de interés público porque en la segunda mitad del siglo, particularmente en la década de los noventas, el pueblo meridano ha confiado al PAN, por la vía electoral, la misión de dar con su Ayuntamiento un ejemplo del gobierno honrado y decente que es la primera aspiración de Yucatán.
Presidente en los últimos cuatro años del Comité Municipal -desde el 11 de febrero de 1996-, Miguel Gutiérrez Machado es por lógica la cabeza visible de la contaminación que está infiltrando en su partido las viciadas prácticas importadas del sistema político que el PAN nació para combatir.
Gutiérrez Machado ha perdido en los últimos días por lo menos cuatro oportunidades propicias a la corrección del rumbo extraviado:1) La tormentosa asamblea en que la mayoría de la concurrencia, identificada con el Comité Municipal, se pronunció a favor de la compra del voto como medio de llegar al poder, en orquestada protesta contra la decisión del Comité Estatal que vetó la precandidatura de un diputado que había regalado despensas para conseguir apoyo político.
Gutiérrez Machado, director de la asamblea, no intervino para orientar hacia la cordura y la ortodoxia la descarriada protesta contra el Comité Estatal.
2) Su respuesta del 19 de febrero a la nota sobre la tormentosa asamblea publicada por este periódico el día anterior. Lejos de repudiar la procuración ilícita del apoyo político, Gutiérrez Machado califica nuestra información de inexacta, parcial, ofensiva, y la considera “un atentado contra los principios ideológicos de nuestra institución”.
3) Nuestro editorial del domingo 20 de febrero. En este mismo lugar ofrecimos a Gutiérrez Machado nuestras columnas para que sustentara con cargos concretos las acusaciones que hizo a nuestra nota sobra la asamblea, a fin de que este periódico haga, si proceden, las rectificaciones que exijan la verdad y la imparcialidad. El presidente del Comité Municipal ha guardado silencio.
4) La ceremonia de colocación de un busto del ex alcalde Víctor Manuel Correa Rachó en una sala del Comité Municipal, anteayer, en presencia de su viuda, doña Sara Mena Peniche. En el discurso alusivo, pronunciado por él, Gutiérrez Machado perdió nueva oportunidad de enderezar el desvío que afloró en la tormentosa asamblea.
Llama la atención que se haya encargado a un dirigente en semejante entredicho, sin acto previo de contrición y propósito de enmienda, el discurso de homenaje a un patricio del PAN que dedicó su carrera política a luchar contra los vicios electorales que hoy se practican, aplauden o alientan en el Comité Municipal meridano.
El discurso tiene el cariz de un desafío que no se puede concebir sin el apoyo de un sector importante de la rectoría del PAN yucateco. Un reto a los dirigentes y militantes que han expresado en estos días su repudio a las desviaciones y su adhesión a los principios y comportamientos que abanderan la trayectoria del PAN en sus 60 años de vida.
Estos gérmenes de cisma, desorientación y corrupción que invaden el torrente circulatorio del panismo deben ser motivo de inquietud para los yucatecos que han cifrado en el ejemplo de las autoridades meridanas emanadas del PAN la esperanza de que prosperen la decencia política y la rectitud administrativa en la tarea de gobernar a Yucatán y sus municipios.
El porvenir electoral del PAN en el Estado, en tiempos decisivos para el país, se enfrenta al riesgo de esta tendencia extraviada que parece buscar el poder sin importarle los medios y puede privar al partido del voto ciudadano que elige candidatos que en el dicho y en el hecho demuestran su compromiso con el bien común.
Las oportunidades de rectificación que ha perdido el Comité Municipal panista meridano pueden desembocar en una pérdida mayor que no sólo afectaría al partido sino también a nuestra peregrinación hacia la democracia, tan lenta, prolongada y penosa a causa de un sistema político que se nutre con la dádiva y la amenaza que explotan la pobreza, la ignorancia y el miedo que ha sembrado en la población con el propósito de retener el poder.
