(Artículo publicado el 10 de septiembre de 2005)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Según se deduce de las crónicas de los periódicos de la ciudad de México, el caso Medina Abraham tuvo un desenlace más propio de un hipódromo que de un tribunal. El triunfo se decidió por una nariz.

Un final de fotografía en que la fuerza de negociación y convencimiento de los vencedores revirtió al cuarto para las doce una derrota cantada y se alzó con una victoria que marca un hito judicial en México al abrir a sus tribunales un horizonte insospecchado y otorgar a los facultades jueces hasta ahora imprevisibles.

Es un secreto a voces que al cuarto para las doce le torcieron el brazo al magistrado que de la noche a la mañana dio marcha atrás y en un triple salto se pasó al otro lado. Esta acrobacia jurídica, más cercana al circo que al foro, es un índice del poderío que los vencedores han acumulado en los puentes de mando.

Es también una prueba favorable al enfoque del fallo de la Suprema Corte que propuse en mi artículo precedente. El enfoque de que se dan cita puntual en los vencedores del caso Medina Abraham las condiciones y los requisitos para establecer en Yucatán una Dinastía que ponga como próximo gobernador a quien ella quiera con el expediente de hacer suyos primero a todos los candidatos.

La prensa capitalina atribuyó a Dulce María Sauri Riancho de Sierra la intervención que a última hora inclinó el campo de la balanza y cambió el curso de la historia. Es inequívoca esta evidencia que se asocia de nuevo con los vencedores a la senadora que aspira a regresar a Palacio.

No están en duda los sentimientos de cariño, gratitud y lealtad que unen a Xavier Abreu con los dueños del triunfo. Si alguna duda hubo quedado desvanecida durante la llamada crisis de los borregos. En la primera silla del Estado sería su servidor afectuoso y seguro.

También está a la vista el puesto de ventanilla que corresponde a Eric Rubio en el carro de los vencedores. Como secretario de gobierno de Víctor Cervera tuvo injerencia determinante en los vericuetos del juicio. A su tutor, Emilio Gamboa Patrón, se le asigna un puesto de cabecera en la red que organizó el trabajo invisible pero insustituible de abrir los caminos y quitar las piedras. Oh rocas.

Las declaraciones públicas de Carlos Sobrino lo ubicaron desde siempre en las mismas filas. Nunca se ha podido decir ni de él ni de ningún otro capitoste del PRI que alguna vez haya dicho o hecho algo por Armando Medina. Al revés. Este partido ha funcionado como una dependencia de los vencedores. No veo motivos para pensar en un cambio.

Tampoco cabe esperar que Luis Correa, si votamos por él, le niegue a los vencedores el buen servicio que le puedan pedir. Hay de por medio parentescos que pesan y, si son ciertas las versiones que corren, relaciones importantes en los negocios.

De palabra y de hecho, Ana Rosa Payán Cervera y su comitiva ya marcaron su raya en público para colocar a otro sector influyente del panismo yucateco entre los activos que enriquecen el inventario político de los vencedores.

El PRD local es una veleta. Se sabe, se ve qué viento la mueve. El mismo viento que ha soplado y sigue soplando a favor de los vencedores del caso Medina Abraham en las cúpulas nacionales de los tres grandes partidos del país. Si algo pueden decidir sus dirigentes en la cuestión de las elecciones yucatecas puede usted apostar sin riesgo a perder, o muy poco, que pondrán su grano de arena para el pedestal de la Dinastía.

Estamos, me permito recordarlo, en un enfoque de la influencia que puede tener en Yucatán el fallo de la Suprema Corte. Puede haber otros.- Mérida, Yucatán, 9 de septiembre de 2005

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