(Artículo publicado el 4 de noviembre de 2006)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Poco se ha dicho de un viaje anunciado que Felipe Calderón no hizo a Mérida. No vino a la reunión nacional de los empresarios que militan en la Coparmex.

Nos enteramos de que no vendría el mismo día en que no llegó. Su nombre estaba en el programa. El discurso que no pronunció era el principal del acto.

Ha trascendido que se le invitó desde que era candidato a la presidencia. Se buscaba que quien ganara las elecciones viniera a la capital yucateca a una asamblea que no fue un evento más del sector privado.

Asumía el mando de Coparmex su nuevo líder nacional. Hubiera sido la ocasión, ésa era la idea, para que los empresarios dijeran al presidente electo, en su primer contacto público oficial, lo que piensan sobre México y lo que esperan del gobierno que empieza el uno de diciembre.

No sabemos si durante alguno de los actos se dio lectura a una carta de don Felipe. Una carta de excusa sobre el viaje que canceló a Yucatán para reunirse esos mismos días con el primer ministro de Canadá.

Nos dicen que la invitación canadiense fue muy posterior a la que Calderón recibió para asistir a la junta de Coparmex en Mérida. Nos parece que lo correcto y Cortés era decirles a los canadienses que eligieran otra fecha, porque el compromiso yucateco era anterior. La caridad comienza en casa.

Los empresarios no se quejaron. Sin chistar se comieron las calabazas que les dio el presidente electo. Calabazas que dejaron un mal gusto a deseo, una palabra que se desempeña un cuarto para las doce.

Lo mismo se puede decir de los coordinadores de los partidos políticos en el Congreso que también faltaron a la cita con la Coparmex en Mérida. Sobre todo de Emilio Gamboa Patrón. Su ausencia fue más notoria porque estuvo en Mérida precisamente el día que dejó plantados a los empresarios.

Ojalá que este déficit de seriedad sea transitorio y no una advertencia sobre el gobierno que viene.- Mérida, Yucatán, 3 de noviembre de 2006.

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