(Artículo publicado el 29 de junio de 2006)

Por Eugenio RIVAS ALONSO

Un niño, una colegiala, cualquier persona lo puede comprar. Cinco pesos. El voceador, pregonando su mercancía, cruza la transitada calle de la ciudad de México, como a las 10 de la mañana del nueve de junio, y pone el periódico frente a la ventanilla de nuestro automóvil.

Es un diario sensacionalista. La mitad exacta de los grandes. Como el formato es vertical, la fotografía impresiona. A todo lo alto de la portada vemos a una mujer casi desnuda retratada en los últimos movimientos para quitarse lo mínimo que le queda.

Con megaletras que apuntan a la carne expuesta desde los hombros hasta los muslos, leemos en dos renglones el título principal de la primera plana: “Concurso porno”.

Incrustado en un sofá donde la desvestida tira su ropa vemos el primer subtítulo: “Pelean chilangas y chilangos para ganar un papel estelar en la industria del cine pornográfico norteamericano”.

Junto a las botas que la mujer se quitó está el segundo subtítulo: “Los aspirantes se desnudaron e hicieron pruebas frente a las cámaras”. Más información en las páginas 48 y 49.

Las páginas 48 y 49 muestran las fotos de otros cinco desnudistas de uno y otro sexo. La posición lasciva de una muchacha en destape integral es grotesca. Es uno de los 26 jóvenes mexicanos que han acudido a un edificio del Paseo de la Reforma a competir en la fase final del concurso público “Expo Sexo y Entretenimiento” que comenzó en mayo en la misma ciudad de México. El premio a los ganadores es el derecho remunerado a ejercer la indecencia en las pantallas del mundo. La indecencia sin condiciones ni restricciones. Sin escrúpulos.

La nota describe y consigna los requisitos que aceptan, las pruebas a que se someten, las manipulaciones que hacen y se dejan hacer, los comentarios que dicen en entrevistas con el reportero, los detalles que dan de sus gustos y aspiraciones. Es una lectura reservada antes a ciertas revistas caras que se ponen en el último piso de los anaqueles de las librerías, envueltas en plásticos cerrados para que los menores de edad no las hojeen. Una lectura que en la mañana del nueve de junio está en la calle a disposición de la curiosidad de un niño, de las ansias reprimidas de una colegiala, de cualquier persona con cinco pesos en el bolsillo y urgencias inconfesables en el vientre.

La edición es de 72 páginas. Injertadas en ataques de los políticos, promesas de los candidatos, noticias de policía, chismes de vecindarios y escándalos de la farándula, boberías de la televisión, quejas contra las autoridades, baratas de las tiendas y deportes, mucho deporte -mente sana en cuerpo sano-, hay cinco o seis planas enteras, a colores, con extensa oferta de servicios sexuales que se pueden recibir o contratar por diversos medios a cotizaciones accesibles como tres pesos el minuto más IVA o descuentos interesantes si el pedido o la orden incluyen varias promociones.

El horrible de la publicidad es para la pornografía que se transmite a los teléfonos celulares. Lo que usted apetezca, lo que se le ocurre, la fantasía más extraviada, a su disposición en la intimidad de su pantalla personal. Es la inmoralidad grabable, almacenable, repetible, transferible. La cuenta será discreta: sin palabras, sólo números.

Además, en la sección de anuncios económicos -unas diez páginas-, más de 125 avisos para “Adultos”, la mayoría bajo los rubros secundarios de “personales” o “masajes”. Todos con teléfonos fijos y móviles, correos electrónicos o direcciones urbanas, precios, horarios. Vamos a espulgar o expurgar algunos:”Anita: hija de familia. Hotel o domicilio”… “Alín: alumna de día. Por las tardes…” …”Abigaíl: colegiala, 2 horas $400″… “Antainett: insaciable, servicios especiales… “Abril: ¿te gusta lo prohibido? Equipo completo.”… “Afrodita: colegialas uniformadas. Parejas. Tríos”… “Yeni: niña supercomplacente. Nivel ejecutivo” …”Marion y Patsy: imagínate lo que puedes hacer con nosotras dos” …”Krystel: servicio de colegialas. 24 horas. Solicito chicas, enfermeras, secretarias. Pago diario” (anuncio ilustrado) … Jeny: 18 años. Uno o varios hombres” …”Lindo jovencito para caballeros. Promociones $100″ …”Cynthia: edecana. Tengo amigas. Siempre disponibles” …”Brenda: ejecutiva dispuesta a todo. Independiente (no agencias)” …”Adriana: estudiante atrevida. Todito” …”David: jovencito atlético, interactivo. Exclusivo caballeros” …”Judit: maratón de 2 horas. $1.000. Promociones mañaneras.” …”Leonora: Dama madura, elegante. Com…pruébame” …”Erandi: 19 años. estudiante, iniciándome. Enséñame” …”Roseli: Viuda aburrida. Diviérteme. Cualquier hora”…

Expurgar es limpiar, purificar. Espulgar es más preciso: limpiar de pulgas y piojos. Nos felicitamos si hemos conseguido hacerlo en un diez por ciento, si ningún lector o lectora se siente ofendido por las ofertas transcritas. Sin espulgar o expurgar, los textos completos de estos avisos económicos harían sonrojar a una pupila antigua de un burdel de cuarta. Son un diccionario de perversiones.

¿Quién publica ese periódico con una circulación diaria declarada de 150.000 ejemplares (a la cifra admitida de 4 por ejemplar: 900.000 lectores)? ¿Alguna transnacional escondida detrás de un miembro fantasma? ¿Una casa editorial del género erótico? Lo publica sin ocultarlo una empresa mexicana multimillonaria, dueña y editora de la prensa más poderosa del país, encabezada por dos de los cuatro diarios de mayor circulación e influencia en la sociedad mexicana: lectura obligada en los cuarteles de la política y en las altas esferas del gobierno; puntos de referencia para el enfoque de los asuntos de la república en casi cualquier nivel; en sus secciones editoriales pontifican a los articulistas de moda y los intelectuales definitivos; en sus páginas impares, las más solicitadas por la mercadotecnia, se anuncian a tarifa encumbrada los líderes de la industria y el comercio. Su servicio de noticias es nacional. Su director general editorial, el de producción, el de circulación son los mismos que dirigen el periódico que exalta la pornografía y medra con su difusión. Todos se imprimen en el mismo taller.

El ejemplo contagio a la provincia: en el interior de la república, empresas de la comunicación que navegan con banderas de respetabilidad, que pregonan por un lado los valores cívicos, las virtudes cristianas, por el otro compran rotativas, modernizan talleres y contratan personal para lanzar a la calle ediciones consagradas a la difusión y propaganda del morbo.

Esta interpretación mercantil de la letra evangélica que aconseja que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha, esta cohabitación de criterios discrepantes, esta ofensiva de noticias, gráficas y publicidad dirigida a lucrar con las bajas pasiones y estimularlas, ¿a quiénes está destinada, además del niño y la colegiala? ¿Qué resultados producen? Es un análisis que intentaremos en el próximo artículo.- Mérida, Yucatán, 28 de junio de 2006.

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