(Primera Columna publicada el 31 de agosto de 2008)

Don Vittorio Zerbbera y D’Sacatto lleva la voz cantante al reanudar ayer en la Plaza Grande su cambio de impresiones con César Pompeyo y el reportero sobre los once degollados de Chichí.

—Nos quedamos, César, en qué van a hacer ustedes, los yucatecos, para que Mérida no se consolide como metrópoli internacional del bajo mundo, como centro motriz global del crimen organizado y su brazo derecho, la “Murder, Inc.”

—Me permití, reportero, ciertos reparos a tu título espectacular de ayer: “Matanza en Mérida”. La Universidad de Palermo me ha pedido esta mañana que te haga otra observación: tu título de hoy en la primera plana, “Ajuste de cuentas”, ¿es puro cuento?

—Es lo que cuenta Ivonne, don Vittorio. Nosotros le dimos la importancia debida al rápido diagnóstico que nuestra gobernadora hace de este récord de degollados que hemos inscrito en la historia.

—Nosotros, en Sicilia, insistimos en que este récord constituye, como quiera que lo veas, un desafío al manifiesto conjunto expedido por el presidente y los gobernadores para marcarles el alto a los sicarios. Un desacato a la autoridad máxima, materia en que, según entiendo, ustedes tienen reconocida habilidad. Pero sea atinado o prematuro el dictamen precoz de la señora Ortega Pacheco, de todas maneras ha puesto en un estado permanente de alerta al MMM (Movimiento Mundial contra la Mafia), que tiene su sede en nuestra Universidad.

—La vendetta de Chichí nos hace recordar aquella matanza horrosa de Chicago en tiempos de la depresión, dispuesta por Al Capone para apoderarse del mercado del whisky, el juego y la trata de blancas en Estados Unidos. Estamos sorprendidos: ¡qué magnitud, qué volumen, qué extensión han alcanzado el tráfico y el consumo de drogas en Yucatán que amerita ya este ajuste de cuentas sin precedente en nuestros archivos, esta decapitación masiva con que los carteles avisan al signore Calderón y al carabinieri Saidén que van con todo en la lucha por dominar este filón de oro que es el mercado yucateco de los estupefacientes!

—Que me permitan hacer, en esta charla, un paréntesis. Hasta Palermo ha llegado la versión de que la decapitación de Chichí tiene en Mérida un antecedente en la llamada “Esquina del Degollado”. Un antecedente que revelaría el atavismo de una tendencia morbosa en relación con el pescuezo. ¿Es verdad que esa esquina está muy cerca de tu periódico, reportero? ¿Qué precauciones has tomado?

—Es cierto, don Vittorio: a media cuadra del “Diario” está la “Esquina del Degollado”, en el chaflán de las calles 60 y 69. No lo degollaron por la droga. Fueron otras las causas y no vienen al caso ahora. Allá funcionaba una panadería que se llamaba así: “El degollado”. En cuanto a las precauciones, tenemos cerca a una patrulla. Quisimos saber algo más sobre las seguridades que las clases rectoras ofrecen o demandan, pero sus voceros, los señorones de las instituciones, están jugando guarda guarda con los periodistas para no dar la cara. Hoy publicamos cómo se dieron a la fuga cuando les llegó la hora de agarrar al toro por los cuernos. Como siempre, dottore, hay honrosas excepciones.

—Cerremos el paréntesis, César. Regresemos a la pregunta: ¿qué van a hacer ustedes, los yucatecos, para que no sigan perdiendo la cabeza? Nosotros nos permitiremos enterarles de las conclusiones a que el MMM llegó en estudios y encuestas que ha practicado en ciudades de Europa que son más o menos como Mérida y han padecido o padecen de la circulación continua y copiosa de la cocaína, el éxtasis, el crack, las tachas, la yerba y otros enervantes en los barrios bajos y las colonias popof, los planteles de enseñanza, las discotecas, las fiestas “rave”, las “pres” y las “after”, las despedidas de soltería, los clubes, los gimnasios, los balnearios y los yates, las casas de juego, los antros y otros centros, lugares y eventos europeos donde la gente decente y las otras se reúnen para divertirse y matar el tiempo, escapar del aburrimiento y ocupar los cráteres de las vidas vacías. Como suele suceder, también en Europa hay honorables excepciones. Desde Hamlet sabemos que no todo está podrido en Dinamarca.

La experiencia nos dice que algo se logra si el cavalieri Berlusconi y los gobernantes del Véneto, la Umbria, Calabria y las demás provincias de Italia se concentran en el Quirinal (residencia del presidente de Italia en Roma, algo así como Los Pinos en México) para enviar a la camorra y sus compañeros de viaje un ultimátum con advertencias solemnes. Advertencias definitivas, seguridades categóricas que se renuevan a plazos, según calendarios preestablecidos. Sí, algo se logra con que la jefatura de los carabinieros destaque retenes en las piazzas, en los tramos estratégicos de las autoestradas (carreteras), para ahuyentar o acorralar a los condotieros de la cosa nostra.

—Sí, César, claro que algo se logra si gobernantes y policías se juntan y hacen ruido con la intención de ponerles las peras a cuatro a los ajustadores de cuentas e impartir a una sociedad espantada las garantías de estilo que calmen los nervios y desaten los nudos en la garganta. Pero, caro amico Pompeyo, de poco sirven las medidas y las advertencias, la vigilancia y los retenes, los discursos y las marchas, el espanto transitorio y sus analgésicos si la sociedad no pone el dedo en la llaga.

—La llaga, señores meridanos, no es el mal gobierno, tampoco la policía corrupta: la llaga es el consumo. Hagan lo que hagan el gobierno y su fuerza pública, a mayor compra de droga mayor será también el número de robos, asaltos, levantamientos, secuestros y asesinatos en la pugna por venderla. A la sociedad de ustedes nos permitimos hacerle la misma sugerencia que hacemos en Palermo: recomendamos otro ajuste de cuentas. Un ajuste de cuentas a los consumidores. Por ellos y en nombres de ellos, de cada uno de ellos, el hacha destroncó a los degollados. El que compra droga y la pasa, la fuma, la inhala o se la inyecta es financiero y mano negra de los crímenes que ponen a los yucatecos con los pelos de punta y el Jesús en la boca. ¡Cuándo se había visto esto! ¿Cuándo? ¡Hace rato que se veía venir!

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